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El álbum de boda de Lola Villar, la novia que llevó 3 vestidos de Lorenzo Caprile: “Quería looks con personalidad, lejos de convencionalismos"
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El álbum de boda de Lola Villar, la novia que llevó 3 vestidos de Lorenzo Caprile: “Quería looks con personalidad, lejos de convencionalismos"

Abrimos el álbum nupcial de Lola Villar y Javier Navarro para comprobar que su boda no fue una boda más, fue una experiencia inmersiva donde cada momento superaba al anterior

Foto: El álbum de boda de Lola Villar. (Fotos Diego de Rando/ Derando Studio Wedding)
El álbum de boda de Lola Villar. (Fotos Diego de Rando/ Derando Studio Wedding)

El día que Lola Villar y Javier Navarro tomaron la decisión de casarse, planificaron su enlace como una gran producción de cine. "Habíamos imaginado una boda con identidad, muy conceptual. Fue una experiencia inmersiva, casi una gala cinematográfica donde cada escena superaba a la anterior". Además de ellos como absolutos protagonistas, en el armario de la novia aguardaban tres diseños de Lorenzo Caprile. Su boda fue un deleite para los cinco sentidos.

Lola, directora de un grupo de parques de atracciones, y Javier, ingeniero de sistemas de gestión y análisis, se conocieron como otras parejas gracias a amigos que tenían en común. "Nos presentó el grupo de amigos adecuado en el momento justo. Hubo risas, buena conversación y esa sensación de que algo estaba empezando… Aunque ninguno de los dos lo supiera todavía".

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placeholder Lola, con su primer vestido de novia de Caprile. (Fotos Diego de Rando/ Derando Studio Wedding)
Lola, con su primer vestido de novia de Caprile. (Fotos Diego de Rando/ Derando Studio Wedding)

La petición de mano llegaría cuatro años después. "Javi me hizo creer que íbamos a comer con sus primos en Jávea y yo no sospechaba absolutamente nada. Antes de entrar al restaurante me vendó los ojos, ahí empezaron los nervios. Cuando me los quitó, estaba arrodillado con el anillo en la mano. Fue totalmente inesperado. Y aún quedaba otra sorpresa: al entrar en Ca Aleix nos esperaban nuestras familias y amigos para celebrarlo. Lo que empezó como una comida normal terminó siendo uno de los días más especiales de nuestra vida".

Lola y Javier no escogieron un día cualquiera para celebrar sus nupcias, fue el último día del año en Valencia. "La boda fue el 31 de diciembre de 2025. Primero, ceremonia religiosa en el Real Monasterio de Santa María de El Puig y después nos trasladamos a la Cartuja de Ara Christi para la celebración. Queríamos que los espacios de la ceremonia y de la celebración tuvieran historia y carácter, y ambos lugares tienen una arquitectura impresionante que encajaba perfectamente con el concepto que estábamos construyendo".

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placeholder Lola y su padre llegando a la ceremonia. (Fotos Diego de Rando/ Derando Studio Wedding)
Lola y su padre llegando a la ceremonia. (Fotos Diego de Rando/ Derando Studio Wedding)

La pareja tuvo bien claro desde el principio que la suya no será una boda al uso. "Habíamos imaginado una boda con identidad, muy conceptual, pero la realidad superó cualquier expectativa. Cuando Ales, director creativo de Miladyland, nos presentó el proyecto con la propuesta de cada espacio entendimos la dimensión de lo que estábamos construyendo. Nada estaba dejado al azar. Cada ambiente tenía intención, ritmo y narrativa propia. Los invitados no hablaban de ‘una boda’, hablaban de JALO. Fue una experiencia inmersiva, casi una gala cinematográfica donde cada escena superaba a la anterior".

Para darle forma a una producción colosal como la suya, la organización era clave. "Fue absolutamente estratégica desde el inicio. Con 39 proveedores implicados y múltiples momentos que coordinar, la planificación tenía que funcionar como un engranaje perfecto. Ales definió el concepto global y la narrativa de cada espacio, seleccionando cuidadosamente a los profesionales que debían intervenir en cada fase. Natalia, de La Promesse, y Jandro, de Jandro Wedding Planner, lideraron la ejecución junto a un equipo de cuatro auxiliares. En total, seis personas coordinando cada movimiento para que todo siguiera una línea extremadamente precisa. Era una producción compleja y no había margen para el error. Cada transición, cada cambio de espacio y cada detalle estaban medidos al milímetro".

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placeholder Javier y Lola, recién casados. (Fotos Diego de Rando/ Derando Studio Wedding)
Javier y Lola, recién casados. (Fotos Diego de Rando/ Derando Studio Wedding)

Con el enlace en marcha en manos de tantos profesionales, Lola se lanzó a la búsqueda y captura de diseñador para su vestido de novia. La respuesta estaba en Lorenzo Caprile, el modisto español estandarte de la alta costura. "Confié en Lorenzo Caprile. Buscaba un diseño con estructura y personalidad, lejos de lo convencional, y su forma de trabajar la silueta encajaba perfectamente con la idea que tenía".

Del taller del diseñador salieron tres trajes de novia para Lola. Para el primero, el que llevó en la ceremonia, "quería un vestido limpio, casi escultórico, donde el protagonismo estuviera en la construcción y en los detalles". Con esa premisa, nos describe su look. "Hombros marcados, puños con volumen y una capa que aportara estructura sin perder ligereza. Más que pensar en un tipo de vestido concreto, me guiaba una idea muy clara: simplicidad y un gesto potente que lo hiciera reconocible. El abrigo de la entrada sí tenía referencias más directas. Me inspiré en la cola con volumen que llevó Marta Lozano en el Festival de Cannes 2021, también diseñada por Caprile; esa presencia en movimiento me parecía espectacular. Las solapas eran un guiño a la elegancia estructurada de Rania de Jordania".

La novia reconoce que el traje que llevó para la fiesta fue el más estratégico. "Quería introducir el dorado desde la sofisticación, integrado en la estructura y no como un simple recurso brillante. La tela tenía una luminosidad contenida que funcionaba especialmente bien con el movimiento. Con ese mismo tejido se realizaron también las botas en La Rosa Calzados, en Elda, buscando que incluso los complementos respondieran a la misma lógica estética. Nada estaba aislado; todo formaba parte de un conjunto perfectamente articulado".

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placeholder La llegada de los novios. (Fotos Diego de Rando/ Derando Studio Wedding)
La llegada de los novios. (Fotos Diego de Rando/ Derando Studio Wedding)

Lola Villar destaca el trabajo detrás de sus tres vestidos de novia. "Más allá de la técnica, el atelier de Lorenzo Caprile tiene algo difícil de explicar: una combinación muy poco común de excelencia artesanal y complicidad creativa. Se respira oficio, precisión y una elegancia natural que hace que todo fluya con absoluta armonía".

Abrimos ahora el capítulo de los accesorios. "Seguían exactamente la misma línea que el vestido: depuración y coherencia. Nada estaba pensado para destacar por separado, sino para reforzar el conjunto. Los zapatos introducían el matiz festivo propio de la fecha. Elegí un modelo de Jimmy Choo con cristales y un acabado con reflejos dorados muy sutiles que aportaban luminosidad sin romper la armonía del look".

"El velo fue deliberadamente minimalista. Quería pureza, sin elementos superfluos. No llevé tocado; preferí un recogido estructurado y que mantenía esa sensación de limpieza arquitectónica. En cuanto a las joyas, tuve claro desde el principio que serían de Pedro Rodríguez Joyeros. Opté por unos pendientes diseñados por José Sangil en oro blanco con diamantes talla brillante. Su silueta estilizada se abría ligeramente en la parte inferior, generando una forma geométrica sutil que aportaba movimiento y un punto de luz sofisticado".

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placeholder Detalles del look de la novia. (Fotos Diego de Rando/ Derando Studio Wedding)
Detalles del look de la novia. (Fotos Diego de Rando/ Derando Studio Wedding)

En una boda sin flores, el ramo de la novia era de todo menos convencional. "Fue una pieza creada específicamente para el evento: cinco anthurium confeccionados a mano en tela color marrón chocolate, mi tono favorito".

Hablamos ahora de los looks del novio, uno para la ceremonia y otro para la celebración. "Javier apostó por un chaqué gris marengo con raya diplomática en tejido de Vitale Barberis Canonico, confeccionado a medida en Púgil Store. Después cambió al esmoquin, también a medida en Púgil Store. Durante todo el día llevó un Cartier Santos-Dumont en oro amarillo con esfera gris marengo. Una pieza icónica, de líneas depuradas y elegancia atemporal, que funcionó como hilo conductor entre ambos looks".

El día de fin de año, el día de su boda, Lola quiso lucir un 'make up' fiel a su estilo. "El maquillaje era un punto delicado porque en mi día a día apenas me maquillo. Tenía claro que quería algo que realzara mis rasgos sin enmascararlos, que respetara mis pecas y mantuviera mi identidad intacta. Raúl Castaño entendió esa idea desde el primer momento. El resultado fue una piel luminosa, muy trabajada pero imperceptible, con la frescura justa y sin excesos". En cuanto al peinado, "confié en Jaime Lozano sin dudarlo. Su forma de trabajar es muy precisa, casi intuitiva. Consiguió un recogido estructurado que evolucionó a lo largo del día sin perder elegancia ni movimiento".

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placeholder Disfrutando de su boda. (Fotos Diego de Rando/ Derando Studio Wedding)
Disfrutando de su boda. (Fotos Diego de Rando/ Derando Studio Wedding)

Sus 174 invitados, "no buscábamos cantidad, sino reunir a las personas que realmente forman parte de nuestra historia, en un entorno donde cada uno pudiera vivir la experiencia con nosotros", y por supuesto, Javier con la madrina, aguardaban en el interior del templo la llegada de Lola. "De la ceremonia me quedo con la entrada al Real Monasterio al caer la tarde agarrada del brazo de mi padre. La luz descendiendo lentamente, las velas marcando el recorrido y ese silencio contenido previo al inicio generaron una escena de una fuerza casi cinematográfica", rememora.

Cuando Lola y Javier ya estaban casados ante los ojos de Dios, cambiaron de ubicación. "Uno de los momentos más impactantes fue la llegada a la Cartuja de Ara Christi, donde una alfombra roja descendía desde la fachada nada más entrar, marcando el inicio de una nueva atmósfera".

Para decorar el espacio, los novios contrataron los servicios de un director creativo, "algo poco habitual en el universo nupcial", señala. "La intención era construir una narrativa, no simplemente ambientar espacios. Cada zona debía tener carácter, ritmo y coherencia. De la celebración, sin duda, me quedo con la transformación constante de los espacios a lo largo de la noche. La iluminación fue determinante: cada ambiente tenía su propia identidad y evolucionaba con el ritmo del evento, casi como si se tratara de distintos actos dentro de un mismo museo de arte".

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placeholder Lola bailando con su padre. (Fotos Diego de Rando/ Derando Studio Wedding)
Lola bailando con su padre. (Fotos Diego de Rando/ Derando Studio Wedding)

La celebración se diseñó como un recorrido inmersivo con seis ambientes diferenciados, "cada uno con un nombre y personalidad propia, todos conectados entre sí". Por ejemplo, "el seating ocupaba una sala y se planteó como una instalación arquitectónica. Cada mesa estaba representada por una gran plancha de metacrilato, con los nombres de los invitados grabados a láser. O en el banquete se diseñó una auténtica pared musical con un grupo de jazz formado por diez músicos, integrados en los arcos de la arquitectura, como si el propio espacio cobrara vida".

La gastronomía fue acompañando al ritmo de la noche. "Comenzamos con bogavante vivo nacional, seguido de un bisqué de gambas con vieira y langostino salteados y quenelle de salmón. Como transición, un sorbete de limón con vodka y albahaca aportó frescura antes del solomillo de ternera a la sal con milhojas de patata, puré de boniato y puerro frito. El broche dulce llegó con una tierra de brownie con helado de vainilla y sopa de chocolate caliente, acompañada de petit fours y licores".

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placeholder El fin de fiesta. (Fotos Diego de Rando/ Derando Studio Wedding)
El fin de fiesta. (Fotos Diego de Rando/ Derando Studio Wedding)

Como recuerdos para toda la vida, Lola Villar se queda con tres. El primero, "subirme al escenario y cantar 'Jóvenes Eternamente' junto a Pol 3.14". El segundo, "las campanadas, dar la bienvenida a 2026 junto a Javier, ya como marido y mujer, mientras los invitados intentaban asimilar lo que estaba ocurriendo, tuvo algo muy potente". Y tercero, "una fiesta de máscaras personalizadas bajo el código 'black tie' y nuestra entrada a caballo".

Meses después de su gran día, la novia nos revela su recomendación más valiosa. "Una boda requiere estructura y equipo. Elegir bien a los profesionales es fundamental, pero igual de importante es delegar con confianza y permitir que cada uno aporte su experiencia. Cuando hay alineación y liderazgo, todo fluye con precisión. Incluso los imprevistos dejan de ser problemas para convertirse en parte del proceso".

El día que Lola Villar y Javier Navarro tomaron la decisión de casarse, planificaron su enlace como una gran producción de cine. "Habíamos imaginado una boda con identidad, muy conceptual. Fue una experiencia inmersiva, casi una gala cinematográfica donde cada escena superaba a la anterior". Además de ellos como absolutos protagonistas, en el armario de la novia aguardaban tres diseños de Lorenzo Caprile. Su boda fue un deleite para los cinco sentidos.

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