Dejar la puerta de la lavadora abierta tras un ciclo se ha convertido en una costumbre muy extendida. La lógica parece sencilla: permitir que el tambor se ventile y evitar así la acumulación de humedad, olores desagradables o manchas de moho. Sin embargo, este hábito, que en principio suena recomendable, puede generar el efecto contrario si se lleva al extremo.
El interior de la lavadora, efectivamente, queda húmedo después de cada uso, y esa humedad favorece la proliferación de bacterias y hongos. Por eso muchos usuarios creen que lo mejor es dejar la puerta abierta durante horas o incluso de manera permanente.
Es importante cuidar la lavadora para que dure más tiempo. (Freepik / pvproductions)
No obstante, expertos en mantenimiento de electrodomésticos advierten que hacerlo sin medida puede desgastar piezas clave como las bisagras y las gomas de cierre, que no están diseñadas para soportar tanta tensión de forma continua. Con el tiempo, esto puede provocar fugas de agua o problemas para cerrar la puerta correctamente.
Los expertos aconsejan encontrar un punto medio a la hora de ventilar la lavadora. Tal como explican desde "Better Homes & Gardens", basta con dejar la puerta entreabierta el tiempo suficiente para que la humedad se evapore y evitar así la aparición de moho y malos olores. Eso sí, conviene no dejarla abierta permanentemente, ya que puede acumular polvo en el interior y someter a las bisagras a un desgaste innecesario.
No debe quedarse abierta la puerta por mucho tiempo. (Freepik)
Además de este gesto, los especialistas aconsejan seguir algunas rutinas de limpieza que marcan la diferencia. Secar con un paño las juntas de goma tras cada lavado evita que se acumulen restos de detergente y humedad, un caldo perfecto para el moho.
Realizar un ciclo de limpieza mensual, con agua caliente y vinagre blanco o productos específicos, también ayuda a mantener el tambor libre de bacterias. Y no hay que olvidar la importancia de lavar de vez en cuando a altas temperaturas, sobre todo ropa de cama y toallas, para eliminar microorganismos resistentes.
Un buen mantenimiento hará que nuestra lavadora funcione mejor. (Freepik)
Con estas sencillas pautas, la lavadora no solo se mantiene fresca y sin malos olores, sino que también prolonga su vida útil. La clave está en ventilar, sí, pero con moderación, evitando que una práctica útil se convierta en un error que acorte la salud del electrodoméstico.
Dejar la puerta de la lavadora abierta tras un ciclo se ha convertido en una costumbre muy extendida. La lógica parece sencilla: permitir que el tambor se ventile y evitar así la acumulación de humedad, olores desagradables o manchas de moho. Sin embargo, este hábito, que en principio suena recomendable, puede generar el efecto contrario si se lleva al extremo.