Es noticia
Menú
Juan Manuel Liquindoli, etólogo: "Un perro no ama a cualquiera, sino que prioriza la compañía de ciertos individuos"
  1. Vida saludable
perros

Juan Manuel Liquindoli, etólogo: "Un perro no ama a cualquiera, sino que prioriza la compañía de ciertos individuos"

La conclusión del etólogo invita a mirar el mundo canino desde su propia naturaleza

Foto: El experto en perros. (@juanmaliqui)
El experto en perros. (@juanmaliqui)

Las relaciones afectivas entre perros suelen interpretarse desde una mirada humana que, en ocasiones, simplifica un comportamiento mucho más complejo. Para comprender cómo se vinculan estos animales, el etólogo Juan Manuel Liquindoli explica que no es correcto trasladar el concepto de amor romántico humano al mundo canino. Según señala, los perros no se enamoran como las personas, pero sí son capaces de construir vínculos profundos, estables y cargados de significado dentro de su propia forma de interacción social.

El especialista advierte que incluso el amor romántico entre humanos es un fenómeno difícil de definir desde la ciencia, por lo que resulta aún más arriesgado aplicarlo a otras especies. En lugar de hablar de enamoramiento, propone observar cómo los perros generan lo que la etología denomina vínculos afiliativos, es decir, relaciones que se consolidan con el tiempo a partir de experiencias compartidas y de la elección reiterada de ciertos individuos dentro de su entorno social.

A diferencia de una atracción instantánea o un flechazo, estos lazos se construyen de forma progresiva. Liquindoli explica que los perros muestran preferencias claras dentro de su grupo social: eligen con quién jugar con mayor frecuencia, con quién descansar o con quién toleran mejor los errores que puedan surgir durante las interacciones lúdicas. Esa selección no es aleatoria, sino el resultado de una historia de convivencia que se refuerza diariamente.

La idea de elección repetida es fundamental para entender su comportamiento social. “Un perro no ama a cualquiera, sino que prioriza la compañía de ciertos individuos y construye con ellos una relación que se refuerza día a día”, señala el etólogo. Esta preferencia se refleja en conductas como la búsqueda voluntaria de proximidad, el hecho de seguir a la persona o animal elegido de una habitación a otra o la tendencia a descansar cerca de quien consideran parte de su círculo de confianza.

placeholder Un hombre con su perro (iStock)
Un hombre con su perro (iStock)

Estos vínculos también se manifiestan en el juego y en la resolución de conflictos sociales. Durante las interacciones lúdicas, los perros suelen ajustar su intensidad para que la actividad resulte agradable para ambos participantes. Después de un desacuerdo o un juego demasiado brusco, pueden aparecer conductas de apaciguamiento como girar la cabeza, lamer al otro o cambiar a una actividad más tranquila, señales que buscan preservar la estabilidad del vínculo.

El experto también insiste en no confundir estos lazos con los procesos biológicos asociados a la reproducción. El interés que aparece durante el celo responde principalmente a factores hormonales y es de carácter transitorio. “El interés durante el celo es hormonal y no implica enamoramiento ni pareja estable; reproducción y vínculo afectivo no son lo mismo”, explica Liquindoli, subrayando que las conductas de cortejo o montaje están impulsadas por la biología y no por una relación emocional permanente.

Las relaciones afectivas entre perros suelen interpretarse desde una mirada humana que, en ocasiones, simplifica un comportamiento mucho más complejo. Para comprender cómo se vinculan estos animales, el etólogo Juan Manuel Liquindoli explica que no es correcto trasladar el concepto de amor romántico humano al mundo canino. Según señala, los perros no se enamoran como las personas, pero sí son capaces de construir vínculos profundos, estables y cargados de significado dentro de su propia forma de interacción social.

Bienestar
El redactor recomienda