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Nazareth Castellanos, neurocientífica: "Observando una tercera fase de respiración, vemos si esa fase se nos está prolongando mucho y sabemos que el cuerpo está generando más ansiedad"
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Nazareth Castellanos, neurocientífica: "Observando una tercera fase de respiración, vemos si esa fase se nos está prolongando mucho y sabemos que el cuerpo está generando más ansiedad"

La neurocientífica explica que, además de inhalar y exhalar, existe una tercera fase que puede revelar el nivel de ansiedad del cuerpo si se prolonga más de lo habitual

Foto: Nazareth Castellanos (Youtube)
Nazareth Castellanos (Youtube)

Respirar parece un acto automático, casi invisible, pero cada vez hay más especialistas que insisten en que observar cómo lo hacemos puede dar muchas pistas sobre nuestro estado físico y emocional. La neurocientífica Nazareth Castellanos pone el foco en un detalle poco conocido de la respiración que, según explica, puede estar muy relacionado con la ansiedad: una pausa natural que aparece justo después de soltar el aire.

Esa pausa no forma parte de lo que normalmente se enseña cuando se habla de respiración. Lo habitual es pensar en dos tiempos: inhalar y exhalar. Sin embargo, Castellanos explica que su grupo de investigación ha identificado una tercera fase. Después de coger aire y expulsarlo, el cuerpo tiende a quedarse unos instantes en reposo, sin volver a inhalar de inmediato. A ese momento lo llama “apnea post-exhalación”, una pequeña retención natural que ocurre tras exhalar.

Lo interesante, según detalla, es que esa fase no depende solo del sistema respiratorio, sino también de áreas del cerebro relacionadas con el mundo emocional. “Esa tercera fase de la respiración depende de las estructuras cerebrales que están más involucradas en la emoción, como por ejemplo la ansiedad”, señala.

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A partir de ahí, la observación de la respiración adquiere un nuevo sentido. Cuando una persona atraviesa un estado de mayor activación ansiosa, esas zonas cerebrales también se activan más y pueden modificar ese pequeño descanso respiratorio. Lo que sucede entonces, dice Castellanos, es que la pausa se alarga más de lo habitual. “Cuando tenemos mucha ansiedad, esas zonas del cerebro están muy activadas y lo que producen es que esa apnea se prolongue”, explica.

placeholder Respirar mejor consumiendo estas frutas. (Pexels)
Respirar mejor consumiendo estas frutas. (Pexels)

La imagen que utiliza es muy clara: una persona toma aire, lo expulsa y luego se queda unos segundos detenida, como si al cerebro le costara volver a arrancar el siguiente ciclo. No se trata de una decisión voluntaria, sino de una respuesta del organismo. Y precisamente por eso puede convertirse en una pista útil para entender cómo está funcionando el cuerpo en ese momento.

La neurocientífica subraya que observar esa pausa puede ayudar a detectar señales de ansiedad antes incluso de ponerles nombre. “Observando la respiración, vemos si esa fase se nos está prolongando mucho, pues sabemos que el cuerpo está generando más ansiedad”, resume. No plantea esta idea como un diagnóstico clínico, sino como una herramienta de observación corporal que puede servir para conocerse mejor.

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Esta forma de mirar la respiración encaja con una idea cada vez más presente en el ámbito del bienestar: el cuerpo suele dar señales antes de que la mente termine de ordenar lo que está ocurriendo. Un cambio en el ritmo respiratorio, una pausa más larga de lo habitual o una sensación de bloqueo después de exhalar pueden ser pequeñas alertas de que algo está desregulado.

Respirar no solo sirve para oxigenar el cuerpo; también puede reflejar, con bastante precisión, cómo se está moviendo el sistema nervioso. Y en ese mapa sutil de inhalaciones, exhalaciones y pausas, la ansiedad también deja huella.

Respirar parece un acto automático, casi invisible, pero cada vez hay más especialistas que insisten en que observar cómo lo hacemos puede dar muchas pistas sobre nuestro estado físico y emocional. La neurocientífica Nazareth Castellanos pone el foco en un detalle poco conocido de la respiración que, según explica, puede estar muy relacionado con la ansiedad: una pausa natural que aparece justo después de soltar el aire.

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