Durante décadas, la violencia se ha entendido como una fuerza que limita, prohíbe o excluye. Sin embargo, muchas de las formas de malestar que atraviesan hoy a la sociedad no responden a esa lógica visible y directa. El cansancio crónico, la ansiedad o la sensación permanente de no llegar a todo se han normalizado en un contexto que, paradójicamente, presume de libertad y oportunidades ilimitadas.
Sobre esta contradicción reflexiona el filósofo Byung-Chul Han en 'La sociedad del cansancio', uno de sus ensayos más influyentes. En el primer capítulo del libro introduce el concepto de “violencia de la positividad”, una forma de presión que no actúa mediante la prohibición, sino a través del exceso. “La violencia de la positividad no priva, satura; no excluye, agota”, escribe para describir un modelo social que empuja al individuo a rendir sin descanso.
Byung-Chul, Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2025. (EFE)
Según Han, la sociedad contemporánea ha dejado atrás el paradigma disciplinario del “debes” o el “no puedes” para instalarse en una lógica del rendimiento constante. Ya no es necesaria una autoridad externa que imponga límites: el propio sujeto se convierte en su principal exigente, impulsándose a producir, optimizarse y superarse de forma continua.
Esta dinámica genera, en palabras del filósofo, sujetos aparentemente libres pero profundamente agotados. El mandato permanente de poder más elimina los espacios de pausa, de límite y de descanso. El resultado no es la represión clásica, sino el colapso emocional: burnout, depresión y una fatiga que no se resuelve con desconectar unas horas.
Byung-Chul Han, en una imagen de archivo. (EFE)
Para Han, la positividad absoluta no es sinónimo de bienestar. Al contrario, el exceso de estímulos, de opciones y de autoexigencia produce una violencia silenciosa que no castiga desde fuera, sino que opera desde dentro. Una presión que se interioriza y que acaba desgastando al individuo sin necesidad de prohibiciones explícitas.
'La sociedad del cansancio' se ha convertido así en una obra clave para entender el malestar contemporáneo. No ofrece soluciones inmediatas, pero sí una mirada crítica que invita a cuestionar una cultura que confunde libertad con rendimiento y éxito con agotamiento permanente.
Durante décadas, la violencia se ha entendido como una fuerza que limita, prohíbe o excluye. Sin embargo, muchas de las formas de malestar que atraviesan hoy a la sociedad no responden a esa lógica visible y directa. El cansancio crónico, la ansiedad o la sensación permanente de no llegar a todo se han normalizado en un contexto que, paradójicamente, presume de libertad y oportunidades ilimitadas.