A lo largo de los últimos años se ha destacado la importancia de la salud intestional, como baremo de la salud global del cuerpo. Por ello, cada vez son más los ´terminos vinculado a ella, como el protagonismo que han ganado los probióticos y los prebióticos. Compuestos que favorecen el bienestar digestivo e inmunitario en cualquier etapa de la vida, por ejemplo en la menopausia.
Aunque, a ellos hay que sumar un nuevo concepto: los postbióticos. Aunque menos conocidos, también son esenciales para entender cómo los probióticos benefician al organismo y la interacción con la microbiota intestinal. De hecho, están relacionados, ya que los postbióticos se forman cuando las bacterias buenas del intestino, llamadas probióticos, digieren ciertos tipos de fibra o alimentos, produciendo sustancias que benefician la salud.
El chucrut es un alimento fermentado muy beneficioso para la salud. (Pexels/ Jana Ohajdova)
Así, los postbióticos son productos metabólicos generados por microorganismos vivos, principalmente bacterias probióticas, durante el proceso de fermentación. Estos compuestos incluyen ácidos grasos de cadena corta, péptidos antimicrobianos, vitaminas, enzimas y otros componentes bioactivos que promueven la salud. Además, a diferencia de los probióticos, que son microorganismos vivos, y de los prebióticos, que son fibras que alimentan a estas bacterias beneficiosas, los postbióticos actúan directamente en el organismo tras ser producidos por los probióticos.
Unos aspectos técnicos que nos llevan al quid central de la cuestión: cuáles son sus beneficios para la salud. A nivel general, los postbióticos son fundamentales para mantener la barrera intestinal, reduciendo su permeabilidad y evitando la entrada de patógenos al torrente sanguíneo. A ello se suma que tienen propiedades antiinflamatorias y que estimulan la producción de células inmunitarias, mejorando la capacidad del cuerpo para combatir infecciones y enfermedades.
Además, algunos tipos de postbióticos, como el propionato, ayudan a regular la inflamación crónica, un factor de riesgo para enfermedades cardiovasculares y metabólicas. Los postbióticos también pueden influir positivamente en la sensibilidad a la insulina y los niveles de glucosa en sangre, contribuyendo a prevenir problemas metabólicos como la diabetes tipo 2. Lo que favorece en la regulación activa del metabolismo.
El kéfir es un fermentado perfecto para el intestino. (iStock)
Respecto a cómo consumirlos, la mayoría de los postbióticos se generan en el intestino a partir de probióticos y prebióticos, aunque también se encuentran en alimentos fermentados como el kéfir, los yogures naturales, los pepinillos en salmuera, el chucrut, la pasta miso o el vinagre de manzana (sin pasteurizar).
Además, para aprovechar al máximo los beneficios de los postbióticos, se recomienda tomar fibra prebiótica, presente en alimentos como las alcachofas, plátanos y cebollas, lo que resulta crucial para maximizar su producción en el intestino. Eso sí, siempre es fundamental consultar con un profesional sanitario o nutricional, especialmente en el caso de problemas digestivos o de enfermedades crónicas.
A lo largo de los últimos años se ha destacado la importancia de la salud intestional, como baremo de la salud global del cuerpo. Por ello, cada vez son más los ´terminos vinculado a ella, como el protagonismo que han ganado los probióticos y los prebióticos. Compuestos que favorecen el bienestar digestivo e inmunitario en cualquier etapa de la vida, por ejemplo en la menopausia.