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ESTARÁ EN EL RASTRILLO NUEVO FUTURO

Eduardo Ladrón de Guevara nos abre las puertas de su atelier de Madrid

Lleva 40 años dedicado a la alta costura, creando vestidos únicos y vistiendo a la alta sociedad española. El diseñador nos recibe en su taller y nos desvela algunos de sus secretos

Eduardo Ladrón de Guevara estudió Bellas Artes y, aunque pinta en sus ratos libres, se dio cuenta de que lo suyo no eran los lienzos sino otras telas, como la seda, el crepé o el 'cashmere', con las que realizar sus sueños. El suyo es uno de los nombres obligados cuando se habla de la alta costura española. Cuarenta años creando trajes de novia, vestidos de gala, de fiesta, vestuarios de ópera y teatro, como los que realizó para 'Isabel' o 'La flauta mágica' desde su taller de Madrid.

Durante los años más críticos de la crisis reinventó su firma con prêt-à-porter a precios de 'low cost', la misma línea que ofrece en el puesto de las Xanas en el rastrillo solidario de Nuevo Futuro. Desde el sábado 21 de noviembre y hasta el domingo 29, el pabellón de Cristal de la Casa de Campo se convierte en la prolongación de su taller de alta costura. Hasta la Reina Sofía se detuvo el año pasado en su puesto para admirar sus diseños, que gracias a su faceta solidaria los puede lucir quien quiera.

Además de vestir a elegantes oficiales, es un apasionado de la indumentaria de las vírgenes y personajes de la Biblia en los pasos de Semana Santa de Málaga y Cuenca. Al preguntarle qué es lo que prefiere de todo lo que hace, Ladrón de Guevara asegura que es “creativo” y que “buscar una iconografía única de las cosas no es posible. A la hora de realizar un vestuario completo para una señora, un traje de novia, un vestido de cóctel o los diseños para una obra de teatro, la cabeza tiene que funcionar en un nivel de creatividad diferente. Y además hoy puedo hacer un boceto y mañana cambiarlo todo. Tengo la inmensa suerte de que soy feliz con lo que hago y eso se transmite a la creación”.

Sus clientas, presentes en el atelier

En su despacho, una mesa grande con un sacapuntas a un lado, lapices y cuadernos. En una esquina, velas de olor y fotos con las personas importantes de su vida: su madre, su familia, amigos íntimos como Miriam Ungría, que aparece con su marido Kardam y los dos hijos en los tiempos felices: “Los quiero mucho. Kardam era una persona especial, estupenda. Le sigo teniendo mucho cariño y para mí es como si estuviera de viaje. Pasaban fines de semana en mi casa de Pliego (Cuenca) y lo pasábamos muy bien".

Miriam Ungría junto a Eduardo Ladrón de Guevara
Miriam Ungría junto a Eduardo Ladrón de Guevara

También hay retratos dedicados de Ichu Rato y su hija Patricia, Paloma Cuevas y otras mujeres que empezaron siendo clientas y ahora ya son como de la familia. La discreción es absoluta y por lo tanto la única referencia a la hora de comentar sobre sus clientas es la imagen pública que han dado de sus diseños, como el caso de la infanta Pilar, para la que creó todos los vestidos que lució en el baile de la Rosa, Ana Rodríguez, Miriam Ungría, la marquesa de la Vega de Anzo, Isabel Flores, la mujer de Adolfo Suárez Illana, Luisa Fernanda Rudi o Estrella Morente. Para la cantante prepara todo el vestuario sus actuaciones. “Le hice su traje de novia. Nos volvimos locos porque ella tampoco lo tenía claro. Elegí un terciopelo blanco y después me leí el libro de Washington Irving 'Historia de la Alhambra' y reproduje en la espalda los jardines del Partal. Quedó maravilloso, impresionante...”.

En ese cuarto se hacen las presentaciones. Es el primer encuentro de Ladrón de Guevara con su futura clienta para el cambio de impresiones. Después, si llegan a un acuerdo, aparecen las muestras de telas e incluso llega a realizar un boceto inicial a mano. En el despacho también hay un colgador con vestidos que podrían definirse como prototipos: “Son 'toiles' que sirven para que la clienta se haga una idea”. Unos llevan drapeados, que es el punto fuerte del modisto, otros bordados –a mano, por supuesto– cristales y pasamanería, que adornan los modelos que se convertirán en únicos.

Instante de la entrevista al modisto en su atelier (Vanitatis)
Instante de la entrevista al modisto en su atelier (Vanitatis)

En este primer encuentro Eduardo ya sabe si la conexión va a funcionar: “Hay veces que nada más ver a la persona sé que no vamos a conectar”. Entonces pondrá cara de póquer y pasará la factura. “La verdad es que son las menos. No he tenido que decir a nadie que no, pero a veces sí que he tenido ganas de abrir la puerta y decir: Adiós, busque a otro que le aguante”.

No sabe coser un botón

“Me estoy reinventado cada día. Yo hice Bellas Artes y empecé pintando, pero sabía que de eso no podía vivir. Como me gustaban las telas, los tejidos, empecé a realizar mis primeros trapitos, que vendía en tiendas; poco a poco encontré mi hueco. Aprendí mucho de un tía, hermana de mi madre, que hacía alta costura en Cuenca. Vino a Madrid y muchas tardes me iba a su casa a ver cómo lo hacía. Monté mi taller con el salón de pruebas y pasó de ser un estudio a casi mi segunda casa. Aquí he pasado mucho tiempo y no solo diseñando con los patronistas, sino también de tertulia con la gente que quiero, con clientas que ya son amigas”.

Dos clientas en el atelier de Eduardo Ladrón de Guevara (Vanitatis)
Dos clientas en el atelier de Eduardo Ladrón de Guevara (Vanitatis)

Otras de las curiosidades de Ladrón de Guevara es que no sabe coser ni un botón: “Sé bordar en oro y lo hago para los mantos de las vírgenes y si tengo que coger un bajo lo hago, pero cantando. Me hubiera gustado ser cantante de ópera”. Reconoce que ser modisto de moda o de la Corte, como Varela, el costurero de la Reina Letizia, no entra en sus aspiraciones. “Estar de moda es peligroso porque en cuanto pasa la moda te olvidan pronto. Llevo cuarenta años bastante equilibrados y sobre todo haciendo lo que me gusta”.

Desde hace un tiempo su oferta también es el prêt-à-porter. “Hay que hacer cosas nuevas. Las señoras vienen a hacerse un traje de costura y se compran también un vestuario mucho más barato o se lo llevan para sus hijas o sus amigas. Por ejemplo, con telas maravillosas de las que me sobran unos metros hago chaquetas, vestidos, añado pasamanería a unos pantalones... La verdad es que está teniendo mucho éxito y espero que lo tenga mucho más en el Rastrillo porque es la manera de ayudar a Nuevo Futuro”.

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