Logo El Confidencial
opinión

Alonso Guerrero, el porqué de la traición del exmarido de la reina Letizia

Hasta el momento real nada se sabía de este profesor de literatura que tampoco frecuentaba los círculos literarios más influyentes porque no le gustaba “la endogamia”

Foto: La reina Letizia en una ilustración de Jate para Vanitatis.
La reina Letizia en una ilustración de Jate para Vanitatis.

El perfil de Alonso Guerrero, exmarido de la reina Letizia, lo forman muchas variantes y aún más aristas dependiendo de quién hable de él. En la época en que pasó de ser un total desconocido a personaje del momento por haber estado casado con la prometida del Príncipe (ahora Rey) no había término medio.

Algunos colegas lo definían como un hombre vanidoso y con un punto prepotente en lo que se refería a sus escritos. La vanidad también en su relación con las mujeres. Otros, como buen compañero. Y ahí terminaban los elogios.

Le gustaba escribir y aspiraba a tener un lugar en el Olimpo. Es ahora con la publicación de ‘El amor de Penny Robinson’ cuando vuelve a interesar en esa faceta de exmarido

Guerrero tiene en su haber cuatro libros que pasaron sin pena ni gloria salvo ‘El hombre abreviado’, que casualmente se reeditó con 30.000 ejemplares cuando se hizo público el noviazgo del príncipe Felipe y la periodista Letizia Ortiz, su exmujer. En ese momento hubo cierta conexión con la prensa. No terminaban bien los encuentros telefónicos porque descargaba su ira con el redactor que le contactara. Daba igual que el interlocutor no tuviera nada que ver con las persecuciones de los paparazzi.

Metía a todos en el mismo saco y no daba opción. Muchos vivimos en primera persona ese injustificado odio que aumentaba exponencialmente al comentar lo insólito que suponía una reedición de una novela que no había ocupado nunca los cien (o más) primeros puestos en las listas de ventas.

Hasta el momento real nada se sabía de este profesor de literatura que tampoco frecuentaba los círculos literarios más influyentes porque no le gustaba “la endogamia”. Así definía los encuentros entre escritores, críticos y periodistas de cultura tanto en Madrid como antes en la Universidad de Extremadura, donde terminó su carrera de Filosofía.

Le gustaba escribir y aspiraba a tener un lugar en el Olimpo. Es ahora con la publicación de ‘El amor de Penny Robinson’ cuando vuelve a interesar en esa faceta de exmarido. En sus medias verdades y pocas declaraciones públicas, Guerrero aseguraba que esta historia novelada de los años que pasó con la que fuera una alumna brillante del instituto Ramiro de Maeztu (donde ha vuelto a dar clases) era una manera de contar su vida.

No ha tenido reparo en que la editorial del exministro de Aznar, Manuel Pimentel, orquestara su traición veinte años después de su boda con la que parece ser su obsesión, que no es otra que la reina Letizia. Dice que el rey Felipe le saluda cuando coinciden y que ha estado en Zarzuela. La verdad es que cuesta creer ese amiguismo.

La nota previa a la publicación de ‘Penny’ ya es un aviso a navegantes. “Esta novela narra un caso sin precedente: la transformación de un hombre con una vida sin sobresaltos a un personaje mediático, a quien, por el hecho de haber estado casado con la que iba a convertirse en Reina de España, la prensa del corazón persigue para arrancarle los pedazos no solo de lo que pueda contar, sino de lo que es".

Define a su protagonista (es decir Letizia) de “bella como un diluvio”. ¿Cómo? ¿Se refiere al diluvio de Noé o al ciclón Irma?

Espeluznante la definición que hacen sus editores de Alonso Guerrero, un personaje olvidado y con un recorrido literario nulo. No se ha visto aún análisis de su obra en medios ni en páginas especializadas. ¿Será que no interesa? O también, como han filtrado, que hay una mano negra que paraliza su obra.

Y sinceramente algunas de sus comparaciones literarias seguramente no las permitiría ningún profesor a sus alumnos. Define a su protagonista (es decir Letizia) de “bella como un diluvio”. ¿Cómo? ¿Se refiere al diluvio de Noé o al ciclón Irma?

¿No habíamos quedado que quería ser invisible, que no le gustaba ser personaje público, que odiaba a la prensa rosa de la que ahora se ha nutrido porque a la otra le interesa cero? Si tanto tenía que decir, ¿por qué no lo hizo en la presentación? ¿Quizá por temor a que sus medias verdades salieran a relucir con preguntas incómodas? ¿Por qué ese cambio y ganas de hacer daño? ¿Qué necesidad de intoxicar? ¿No hubiera sido mejor seguir con su vida invisible? No me consta que “los empleados de la perrera, con la caña y el lazo colgándoles del cinturón”, como define en su novela a los paparazzi, le hayan seguido estos últimos ocho años.

Quizá solo hay una razón para publicar ‘El amor de Penny Robinson’ y justificar la traición. Y recreando su pensamiento esta podría ser su frase de cabecera: “A ver si de una puñetera vez alguien me lee”.

Noticias

El redactor recomienda

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
14 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios