En un país donde el pan es un elemento casi sagrado en la mesa, no deja de sorprender la contundencia del mensaje del doctor Francisco Rosero, endocrinólogo especializado en metabolismo y nutrición: “El pan blanco industrial es el peor carbohidrato para empezar el día”. Y no lo dice como una exageración, sino como una advertencia basada en evidencia científica sobre los efectos metabólicos de este alimento tan cotidiano como cuestionado.
En España, hasta un 90% de la población consume pan en el desayuno, según diversas encuestas alimentarias. Sin embargo, la mayoría opta por variedades refinadas, dejando de lado opciones más nutritivas como el pan integral o de masa madre. Para Rosero, este hábito representa mucho más que una simple preferencia cultural: es una mala elección que puede impactar negativamente en la salud metabólica.
“El pan blanco, especialmente el industrial, carece de fibra, proteínas y micronutrientes esenciales. Al eliminar el salvado y el germen del grano durante el proceso de refinado, se convierte prácticamente en azúcar para el cuerpo”, explica el endocrino. Una de las principales preocupaciones del especialista es el impacto del pan blanco en los niveles de glucosa en sangre. Al digerirse con rapidez, provoca una subida súbita del azúcar en el organismo, seguida de una caída que suele manifestarse en forma de fatiga, hambre prematura y dificultades para concentrarse.
“Estos efectos son especialmente nocivos por la mañana, cuando el cuerpo necesita energía sostenida y nutrientes reales para empezar el día con claridad mental y estabilidad hormonal”, argumenta Rosero. Peor aún, si la glucosa no se utiliza de inmediato como fuente de energía, se convierte en triglicéridos y se almacena en el hígado, contribuyendo a problemas como el hígado graso, una condición cada vez más frecuente en la población adulta.
La experta advierte sobre el consumo de pan blanco. (Pexels / Antoni Shkraba Studio)
Pero la preocupación del doctor Rosero va más allá de la carga glucémica del pan blanco. Señala con firmeza los aditivos utilizados en su producción industrial, como la azodicarbonamida y el peróxido de benzoilo, utilizados para mejorar la textura y blanquear la harina. “Algunos de estos componentes han sido prohibidos en países como el Reino Unido o Australia por su potencial toxicidad. Sin embargo, siguen presentes en muchos productos de consumo diario en España”, alerta el médico.
Incluso las populares tostadas no se salvan del escrutinio. “Aunque parezcan una opción más ligera, son esencialmente lo mismo que el pan blanco. Y si están tostadas, además pueden contener acrilamida, un compuesto potencialmente tóxico que se forma a altas temperaturas”. No todo es negativo. Rosero ofrece alternativas viables y saludables, empezando por el pan de masa madre elaborado con harina 100% integral y sin azúcares añadidos. Gracias a su fermentación natural, este tipo de pan mejora la digestibilidad, reduce parcialmente el gluten y permite una mejor absorción de los minerales. Su contenido en fibra también ayuda a prolongar la saciedad y estabilizar los niveles de azúcar en sangre.
En un país donde el pan es un elemento casi sagrado en la mesa, no deja de sorprender la contundencia del mensaje del doctor Francisco Rosero, endocrinólogo especializado en metabolismo y nutrición: “El pan blanco industrial es el peor carbohidrato para empezar el día”. Y no lo dice como una exageración, sino como una advertencia basada en evidencia científica sobre los efectos metabólicos de este alimento tan cotidiano como cuestionado.