Muchas veces se repite que el perro es el mejor amigo del ser humano, una idea que no surge por casualidad. Su lealtad, su capacidad para acompañar y el vínculo emocional que establecen con las personas los convierten en uno de los animales más cercanos a la vida cotidiana. Sin embargo, la convivencia no siempre es sencilla y algunos comportamientos, como las peleas o los ladridos excesivos, generan preocupación entre los dueños. Para el etólogo Juan Manuel Liquindoli, estas situaciones suelen tener una explicación clara: “Los perros no se pelean de la nada, muchas veces pasa porque nadie les dio otra vía de escape”.
Según explica el especialista, cada perro tiene su propio carácter y no todos reaccionan igual ante los mismos estímulos. Por eso, cuando un animal tiende a mostrarse reactivo o a enfrentarse con otros, no significa necesariamente que sea agresivo. En muchos casos, el problema radica en que no dispone de herramientas para gestionar la tensión. Cuando la interacción se vuelve demasiado intensa y el perro no encuentra una salida clara, el conflicto se convierte en la única opción que percibe.
Este tipo de situaciones se repite con frecuencia en espacios donde coinciden varios animales, como parques o zonas de paseo. En estos lugares, la acumulación de estímulos, la cercanía entre perros y el aumento de la excitación del grupo pueden generar un ambiente propenso al conflicto. Si, además, los animales no son capaces de autorregularse o no tienen espacio suficiente para separarse, las probabilidades de que surja una pelea aumentan notablemente.
Uno de los conceptos que destaca Liquindoli es el de la “correa invisible”. Con esta idea se refiere al vínculo que mantiene el perro con su tutor incluso cuando está suelto. Muchos animales toman a la persona como punto de referencia y ajustan su comportamiento en función de su posición. De este modo, la forma en la que actúa el dueño puede influir directamente en la evolución de la situación antes de que aparezca el conflicto.
Este es el error que cometemos al limpiar a nuestros perros (Pexels)
Otra estrategia útil consiste en gestionar las distancias entre perros, especialmente en espacios abiertos. El uso de correas largas permite dar libertad de movimiento al animal, pero también facilita intervenir si la situación lo requiere. De esta forma, se crean momentos de calma y se reduce la probabilidad de que la interacción escale hacia un enfrentamiento.
Muchas veces se repite que el perro es el mejor amigo del ser humano, una idea que no surge por casualidad. Su lealtad, su capacidad para acompañar y el vínculo emocional que establecen con las personas los convierten en uno de los animales más cercanos a la vida cotidiana. Sin embargo, la convivencia no siempre es sencilla y algunos comportamientos, como las peleas o los ladridos excesivos, generan preocupación entre los dueños. Para el etólogo Juan Manuel Liquindoli, estas situaciones suelen tener una explicación clara: “Los perros no se pelean de la nada, muchas veces pasa porque nadie les dio otra vía de escape”.