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La historia de las joyas del "sí, quiero" de Mónica Ugalde: la boda más castiza y cool de Madrid
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INSPIRACIÓN NUPCIAL

La historia de las joyas del "sí, quiero" de Mónica Ugalde: la boda más castiza y cool de Madrid

La cantante y creadora madrileña, conocida como Santa Mónica, ultima los detalles de su boda en Las Calatravas. Entre ellos, la elección de las joyas en el atelier de Gold & Roses, donde tradición, moda y emoción se entrelazan con su historia

Foto: Mónica Ugalde (Cortesía)
Mónica Ugalde (Cortesía)

La cantante y creadora madrileña Mónica Ugalde, conocida como Santa Mónica, ultima los detalles de su boda en Las Calatravas. Entre ellos, la elección de las joyas en el atelier de Gold & Roses, donde tradición, moda y emoción se entrelazan con su historia personal.

En el número 33 de la calle Fortuny, en un bajo cerca del centro de la tierra, no se extraen minerales, pero se diseñan las joyas más deseadas por la jet madrileña y el joyero personal de la Reina. Allí, entre vitrinas que reflejan la luz de los diamantes con discreción artesanal, Mónica Ugalde, la compositora de pop contemporáneo conocida como Santa Mónica, entra con paso firme y sonrisa tranquila. Dentro, la esperan Hannah Rodríguez y Sonia Ruiz, las creadoras de Gold & Roses, la firma española que ha conquistado a novias, aristócratas y actrices con su joyería de lujo moderno.

Mónica, que se casa el próximo abril, llega con una idea clara: “restarle peso al pasado sin renunciar a él”. Su boda será, como ella misma define, “supercastiza”. El enlace religioso tendrá lugar en Las Calatravas, joya del barroco madrileño, y la celebración posterior en Lhardy, ese templo del cocido y las tertulias que ahora pertenece a Pescaderías Coruñesas.

placeholder Mónica Ugalde en la calle Fortuny (Carla Vega-Penichet)
Mónica Ugalde en la calle Fortuny (Carla Vega-Penichet)

“Convencí a los de Coruñesas para que me dejaran casarme allí y, me han dejado, mis invitados disfrutarán de un cocido”, ríe. “Espero que haga frío. Me parecería perfecto para el ambiente”.

Su historia con Santiago, su prometido, comenzó hace año y medio. “Somos polos opuestos. Yo soy más urbanita; él, de campo y muy taurino. Por eso acabaremos en La Bulería, que es muy su sitio. Así nos encontramos en el punto medio”, confiesa. Esa dualidad —ciudad y campo, música y tradición— atraviesa también su estética y la elección de sus joyas.

El vestido centenario y la diadema familiar

El vestido de novia no podía tener una historia más romántica. “Era de mi abuela. Tiene 105 años. Cuando lo saqué del baúl pensé: ‘Dios mío, esto no sé cómo va a sobrevivir’”, cuenta. La prenda, confeccionada por una costurera madrileña en la posguerra, guarda secretos de otro tiempo: “La patronista me dijo que parecían telas traídas de Francia, porque aquí no había en esa época. Es una seda que ya no existe, con un brillo y un color imposibles de replicar hoy”.

El vestido, sobrio y atemporal, la conecta con su herencia familiar y con su amor por la moda. “He trabajado en moda toda mi vida y cuando algo es bueno, es bueno. Pero también me considero contemporánea. Quería darle un punto moderno, y ahí entran las joyas de Gold & Roses: para restarle solemnidad y aportar frescura”, explica mientras prueba distintos pendientes frente al espejo del atelier.

placeholder Hannah de Gold and Roses con traje de Loewe montrando piezas de la colección (Carla Vega-Penichet)
Hannah de Gold and Roses con traje de Loewe montrando piezas de la colección (Carla Vega-Penichet)

Sobre la cabeza llevará una diadema antigua de la familia de su novio, una pieza con historia que quiere reinterpretar. “Con Hannah buscamos actualizar el look sin perder su esencia. Las joyas antiguas tienen peso, pero con los complementos adecuados se vuelven ligeras y actuales. Se trata de equilibrar”.

El regreso a Fortuny: cuando la joya cuenta una historia

No es casualidad que Mónica haya regresado a Gold & Roses. “Fui la primera modelo de su primera colección”, recuerda con emoción. “Por eso fue natural venir aquí. Tenemos un vínculo especial. Hemos crecido casi al mismo ritmo”.

Hannah Rodríguez sonríe: “Fundamos la marca en 2014 y no imaginábamos que, diez años después, seguiríamos en este pequeño taller de Fortuny recibiendo a clientas como Mónica. Ella fue imagen de nuestra primera campaña, y su evolución es muy paralela a la de la marca. La elegimos porque es muy cool”.

placeholder Bocetos de las joyas (Carla Vega-Penichet)
Bocetos de las joyas (Carla Vega-Penichet)

La conexión entre ambas es evidente. “Tenemos una colección, Smokey Club, inspirada en la vida madrileña, los clubes, la noche… ese aire divertido y elegante del ocio de la capital”, explica Hannah. “Cuando Mónica nos contó que su boda sería castiza y en Lhardy, todo encajó. Su historia tiene esa mezcla de tradición y modernidad que define nuestras joyas”.

El poder de una joya que ilumina

Elegir las joyas no es un trámite, sino una búsqueda estética y emocional. Mónica lo vive así. “Soy muy de oro blanco y brillantes. Me encantan los pendientes largos, con forma y movimiento, porque iluminan la cara. Pero quiero que todo tenga coherencia: el vestido, la diadema, las joyas... es un todo”. Mónica duda también frente a la nueva colección inspirada en India, pero finalmente se decanta por la recomendada por Hannah, que mientras la observa, asiente: “A veces las joyas te eligen a ti. Ves algo en la vitrina que te atrae, pero al probártelo entiendes si encaja contigo. He visto novias emocionarse al verse con el pendiente adecuado. Es casi mágico”.

Mónica sonríe frente al espejo. “Las piezas de Gold & Roses tienen ese punto de modernidad que buscaba. No quiero parecer un retrato antiguo. Quiero que haya historia, pero también actualidad”.

Una boda con alma madrileña

El relato de su boda parece un homenaje a Madrid. Nació y creció aquí, aunque su vida profesional la llevó a recorrer el mundo. Trabajó en Missoni (Madrid y Londres) y en Chanel (Nueva York), hasta que decidió centrarse en su proyecto musical. “Las marcas con las que trabajé me apoyaron mucho cuando di el salto a la música. Por eso ahora toco para marcas y también desarrollo mi proyecto artístico”, cuenta. “Mi productor está en Barcelona, así que viajo constantemente entre ambas ciudades”.

Su estilo personal, igual que su música, es una fusión. “Soy bastante minimal y contemporánea. En mi día a día voy sencilla: chaquetas, zapatillas, colores neutros. Pero me gusta tener un punto moderno, algo que destaque sin parecer forzado”.

placeholder Mónica con la nueva colección Gold & Roses (Carla Vega-Penichet)
Mónica con la nueva colección Gold & Roses (Carla Vega-Penichet)

Ese equilibrio entre lo sobrio y lo brillante se reflejará también en su look nupcial. “Me cambiaré de vestido para la segunda parte de la boda, porque el mío tiene cola y no quiero destrozarlo en La Bulería”, confiesa riendo. “Si fuera diseñador español, me encantaría Juan Vidal. Y si fuera extranjero, quizá Armani vintage. Me encantan las piezas con alma”.

Los secretos de una joyera de la Reina

Mientras Mónica se prueba distintos pendientes de oro blanco, Hannah comparte sus consejos infalibles de su estirpe joyera: “Siempre digo que la joya es tan importante que el vestido. El vestido se lleva un día; la joya, toda la vida. Tiene que gustarte para el gran día, pero también para muchos otros”. Explica que el pendiente es clave: “Es lo que ilumina la cara. En las fotos, el rostro es el protagonista, así que el pendiente es lo que marca la diferencia”. Y sobre el anillo de pedida, no duda: “Tiene nombre y apellido. Puedes tener mil anillos, pero ese solo existe una vez”. Sonia también derriba mitos: “El diamante no puede faltar, pero también adoro las perlas o incluso el color. Lo importante es que la novia se vea guapa, que se sienta ella”. Para las indecisas, ofrece una guía rápida: "Si tienes el cuello corto, lo mejor es un pendiente pegado. Si no es así, puedes ponerte uno largo. Si tienes los dedos anchos, no te preocupes, lo mejor es un anillo tipo lanzadera o de vueltas tipo serpiente".

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“La joya tiene que favorecer, no imponerse. Y sobre todo, tener alma”, concluye Hannah. Al final, Mónica elige unos pendientes largos de oro blanco y brillantes, con una caída suave que equilibra el brillo de su diadema y el tono marfil del vestido. “Son perfectos”, dice. “Tienen historia, pero también son yo, hoy”.

En ese gesto hay algo más que una elección estética: es la unión entre la herencia familiar y su presente creativo. “Cuando algo es bueno, prevalece. Por eso me gusta pensar que estas piezas también seguirán conmigo dentro de 50 años, igual que el vestido de mi abuela llegó hasta mí”.

Fuera, el bullicio continúa; dentro, queda el eco de una historia que, como las joyas de su boda, brillará con el paso del tiempo.

La cantante y creadora madrileña Mónica Ugalde, conocida como Santa Mónica, ultima los detalles de su boda en Las Calatravas. Entre ellos, la elección de las joyas en el atelier de Gold & Roses, donde tradición, moda y emoción se entrelazan con su historia personal.

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