Zygmunt Bauman, filósofo: “La superficie de la tierra es nuestra propiedad común, ninguno de nosotros tiene más “derecho” a ocuparla que ningún otro miembro de la especie humana”
Zygmunt Bauman, filósofo: “La superficie de la tierra es nuestra propiedad común, ninguno de nosotros tiene más “derecho” a ocuparla que ningún otro miembro de la especie humana”
En un siglo XXI marcado por desafíos globales, esa reflexión invita a repensar no solo la convivencia entre humanos
En un mundo marcado por tensiones geopolíticas, desigualdades económicas y debates sobre soberanía territorial, la reflexión del filósofo Zygmunt Bauman cobra una sorprendente actualidad: “La superficie de la tierra es nuestra propiedad común, ninguno de nosotros tiene más ‘derecho’ a ocuparla que ningún otro miembro de la especie humana”. Esta frase, extraída de uno de sus ensayos sobre globalización y estructura social, plantea una cuestión radical sobre la manera en que entendemos la pertenencia, la propiedad y la convivencia en un planeta finito.
Bauman parte de una observación que remite, en parte, al pensamiento de Immanuel Kant: la tierra, por su forma esférica, no permite una expansión infinita y obliga a todos los seres humanos a compartir el mismo espacio. En su análisis, la creencia de que ciertos grupos, naciones o individuos tienen un derecho superior a ocupar más territorio es, en última instancia, insostenible. La superficie del mundo, como recurso finito y común, reclama una mirada que vaya más allá de la lógica del dominio y la segmentación territorial.
Zygmunt Bauman, en una foto de archivo. (EFE)
Esta idea desafía conceptos arraigados en nuestra cultura jurídica y política sobre la propiedad. Mientras el derecho moderno suele considerar la tierra como un bien susceptible de titularidad privada o estatal, Bauman invita a repensar esa visión desde una perspectiva ética y global. El filósofo sugiere que la historia humana —marcada por la colonización, la guerra territorial y la explotación de recursos— ha reforzado una ilusión de derechos exclusivos sobre espacios que, en realidad, todos compartimos.
Desde su enfoque, la manera en que distribuimos y ocupamos la superficie del planeta refleja, en muchos sentidos, las tensiones más profundas de nuestra época: desigualdad, migraciones forzadas, acceso desigual a recursos y crisis ambientales. Hablar de la tierra como propiedad común implica pensar más allá de fronteras y títulos de propiedad; implica reconocer que ningún grupo humano puede reclamar una prioridad ontológica sobre otro. Esto no es solo una observación geográfica, sino una declaración ética de igualdad radical.
Zygmunt Bauman, en una foto de archivo. (EFE)
Las implicaciones de esta postura son amplias. Primero, replantea la forma en que abordamos los conflictos territoriales contemporáneos, sugiriendo que muchos de ellos se sustentan en una lógica de privilegio y exclusión más que en un derecho legítimo. Segundo, conecta con la noción de recursos como bienes comunes, es decir, elementos esenciales para la vida humana que no deberían estar sujetos exclusivamente a circuitos de mercado o a la posesión privada.
Desde el punto de vista ambiental, esta lectura crítica de la propiedad territorial también resuena con las discusiones contemporáneas sobre el cambio climático y la justicia climática. El planeta que compartimos es afectado por decisiones que exceden los límites de cualquier Estado o individuo; así, la responsabilidad de su cuidado también debería ser compartida. La idea de que la tierra es un patrimonio común contrapone la lógica del “dueño” frente a la del “custodio” del planeta.
En un mundo marcado por tensiones geopolíticas, desigualdades económicas y debates sobre soberanía territorial, la reflexión del filósofo Zygmunt Bauman cobra una sorprendente actualidad: “La superficie de la tierra es nuestra propiedad común, ninguno de nosotros tiene más ‘derecho’ a ocuparla que ningún otro miembro de la especie humana”. Esta frase, extraída de uno de sus ensayos sobre globalización y estructura social, plantea una cuestión radical sobre la manera en que entendemos la pertenencia, la propiedad y la convivencia en un planeta finito.