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Aristóteles, su enseñanza sobre ser feliz hace más de 2.000 años: "Es una actividad del alma conforme a la virtud"
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Aristóteles, su enseñanza sobre ser feliz hace más de 2.000 años: "Es una actividad del alma conforme a la virtud"

Las enseñanzas del filósofo griego sirven como punto de partida para mejorar la vida, incluyendo este análisis sobre lo que de verdad importa para encontrar la felicidad

Foto: Platón y Aristóteles en el famoso cuadro de La Escuela de Atenas. (Museos Vaticanos/Palacio Apostólico)
Platón y Aristóteles en el famoso cuadro de La Escuela de Atenas. (Museos Vaticanos/Palacio Apostólico)

Coronado como uno de los padres de la filosofía occidental, las reflexiones de Aristóteles siguen de plena actualidad. Así, aunque el filósofo y científico de la Grecia clásica vivió hace más de 2.300 años, sus ideas sobre la ética, la amistad, el amor o la felicidad siguen reflejando de manera directa cómo entendemos las relaciones humanas y la vida.

Por ello, al igual que hemos recordado el consejo de Cicerón sobre la felicidad, las palabras de Aspasia de Mileto sobre el amor, figura a descubrir más allá de ser la mentora de Sócrates, o las claves de la filosofía de Hildegarda de Bingen en la Edad Media, echamos la vista atrás para recuperar las enseñanzas del famoso polímata.

placeholder Busto de Aristóteles. (Jonathan Cooper/Pexels)
Busto de Aristóteles. (Jonathan Cooper/Pexels)

Concretamente, recogemos una frase perfecta para volver a hablar de felicidad. Presente en 'Libro I de la Ética a Nicómaco', el famoso heleno escribió: "La felicidad (eudaimonía) es una actividad del alma conforme a la virtud, y además conforme a la virtud perfecta, durante una vida completa". Una reflexión que constituye uno de los núcleos fundamentales de su ética.

A partir de esta frase tan corta se desprenden tres ideas clave. La primera de ellas es que para Aristóteles la felicidad es una actividad, no un estado pasivo ni una emoción puntual. Después, que cualquier forma de actividad no conduce a la felicidad. Solo aquellas que se realizan conforme a la virtud, entendida como excelencia moral e intelectual.

Finalmente, en tercer lugar, esa vida virtuosa debe mantenerse a lo largo de la vida, lo que introduce la idea de continuidad y estabilidad: no basta con momentos aislados de bienestar. Una perspectiva donde la felicidad no se identifica con la simple satisfacción inmediata. Aristóteles sostiene que la buena vida depende del ejercicio de la razón y del desarrollo de virtudes como la prudencia, la justicia o la templanza.

Unas actitudes que no son innatas, sino hábitos que se adquieren mediante la práctica, a diferencia de la concepción más moderna. Hoy en día, solemos entender la felicidad como un estado subjetivo de bienestar: sentirse bien, experimentar emociones positivas o reducir el malestar. Una visión que se centra en la experiencia inmediata del individuo.

placeholder 'Ética para Nicomaco', de Aristóteles, en una traducción actual. (Amazon)
'Ética para Nicomaco', de Aristóteles, en una traducción actual. (Amazon)

Sin embargo, la felicidad aristotélica (la eudaimonía) es más exigente, ya que no depende únicamente de cómo nos sentimos, sino de cómo vivimos y del tipo de persona que estamos llegando a ser. Una idea más profunda que se conecta con la psicología moderna. Por ejemplo, la psicóloga Carol Ryff también propone un modelo de bienestar en el que destacan el propósito en la vida, la autonomía y el crecimiento personal, todos ellos elementos muy cercanos a la idea aristotélica de realización humana.

Así, la psicología actual tiende a una evolución de la idea aristotélica. La felicidad incorpora el componente subjetivo del bienestar emocional más inmediato, pero sigue resonando con la idea aristotélica de que vivir feliz es más profundo y exigente que simplemente sentirse bien.

Coronado como uno de los padres de la filosofía occidental, las reflexiones de Aristóteles siguen de plena actualidad. Así, aunque el filósofo y científico de la Grecia clásica vivió hace más de 2.300 años, sus ideas sobre la ética, la amistad, el amor o la felicidad siguen reflejando de manera directa cómo entendemos las relaciones humanas y la vida.

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