Ana Cristina Portillo celebra con Vanitatis su primer aniversario de boda: "Me invadió una paz absoluta y sentí que mi madre estaba presente"
Hace un año, el 28 de septiembre de 2024, la artista le dio el 'sí, quiero' al ingeniero industrial Santiago Camacho, en un emotivo enlace celebrado en Jerez que hoy recuerda para Vanitatis
Ana Cristina Portillo Domecq, hija de Fernando Portillo y Sandra Domecq, y Santiago Camacho, el día de su boda. (Gtres)
La artista y diseñadora Ana Cristina Portillo y su marido, el ingeniero industrial Santiago Camacho, están de celebración: hoy es su primer aniversario de boda. Fue el 28 de septiembre de 2024 cuando la hija de Fernando Portillo y Sandra Domecq, y su prometido, contrajeron matrimonio en un emotivo enlace celebrado en Jerez de la Frontera. Con la Catedral de la ciudad gaditana como templo para la ceremonia religiosa y la finca Santiago, propiedad de los abuelos de la novia, el bodeguero Beltrán Domecq González y su mujer, Ana Cristina Williams, como enclave para la celebración, la pareja se rodeó de sus íntimos el día de su boda.
Además de novia ataviada con un diseño de inspiración helénica de Jorge Acuña, Ana Cristina ideó y confeccionó los looks de sus familiares y amigas. Más de 30 piezas que, bajo el paraguas de su firma, Ana Cristina PD Design, arroparon y acompañaron a la artista. Cuando se cumple un año de aquel día, la diseñadora celebra con Vanitatis su primer aniversario.
Ana Cristina Portillo Domecq, hija de Fernando Portillo y Sandra Domecq, y Santiago Camacho, el día de su boda. (Gtres)
"Recuerdo que tenía una calma interior que nunca pensé que tendría, pensé que estaría mucho más nerviosa. Lo recuerdo con paz absoluta", comienza el relato de Ana Cristina Portillo. Su enlace estaba fijado para las 11.30 de la mañana. "Solo sentí nervios justo antes de los preparativos. Quería que a todo el mundo le diera tiempo, que no fuéramos con prisas, que yo pudiera hacer mi rutina con calma, sin estresarme… Y de paso, planchar el vestido de novia".
Aquella mañana, con Víctor del Valle a cargo del maquillaje y el peinado, a Ana Cristina le acompañaron sus tres hermanas: Alejandra, Eugenia y Claudia Osborne. "Nos arreglamos juntas las cuatro hermanas en la habitación de mi madre". También estuvieron el padre de la novia, Fernando Portillo, y sus sobrinos. Sandra Domecq, fallecida en el año 2004, estuvo presente de principio a fin. "No había que hacer nada en particular para sentir que mi madre estaba ahí, fueron muchas las pequeñas cosas que la mantuvieron cerca. Mi hermana Alejandra puso sus vinilos en el tocadiscos. Una amiga me regalo una medalla de cerámica con su nombre para que lo llevase en el ramo. O las flores, llevé jazmines, una flor que me recuerda muchísimo a ella".
Ana Cristina Portillo Domecq, hija de Fernando Portillo y Sandra Domecq, el día de su boda. (Gtres)
Al llegar a las inmediaciones de la Catedral de Jerez, la novia tuvo que esperar unos minutos dentro del coche junto a su padre y padrino. "Resulta que ese día había una carrera ciclista y muchos invitados se retrasaron. Una de ellas fue mi hermana Claudia y obviamente no iba a entrar en la iglesia sin ella. Así que cuando estábamos llegando, paramos hasta que me confirmaron que había llegado y entonces fuimos. Incluso ahí, para mi sorpresa, estuve bastante calmada".
En ese momento, el secreto mejor guardado de toda boda, su vestido de novia, quedó expuesto al mundo. Un modelo de inspiración helénica a cargo del gallego Jorge Acuña. "Jorge hizo magia y clavó lo que yo buscaba, un diseño al que tanto me costaba ponerle las palabras", apunta. Tiempo atrás, cuando Ana Cristina llamó a las puertas de su taller, solo sabía que quería llevar un vestido de estilo griego y Jorge logró darle forma. En palabras de la novia, cada detalle era una obra arte, "desde el drapeado, los apliques, la caída, la fluidez o el movimiento, creo que todo encajó perfectamente".
Cuando la artista bajo del coche y empezó el paseíllo de la mano de su padre, custodiada por sus hermanas, empezó la magia. "El encuentro con Santi en el altar fue un mix de emociones, cosquilleos en el estómago de la emoción y al mismo tiempo, como he comentado antes, una sensación de paz absoluta".
Ana Cristina Portillo Domecq y su padre, Fernando Portillo, el día de su boda. (Gtres)
De la ceremonia religiosa, la empresaria se queda con la homilía. "No fue la típica cursi que habla de lo maravilloso que es el amor (que lo es, pero no siempre), fue realista, fue de verdad. Habló de trabajo, de comunicación, de mantener la mirada centrada en la persona que tienes al lado, en no distraerte, no perder el foco. Trabajar, querer y querer trabajar. Yo, a pesar de ser una persona soñadora, tengo un lado muy terrenal, muy realista y muy lógico. No creo que el amor sea eterno porque sí, yo creo que el amor es eterno si se trabaja, si se construyen unos cimientos fuertes y si tienes conversaciones incómodas para tener una relación mejor. Y la homilía habló de eso y me encantó", detalla la novia.
Pero además de novia el día de su boda, Ana Cristina Portillo asumió el rol de diseñadora al crear los looks para 30 de sus invitadas, entre las que estaban sus hermanas, amigas íntimas y testigos. "Me daba miedo que no gustasen, que no fuesen lo que la persona buscaba. Pienso que finalmente todas estuvieron contentas y todas se sintieron representadas con sus estampados", recuerda. "Fue una experiencia única: hice 30 estampados personalizados en 4 meses… Si me lo dicen un año antes hubiera pensado que es imposible. Me siento muy orgullosa por el resultado y por todo el trabajo que hice en tan poco tiempo y con tan poca experiencia, sin duda fue un reto que me enseñó muchísimo", admite la fundadora de Ana Cristina PD Design.
Eugenia, Alejandra y Claudia Osborne con los trajes diseñados por Ana Cristina Portillo para su boda. (Gtres)
Un trabajo entre acuarelas que terminó por ser un desfile de estilo y grandes looks a su cargo por las inmediaciones de la Catedral de Jerez. "Cuando vi a mis hermanas y a todas mis amigas juntas con mis trajes, se me saltaron las lágrimas. No había visto los vestidos terminados y fue… ¡Woo! Cada una había hecho el diseño de vestido por su cuenta, pero cuando vi todos terminados, todas mis amigas y mi familia juntas, tan guapas, tan ellas… Me hizo muchísima ilusión y más saber que es algo que siempre tendrán como recuerdo de ese día, de nuestra amistad, para siempre".
Cuando Santiago y Ana Cristina ya eran oficialmente matrimonio ante los ojos de Dios, pusieron rumbo a la finca de la familia de la novia para celebrarlo. "Sentí una gran emoción al ver a toda la gente a la que quieres y que te quiere celebrando contigo un día tan importante. Una de las cosas me gustaron es que Santi y yo tuvimos momentos de parar, observar y decirnos: 'Qué suerte tenemos de esto que estamos viviendo'".
Ana Cristina Portillo y Santiago Camacho ya como matrimonio. (Gtres)
El primer baile fue con 'The Embassy Waltz' de My Fair Lady como banda sonora de un día inolvidable.
Un año después, la pareja celebra su primer aniversario muy feliz y con la vista puesta en el futuro. Eso no quita para que, al repasar todo lo vivido el 28 de septiembre de 2024, la novia haga balance. "No cambiaría nada. Siempre hay imprevistos y cosas que mejorar, porque no existe un día perfecto, una boda perfecta, no existe la perfección. Me encantó el día, con sus cosas buenas y sus cosas no tan buenas, con sus fallitos que sinceramente se escapaban de nuestras manos y que hicieron que fuera bonito y natural. Fuimos muy felices, creo y espero que las personas que nos acompañaron también lo fueran. Tengo un recuerdo maravilloso de ese día y me quedo con lo imperfecto de ese día que para mí fue perfecto", sentencia.
La artista y diseñadora Ana Cristina Portillo y su marido, el ingeniero industrial Santiago Camacho, están de celebración: hoy es su primer aniversario de boda. Fue el 28 de septiembre de 2024 cuando la hija de Fernando Portillo y Sandra Domecq, y su prometido, contrajeron matrimonio en un emotivo enlace celebrado en Jerez de la Frontera. Con la Catedral de la ciudad gaditana como templo para la ceremonia religiosa y la finca Santiago, propiedad de los abuelos de la novia, el bodeguero Beltrán Domecq González y su mujer, Ana Cristina Williams, como enclave para la celebración, la pareja se rodeó de sus íntimos el día de su boda.