Juan Manuel García, experto en ciencias del comportamiento: "Una persona que nos está mintiendo sufre estos cambios físicos"
El comportamiento humano sigue guardando secretos que la ciencia empieza a descifrar. Un reciente hallazgo ha llevado a un especialista a replantearse una de sus creencias más firmes
Juan Manuel García en su video explicando cuáles son los cambios físicos de una persona que miente (Tik Tok @cienciascomportamiento)
En un reciente vídeo, el experto en ciencias del comportamiento Juan Manuel García abordó un fenómeno muy sorprendente. Identificar cómo cambia la temperatura de nuestro rostro cuando decimos una mentira. García reconoció que hasta ahora creía que no existía “ningún gesto que por sí solo nos pudiera decir que una persona está mintiendo activamente”.
Sin embargo, una investigación del Centro de Investigación Mente, Cerebro y Comportamiento de la Universidad de Granada le ha hecho replantearse esa idea. Mentir puede ser un arte para algunos, pero para el cuerpo es un reto difícil de disimular. Incluso cuando creemos tenerlo todo bajo control, nuestro organismo deja pistas medibles. Y no son gestos nerviosos ni miradas esquivas, sino cambios de temperatura que se pueden detectar con la tecnología adecuada.
El estudio, publicado en la revista Journal of Investigative Psychology and Offender Profiling, señala que cuando una persona miente, la temperatura de la punta de su nariz puede descender hasta 1,2 grados, mientras que la frente aumenta hasta 1,5 grados. “Si las matemáticas no me engañan, llega a haber una diferencia de hasta 2,7 grados entre la punta de la nariz y la frente”, comentó el especialista. Según la investigación, cuanto mayor es esa diferencia térmica, mayor es la probabilidad de que la persona esté mintiendo.
Este patrón ha sido detectado gracias al uso de cámaras térmicas de alta precisión, capaces de registrar cambios mínimos. Para García, lo interesante es que este fenómeno parece producirse de manera automática, como respuesta fisiológica al estrés cognitivo y emocional que implica inventar una falsedad. “La nariz se enfría y la frente se calienta”, resumió, antes de bromear con que se había hecho una “nota mental” para comprar una cámara térmica.
Claves para dejar las discusiones atrás. (Pexels)
El experto también matizó que este hallazgo no convierte a la termografía facial en un detector de mentiras infalible, pero sí ofrece una herramienta útil para comprender mejor cómo el cuerpo reacciona ante el engaño. En ámbitos como la investigación criminal, estos datos podrían complementar otras técnicas de análisis de credibilidad. “Cuanto más entendamos las reacciones físicas que acompañan a la mentira, más preciso será nuestro trabajo al interpretarlas”, apuntó.
Para la vida cotidiana, el estudio deja una reflexión interesante ya que, aunque podamos controlar lo que decimos, nuestro cuerpo sigue hablando por nosotros. Incluso cuando intentamos engañar, la temperatura de nuestro rostro puede contar una historia muy distinta.
En un reciente vídeo, el experto en ciencias del comportamiento Juan Manuel García abordó un fenómeno muy sorprendente. Identificar cómo cambia la temperatura de nuestro rostro cuando decimos una mentira. García reconoció que hasta ahora creía que no existía “ningún gesto que por sí solo nos pudiera decir que una persona está mintiendo activamente”.