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Javier Camiña, neurólogo, sobre prevenir enfermedades neurodegenerativas: "Ni sopa de letras ni sudokus, la simple repetición de una misma actividad tiene un beneficio pequeño a largo plazo"
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Javier Camiña, neurólogo, sobre prevenir enfermedades neurodegenerativas: "Ni sopa de letras ni sudokus, la simple repetición de una misma actividad tiene un beneficio pequeño a largo plazo"

La prevención del deterioro cognitivo pasa cada vez más por hábitos variados, aprendizaje constante y una vida diaria activa, tanto física como socialmente

Foto: El doctor Javier Camiña (Clínica Rotger)
El doctor Javier Camiña (Clínica Rotger)

Durante años se ha repetido que hacer sudokus, crucigramas o sopas de letras era una buena forma de mantener el cerebro en forma. Y aunque este tipo de pasatiempos pueden ser entretenidos y útiles para trabajar ciertas habilidades, el neurólogo Javier Camiña matiza que no deberían entenderse como la gran fórmula para prevenir enfermedades neurodegenerativas.

El especialista lo resume con una idea clara: “la simple repetición de una misma actividad tiene un beneficio pequeño a largo plazo”. Es decir, si el cerebro se acostumbra siempre al mismo tipo de ejercicio, el estímulo acaba siendo limitado. Puede servir para entrenar una función concreta, pero no necesariamente para generar un impacto profundo y sostenido en la salud cerebral.

placeholder Aprender un idioma, iniciarse en un instrumento musical, estudiar algo nuevo o adquirir una habilidad que no dominamos obliga al cerebro a adaptarse (Pexels)
Aprender un idioma, iniciarse en un instrumento musical, estudiar algo nuevo o adquirir una habilidad que no dominamos obliga al cerebro a adaptarse (Pexels)

La clave, según Camiña, está en buscar actividades que supongan un reto real. Aprender un idioma, iniciarse en un instrumento musical, estudiar algo nuevo o adquirir una habilidad que no dominamos obliga al cerebro a adaptarse, crear nuevas conexiones y coordinar distintas áreas a la vez. Ahí es donde aparece un trabajo cognitivo más completo.

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La diferencia está en que no basta con mantener la mente ocupada: hay que sacarla de la rutina. Cuando una actividad resulta demasiado mecánica, el cerebro la resuelve casi en automático. En cambio, cuando nos enfrentamos a algo nuevo, entran en juego la memoria, la atención, la coordinación, la paciencia y la capacidad de aprendizaje.

El ejemplo de la música ayuda a entenderlo bien. Tocar un instrumento exige leer, escuchar, mover las manos, controlar el ritmo y corregir errores en tiempo real. Ese tipo de esfuerzo activa varias funciones al mismo tiempo y resulta mucho más estimulante que repetir siempre el mismo patrón mental.

Camiña también recuerda que la salud cerebral no depende solo de los ejercicios intelectuales. El movimiento físico, el descanso y las relaciones sociales forman parte del mismo cuidado. Hacer actividad física de forma regular favorece el riego sanguíneo y contribuye al buen funcionamiento del cerebro, mientras que dormir bien ayuda a consolidar la memoria y recuperar energía mental.

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La vida social también cuenta. Conversar, compartir actividades o aprender en grupo añade un componente emocional y relacional que puede ser muy beneficioso. Frente a ello, los hábitos demasiado pasivos, como pasar muchas horas delante de la televisión, aportan poca estimulación y pueden favorecer un estilo de vida menos activo.

placeholder Persona mayor haciendo ejercicio físico, clave para envejecer adecuadamente (Anna Shvets/Pexels)
Persona mayor haciendo ejercicio físico, clave para envejecer adecuadamente (Anna Shvets/Pexels)

Estas actividades pueden formar parte de una rutina entretenida, pero no sustituyen a un estilo de vida más completo. Para cuidar el cerebro a largo plazo, lo más importante parece ser seguir aprendiendo, moverse, descansar bien y mantener vínculos con los demás.

Durante años se ha repetido que hacer sudokus, crucigramas o sopas de letras era una buena forma de mantener el cerebro en forma. Y aunque este tipo de pasatiempos pueden ser entretenidos y útiles para trabajar ciertas habilidades, el neurólogo Javier Camiña matiza que no deberían entenderse como la gran fórmula para prevenir enfermedades neurodegenerativas.

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