El ejercicio físico es uno de los pilares fundamentales para mantener una buena salud a cualquier edad, pero cobra una importancia especial a partir de los 55 años. Diversos entrenadores y especialistas coinciden en que pequeños hábitos cotidianos, como caminar todos los días al menos 20 minutos o preferir las escaleras al ascensor, pueden marcar una diferencia significativa en el bienestar y en la prevención de enfermedades asociadas al envejecimiento.
Optar por subir escaleras en lugar de coger el ascensor. (Pexels)
Las recomendaciones coinciden con las pautas generales de salud pública. Según expertos en actividad física, mantener una rutina moderada y constante es más efectivo que realizar esfuerzos intensos de manera puntual. De hecho, la Organización Mundial de la Salud aconseja a partir de los 65 años realizar entre 150 y 300 minutos semanales de actividad física de intensidad moderada, lo que equivale aproximadamente a unos 30 minutos diarios. Además, se recomienda complementar el ejercicio aeróbico con actividades de fortalecimiento muscular al menos dos veces por semana.
Este enfoque se enmarca dentro del concepto de “envejecimiento activo”, una estrategia que busca mejorar la calidad de vida durante la madurez. No se limita únicamente al ejercicio físico, sino que también incluye el aprendizaje continuo, la interacción social, una alimentación equilibrada y una adecuada gestión emocional. Sin embargo, la actividad física se mantiene como uno de los pilares centrales de este modelo.
Los datos reflejan la importancia de incorporar hábitos saludables incluso si no se han practicado antes. La Encuesta de Hábitos Deportivos del Ministerio de Educación, Formación Profesional y Deportes señala que un 4% de la población comenzó a realizar actividad física a partir de los 55 años, una decisión que contribuye a prevenir el deterioro asociado al paso del tiempo.
Así debes caminar para obtener sus beneficios. (Pexels / cottonbro studio)
A estas pautas se suman otros hábitos igualmente beneficiosos, como realizar estiramientos suaves al levantarse y antes de acostarse para movilizar las articulaciones, o trabajar el equilibrio mediante ejercicios sencillos, como mantenerse sobre un pie durante unos segundos. Estas prácticas ayudan a reducir el riesgo de caídas y favorecen la estabilidad corporal.
El ejercicio físico es uno de los pilares fundamentales para mantener una buena salud a cualquier edad, pero cobra una importancia especial a partir de los 55 años. Diversos entrenadores y especialistas coinciden en que pequeños hábitos cotidianos, como caminar todos los días al menos 20 minutos o preferir las escaleras al ascensor, pueden marcar una diferencia significativa en el bienestar y en la prevención de enfermedades asociadas al envejecimiento.