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El poder en la sombra: el club de las esposas de los hombres más influyentes de España

Bien sabido es que detrás de todo gran hombre hay siempre una gran mujer. En muchos casos, han constituido el pilar emocional de importantes empresarios y

Bien sabido es que detrás de todo gran hombre hay siempre una gran mujer. En muchos casos, han constituido el pilar emocional de importantes empresarios y políticos patrios, permaneciendo, en muchos casos, a la sombra del poder lejos de los focos mediáticos. La mayoría, sin embargo, ha seguido su propia carrera al margen de sus maridos, triunfando tanto o más que ellos.

Es el caso de la esposa de uno de los hombres más influyentes de España. Paloma O’Shea, esposa del presidente del Banco Santander, Emilio Botín, y hermana de la periodista Covadonga O’Shea y del político Iñaki O’Shea, es una de las pianistas más reconocidas del territorio patrio.
Recientemente nombrada marquesa de O’Shea, estuvo ligada desde su infancia al mundo de la música, pues estudió en el colegio del Sagrado Corazón de Poitiers (Francia) y recibió clases de piano en el conservatorio de Bilbao. Con sólo 16 años actuó en la prestigiosa filarmónica de Bilbao.
Al margen de los evidentes logros de su marido, quien, como ella, sobrepasa los 70 años, Paloma O’Shea ha permanecido al lado de su marido pero sin descuidar su carrera, poniendo en marcha iniciativas como el Concurso Internacional de Piano de Santander, la Fundación Albéniz, el Instituto Internacional de Música de Cámara de Madrid y la Escuela Superior de Música Reina Sofía, entre otras.
El matrimonio tiene seis hijos, de los cuales la más mediática es Ana Patricia, por su papel al frente de la filial británica del Santander. Otra de ellas, Carmen, es la exmujer del golfista Severiano Ballesteros, fallecido hace ahora tres meses.
Menos conocida es la esposa del presidente del otro gran banco español, BBVA. Carmen Ordóñez Cousillas, mujer de Francisco González, pocas veces ha ocupado un lugar relevante en los medios de comunicación. Ese rol se lo deja a su marido, con el que tiene dos hijos, mientras permanece en un discreto segundo plano.
¿Qué sucede en las empresas españolas?
Con todo, los banqueros no son el único colectivo influyente del país, las empresas textiles españolas también cuentan con hombres poderosos que, en algunos casos, necesitaron de la ayuda de sus esposas para convertirse en lo que son hoy: una gran empresa de renombre internacional.  
Tal es el caso de la tercera mujer más rica de España, por detrás de las Koplowitz, y una de las 300 con mayor fortuna del planeta: Rosalía Mera Goyenechea, la exmujer de Amancio Ortega, el propietario del emporio Inditex. Aunque ya separados, Mera tuvo mucho que ver en el patrimonio familiar. Es, quizá, el mayor ejemplo de poder en la sombra, aunque, en su caso, iguala en proactividad y actitud emprendedora a su exmarido, que, como Botín, ronda los 70 años.
Pese a ser aún una gran desconocida en el mundo de los negocios, Mera, nacida en La Coruña fruto del matrimonio entre un trabajador de Fenosa y una ama de casa, posee una fortuna de más de 1.200 millones de euros. Es, además de la segunda accionista de Inditex, consejera de Zeltia.
Con Amancio tuvo dos hijos: Sandra y Marcos Ortega, que en su momento se desvincularon de la empresa familiar, algo que no ha sucedido con Marta Ortega, nacida del segundo matrimonio del empresario con Flora Pérez Marcote, en su día empleada de Inditex.
Mera siempre ha destacado por ser una intelectual liberal, una emprendedora nata a la que le apasionan las tertulias entre amigos, la literatura y el psicoanálisis.
Muy distinta, y mucho menos mediática, es la esposa de otro empresario: el álma mater de El Corte Inglés, Isidoro Álvarez, que, como los anteriores, ronda los 70 años.
María José Guil, su actual mujer, siempre ha destacado por su perfil bajo, pese a ser la madre de la potencial heredera de la empresa, Marta del Rey, fruto de una relación anterior de Guil, aunque Isidoro desde un principio la consideró como propia. Precisamente esta hija podría convertirse en un futuro no muy lejano en una de las mujeres más influyentes del país, pues está casada con Juan Claudio Abelló Gamazo, heredero de la undécima fortuna del país, actualmente propiedad de sus progenitores, Juan Abelló y Anna Gamazo Hohenlohe.
Pero, sin duda, el clan menos conocido de los empresarios textiles patrios es la familia Andik. Y es que poco se sabe del currículum sentimental del principal accionista del grupo Mango, Isak Andik Ermay, que siempre ha destacado por su discreción. De hecho, hasta hace un lustro, era prácticamente tarea imposible conseguir una imagen suya.
Andik, procedente de una familia judía de origen sefardí,  tiene tres hijos: Jonathan, Judith y Sarah de un matrimonio que a día de hoy pasó a mejor vida. Los dos trabajan en la empresa familiar. No en vano Judith está llamada a ser la heredera del que constituye uno de los mayores imperios de la moda patria.
Tras el fin de su matrimonio, los medios de comunicación le atribuyeron sonados romances con Adriana Abascal (exmujer del empresario Juan Villalonga), o Cristina Valls Taberner, además de con alguna joven menos mediática con la que, al parecer, sí llegó a mantener una relación hasta hace bien poco con el empresario, que forma parte del club de los ricos y cuya fortuna está estimada en más de 2.300 millones de dólares.
Las parejas más desconocidas de la política
El mundo de la política es, quizá, en el que se percibe más sutilmente la cuestión del poder en la sombra, pues las mujeres de los políticos suelen destacar por su independencia, discreción y por ser poco amigas de la vida pública. El caso del expresidente Felipe González, quien, tras la separación de la política Carmen Romero, con la que estuvo casado casi 40 años, comenzó una relación con Mar García Vaquero, trabajadora de un banco, divorciada y con dos hijas, es uno de los más conocidos y que más revuelo causó no sólo en el mundo de la política.
Mucho menos conocida es la pareja del socialista Tomás Gómez, quien al poco de ser designado alcalde del municipio madrileño de Parla, contrajo matrimonio con su novia de toda la vida, una compañera de colegio y de partido de la que se separó sin hijos de por medio.
Gómez siempre ha destacado por ser una persona notablemente reservada, no sólo con su vida privada. Por ello, la relación que había comenzado con la actual consejera de Educación de la Junta de Extremadura y miembro del Comité Federal del PSOE, Eva María Pérez, pasó desapercibida hasta las primarias de Madrid, en otoño del pasado año.
Pérez, de 40 años, fue por cierto pareja de Federico Suárez, mano derecha del expresidente de la Junta extremeña, Juan Carlos Rodríguez Ibarra.
El expresidente del Fondo Monetario Internacional y presidente de Bankia, Rodrigo Rato, por su parte, levantó tanta polvareda, o incluso más, que Felipe González, cuando, tras su separación de Ángeles Alarcó, madre de sus dos hijos, comenzó su relación con la periodista especializada en Economía de Cuatro –antes en CNN- Alicia González, de unos 40 años, hace algo más de 7 años.
Curiosamente fue ella la que cubrió el traspaso de cartera de Rato a su sucesor Pedro Solbes. Con él, Alicia González se marchó a Washington cuando él fue designado director del FMI y allí siguió trabajando en el canal de noticias, y con él regresó a Madrid cuando él adujo “motivos personales” para poder volver.
La presentación oficial llegó en 2007, en la cena conmemorativa del XXX aniversario del Círculo de Empresarios, a la que acudieron los Príncipes de Asturias, aunque su relación comenzó mucho antes, cuando ella formaba parte del gabinete de prensa del Ministerio de Economía con Rato como titular. Al poco tiempo, ella pasó a formar parte del diario Cinco Días, presidido por el amigo de su pareja, Jesús de Polanco.
El caso de Francisco Álvarez Cascos, de 63 años, es algo distinto. En su caso han sido tres las mujeres a su sombra. Primero fue Elisa Fernández Escandón, posteriormente se casó con Gema Ruiz Cuadrado y, una vez divorciado de ésta, comenzó su relación con la directora de la galería de arte Marborough, María Porto, de 41 años, una apasionada de la pintura y escultura y con una ideología algo alejada a la de su hoy marido.
Por cierto que a Porto le ha sucedido algo similar a lo que le ocurrió a Carmen Ordóñez Cousillas. Su nombre saltó a las primeras páginas de la actualidad en 2004, a raíz de un caso de despido improcedente a una de sus empleadas, embarazada y con riesgo de aborto.

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