La higiene personal es una parte fundamental del autocuidado y la salud, pero a menudo se generan dudas sobre prácticas tan cotidianas como la forma de ducharse. ¿Es mejor usar esponja o enjabonarse directamente con las manos? Aunque pueda parecer un detalle menor, la elección puede tener consecuencias para la piel y la proliferación de microorganismos.
El enfermero Jorge Ángel, especializado en divulgación sanitaria, aclara esta cuestión en un vídeo publicado en sus redes sociales: “La ciencia dice que es mejor enjabonar con las manos porque en la esponja se acumula mucha humedad y es el caldo de cultivo perfecto para el crecimiento de hongos, bacterias”. La humedad constante que queda en la esponja tras la ducha favorece que proliferen estos microorganismos, lo que puede derivar en infecciones cutáneas, irritaciones o malos olores.
No obstante, el profesional señala que quienes estén muy acostumbrados a la esponja no tienen por qué renunciar a ella si toman ciertas precauciones: “Lo suyo sería que fuese suave para no irritar la piel, por ejemplo, de materiales naturales. Cambiarla de vez en cuando, sobre todo si empieza a oler mal o está muy deteriorada”. El deterioro o el mal olor son signos de que la esponja puede albergar microorganismos y que es momento de sustituirla por una nueva.
Además, Jorge Ángel destaca la importancia de su mantenimiento: “Cuando terminéis es importante escurrirla muy muy bien y dejarla que se seque en un lugar ventilado”. Esto reduce la humedad residual y limita la proliferación de bacterias y hongos, prolongando la vida útil de la esponja y haciendo su uso más seguro.
La esponja debemos cambiarla con regularidad. (Freepik)
En caso de irritación persistente, infecciones recurrentes o dudas sobre la mejor forma de cuidar la piel, es fundamental consultar a un profesional sanitario o dermatólogo que valore cada caso de forma individual y ofrezca recomendaciones personalizadas.
La higiene personal es una parte fundamental del autocuidado y la salud, pero a menudo se generan dudas sobre prácticas tan cotidianas como la forma de ducharse. ¿Es mejor usar esponja o enjabonarse directamente con las manos? Aunque pueda parecer un detalle menor, la elección puede tener consecuencias para la piel y la proliferación de microorganismos.