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La boda de María Paula en Cartagena de Indias y su vestido de novia plisado con mangas vaporosas
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La boda de María Paula en Cartagena de Indias y su vestido de novia plisado con mangas vaporosas

Viajamos hasta Colombia para adentrarnos en el enlace de María Paula y Daniel y descubrir su traje nupcial para dar el 'sí, quiero'

Foto: Un vestido de novia de Castellar Granados. (Alejandra Ortiz Photo)
Un vestido de novia de Castellar Granados. (Alejandra Ortiz Photo)

No hay dos sin tres. Este es el lema que María Paula y Daniel abanderaron el día de su boda. "Daniel y yo nos casamos por lo civil dos meses antes de la pandemia, el 11 de enero de 2020 en Miami. Como muchas otras parejas, no habíamos podido planear nuestro enlace. Ese día tuvimos una pequeña e íntima ceremonia en nuestro restaurante preferido de Miami junto con nuestro núcleo familiar", cuenta la novia.

Residentes en Nueva York -ella, colombiana, trabaja en el conglomerado de belleza Estée Lauder Companies, y él, español, en el área de Wealth Management para PIMCO-, fue a principios de este año y tres después de la primera cuando llegó su segunda boda, esta vez una ceremonia religiosa. "Para nosotros, el matrimonio católico siempre ha tenido un carácter muy íntimo y personal, por lo que queríamos estar rodeados de un grupo de amigos y familia muy cercano". La gran boda, la tercera, llegó el 21 de enero de 2023 en Cartagena de Indias: "Celebramos nuestro amor en la ciudad más mágica y romántica de Colombia. ¡La tercera vez es la vencida!".

placeholder La boda de María Paula. (Alejandra Ortiz Photo)
La boda de María Paula. (Alejandra Ortiz Photo)

Un final que vino a poner el broche de oro a su noviazgo de tres años y una petición de mano en diciembre de 2018. "Nos comprometimos en el municipio de Angra dos Reis durante un viaje a Brasil que hicimos juntos". A los trajes de novia que María Paula lució en sus dos primeros enlaces, un vestido de Johanna Ortiz y un modelo de Colombiana Pepa Pombo, tenía que sumar uno más a su armario nupcial. El vestido que hoy protagoniza este reportaje.

Ahí es cuando la magia creativa de Castellar Granados entró en juego. "No solamente la admiro profundamente, también tuvimos una conexión instantánea cuando nos conocimos por primera vez. Para mí fue vital que Castellar estaba superenterada de la cultura colombiana y de hecho ya había ido varias veces a Cartagena de Indias y sabía cómo era el clima perfectamente, pues su esposo es colombiano. Siempre estaré agradecida por permitirme disfrutar de este proceso junto a ella de principio a fin", explica la novia.

placeholder La boda de María Paula. (Alejandra Ortiz Photo)
La boda de María Paula. (Alejandra Ortiz Photo)

Un proceso a distancia con varios viajes ida y vuelta de Nueva York a Madrid que partió de una idea clara. "No quería caer en los estereotipos. Me probé muchos vestidos tradicionales y realmente no me sentía yo misma. Nunca soñé casarme con un vestido de novia, quería un look más 'anti-bride". Un punto de partida que estaba condicionado por otro detalle. "Soy fan de la estética de las bodas españolas y tenía que trabajar con proveedores españoles sí o sí. Enseguida me enamoré de los tejidos de muselina de seda con acabado plisado tan propios de Castellar, son un verdadero sueño", comenta.

"Castellar y yo trabajamos en los bocetos iniciales de los potenciales diseños juntas por videollamada -ella en Madrid y yo en Nueva York-. Una vez nos decidimos por un diseño, viajé tres veces a Madrid para verme con ella y hacer las pruebas del vestido. Normalmente, aterrizaba un viernes por la mañana, tenía una prueba, y el lunes, antes de regresar a Nueva York, hacíamos otra. En total, fueron siete meses".

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La boda de María Paula. (Alejandra Ortiz Photo)

Varios viajes y videollamadas más tarde, y el vestido de novia de María Paula iba cogiendo la forma deseada. "Para mí lo más importante era que el traje me representara, que tuviera elementos con los que me identifico y uso constantemente, y asimismo, que tuviera mucho movimiento. ¡Castellar logró que mi vestido tuviera vida propia!". A modo de resumen, la colombiana recuerda que "el proceso de creación fue increíble. Lo repetiría mil veces más con Castellar y con Lorena, su asistente en el taller. Hoy confirmo que cada milla de cada viaje para crear el vestido de mis sueños valió la pena"

El resultado, un modelo nupcial que respiraba el aura de la diseñadora. Mangas vaporosas muy amplias, escote recto, cuerpo armado revestido con un tejido plisado, y de ahí, una falda dotada de una ligereza tan exquisita como sofisticada. Magia en estado puro.

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La boda de María Paula. (Alejandra Ortiz Photo)

En el terreno de los accesorios, María Paula apuntó sus miras a la industria de la moda de su país. "Dado que mi vestido no era de diseñador colombiano, el resto de los complementos quería que si lo fueran". Empezando por las joyas: "Quería lucir unas piezas muy sencillas, pero únicas. Se me ocurrió la idea de llevar unos pendientes engarzados con unas preciosas esmeraldas colombianas que se extraen en la región de Muzo, las más finas de nuestro país. Tardé tiempo en encontrar las piedras perfectas, pero una vez lo hice, ya casi lo tenía, pues el resto era diseñar la montura y nada más".

A sus pies, unas sandalias de raso blanco de Aquazzura, un par con detalle de nudo en la pala, pulsera al tobillo, plataforma delantera y tacón en bloque, que después y con el segundo look abandonaría. El ramo de la novia, una creación de Andrés Cortes, combinaba tonos blancos y verdes.

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La boda de María Paula. (Alejandra Ortiz Photo)

Pausa para hablar del beauty look de la colombiana. "Me maquilló y peinó Franklin Ramos, quien además de ser uno de los estilistas más conocidos de Colombia, es un increíble ser humano que brilla con luz propia. Franklin no solo crea con sus herramientas de trabajo, también crea a través de su energía y su capacidad de contagiar a las personas que lo acompañan". Un maquillaje natural y un peinado trenzado que dejó su melena recogida.

Con el estilismo nupcial al completo y bien armado, María Paula y Daniel se encontraron para, junto a sus 150 invitados, poner rumbo al lugar donde tendrían lugar los festejos. En Baluarte de San Ignacio, una fortificación bautizada como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Ayudados por el equipo de wedding planners de Sary Chaki, convirtieron aquel espacio en el epicentro de su tercera boda. De la decoración se encargó Andrés Cortes y del catering, Harry Sasson, considerado como uno de los 50 mejores de Latinoamérica.

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La boda de María Paula. (Alejandra Ortiz Photo)

"Dado que teníamos invitados internacionales, quise esforzarme por resaltar la belleza y el patrimonio cultural de nuestro país y fue por eso que escogimos uno de los baluartes declarados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en Cartagena. ¡Fue un privilegio!", confiesa la novia.

"Siempre soñé con una boda íntima y, al mismo tiempo, poco tradicional. Para mí el foco de atención estaba en celebrar nuestra unión con nuestros seres más queridos, sin necesariamente seguir un formato preestablecido. Esto también me motivo a trabajar con Alejandra Ortiz, una fotógrafa española a quien seguía hace muchos años y siempre me inspiró su trabajo. Mi objetivo era conseguir una perspectiva nueva. No me equivoqué, Alejandra es talento puro y no pude ser más afortunada al poder tenerla con nosotros en Cartagena. Al principio, mis padres no lograban entender por qué quería traer una fotografía de afuera, pero una vez vieron las fotos, entendieron todo".

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La boda de María Paula. (Alejandra Ortiz Photo)

Terminado el banquete y después de abrir el baile por primera vez como marido y mujer, María Paula se quitó el vestido de novia de Castellar Granados para poner un pie en la pista con su segundo outfit. "Llevé un vestido corto de Taller Marmo, una marca fundada por Yago Goicoechea y Ricardo Audisio. Quería un traje atemporal que me hiciera sentir cómoda para bailar toda la noche". Fabricado con un tejido fluido, llamaban la atención el bajo y los puños decorados con plumas.

"Para este look, cambié de calzado a unos zapatos de Jimmy Choo estilo disco e incluía una diadema exclusiva de Magnetic Midnight. Se trata de una firma colombiana fundada por Lucia Echavarría que se dedica al diseño de piezas hechas a mano con la ayuda de artesanos locales. La mayoría de su producción se hace a la medida de los clientes, por lo que cada pieza es realmente única. El proceso de creación y diseño duró aproximadamente 2 meses y lo hicimos todo virtual"

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La boda de María Paula. (Alejandra Ortiz Photo)

A modo de resumen, María Paula nos recuerda qué momento, de todos los vividos aquel 21 de enero, fue el más especial: "Recibir tanto amor por parte de nuestra familia y amigos. Sentir que cada una de las personas presentes tenía como único propósito celebrarnos y acompañarnos ese fin de semana no tiene precio. Sin la generosidad, energía y amor de los nuestros, este día no hubiera podido ser así de mágico. Absolutamente, todo es efímero en una boda, a excepción de la compañía, quienes se quedan en tu corazón por siempre".

Como consejo para futuras novias, "que sean auténticas e impregnen su día con detalles que las identifiquen. Dense el privilegio de romper con los estereotipos y hagan lo que más les llene el corazón. Trabajen con proveedores que les den la libertad creativa para crear su evento soñado".

No hay dos sin tres. Este es el lema que María Paula y Daniel abanderaron el día de su boda. "Daniel y yo nos casamos por lo civil dos meses antes de la pandemia, el 11 de enero de 2020 en Miami. Como muchas otras parejas, no habíamos podido planear nuestro enlace. Ese día tuvimos una pequeña e íntima ceremonia en nuestro restaurante preferido de Miami junto con nuestro núcleo familiar", cuenta la novia.

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