El primer paso fundamental es asegurarse de que las prendas estén completamente secas antes de guardarlas. Incluso una mínima humedad puede favorecer la aparición de olores a cerrado. Por ello, es recomendable dejar que la ropa se airee unos minutos tras el secado, especialmente en tejidos gruesos como toallas, jerséis o sudaderas. Otro factor clave es el lavado. Utilizar la cantidad adecuada de detergente y evitar el exceso de suavizante ayuda a que las fibras se mantengan limpias durante más tiempo. Además, añadir un ciclo de aclarado extra puede eliminar restos de productos que, con el tiempo, pueden generar olores indeseados dentro del armario.
Por último, es recomendable airear la ropa de forma periódica, incluso cuando no se utiliza. Sacarla del armario durante unos minutos y permitir que reciba luz indirecta ayuda a eliminar olores acumulados. Este sencillo hábito, combinado con un buen lavado y almacenamiento adecuado, puede prolongar notablemente la sensación de limpieza.