Rafael Guzmán García, psiconeuroinmunólogo: "La ferritina nos está enseñando que hay una carencia de nuestro reservorio de sangre"
El experto insiste en interpretarla con contexto y advierte de que tanto valores bajos como muy altos requieren una lectura clínica cuidadosa
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La ferritina suele pasar desapercibida en una analítica, como si fuera un dato secundario. Sin embargo, puede contar bastante sobre el estado de tus reservas de hierro y, en algunos casos, sobre procesos inflamatorios que están ocurriendo en el cuerpo. El psiconeuroinmunólogo Rafael Guzmán García lo resume con una frase clara. “La ferritina nos está enseñando que hay una carencia de nuestro reservorio de hierro”.
Guzmán recuerda que la ferritina funciona como depósito de hierro, sobre todo a nivel hepático. Cuando aparece baja, lo más frecuente es que indique que las reservas están disminuyendo. Ese descenso no siempre se nota de golpe, pero puede traducirse en síntomas muy comunes. Más cansancio, sensación de debilidad o dificultad para concentrarte son señales que, según explica, suelen acompañar a un hierro bajo sostenido en el tiempo.
El problema, apunta, es que muchas personas ven una ferritina baja y no le dan importancia si otros valores “no parecen alarmantes”. Para evitar que el déficit se cronifique, plantea un umbral orientativo. “No debes permitir que esa ferritina baje de 30-40 como mínimo”, comenta, con la idea de que una cifra baja mantenida puede traer consecuencias a largo plazo. Aun así, insiste en que los resultados siempre deben valorarse según tu situación clínica, edad, síntomas y resto de parámetros.
La advertencia cambia cuando la ferritina sale alta. En ese caso, Guzmán explica que no hay que pensar automáticamente en “demasiado hierro”, porque con frecuencia el aumento refleja otra cosa. Habla de una señal compatible con inflamación o infección, y menciona el papel de la hepcidina, una hormona que puede bloquear la absorción y la liberación de hierro como mecanismo de seguridad. El objetivo, entre otros, es limitar el hierro disponible para microorganismos que lo necesitan para multiplicarse.
De ahí su consejo más práctico. Si la ferritina está muy elevada pero el hierro sérico está bajo, “la solución no está en tomar hierro”. En ese escenario, sugiere buscar la causa que está activando esa respuesta inflamatoria, porque suplementar sin diagnóstico puede ser inútil o incluso contraproducente.
El mensaje final es sencillo. Las analíticas pueden ser una herramienta de prevención si se interpretan bien. La ferritina puede hablar de reservas bajas, pero también de inflamación. Por eso, más que quedarse con un número, conviene mirar el conjunto y consultar con un profesional para entender qué está pasando y qué pasos tienen sentido.
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La ferritina suele pasar desapercibida en una analítica, como si fuera un dato secundario. Sin embargo, puede contar bastante sobre el estado de tus reservas de hierro y, en algunos casos, sobre procesos inflamatorios que están ocurriendo en el cuerpo. El psiconeuroinmunólogo Rafael Guzmán García lo resume con una frase clara. “La ferritina nos está enseñando que hay una carencia de nuestro reservorio de hierro”.