Hildegarda de Bingen, filósofa medieval: "El alma ama la virtud como el cuerpo ama la vida"
Fascinante figura de la cultura en la Edad Media, más allá de su labor eclesiástica, fue compositora musical, escritora, botánica, curandera y madre de la cerveza moderna
Ilustración de Hildegarda de Bingen, de W. Marshall, fechada en 1642. (Fundación Wellcome Trust)
Los grandes avances en inteligencia artificial, robótica o viajes espaciales chocan contra otro movimiento, aquellos que miran al pasado para entender el presente y el futuro. No es un mal sentido, buscando retrocesos sociales y humanitarios, sino recuperando las reflexiones de los filósofos antiguos.
'Códice de Lucca, Liber divinorum operum', datado entre 1220‑1230. (Biblioteca Statale de Lucca, Italia)
Una de las figuras más importantes del pensamiento medieval. Nacida en Alemania, vivió entre 1098 y 1179; se convirtió en abadesa, mística, compositora, escritora, filósofa, botánica y figura geopolítica de renombre. De hecho, dejando de lado su influencia en la religión, su trabajo fue clave para el conocimiento de numerosas materias.
Aunque en esta ocasión ponemos el foco en sus escritos, como una de sus frases más conocidas: "El alma ama la virtud como el cuerpo ama la vida". La cita procede del Liber Vitae Meritorum (Libro de los méritos de la vida), escrito entre 1158 y 1163. Una obra que adopta una forma casi dramática, donde virtudes y vicios aparecen personificados y dialogan entre sí, mostrando las luchas interiores del alma humana.
Un contexto donde, para Hildegarda de Bingen, la virtud no es una imposición externa ni un simple cumplimiento de normas. Un paralelismo con el que reflexionar sobre cómo, para ella, al igual que nadie necesita ser convencido de respirar o alimentarse, el alma sana desea la virtud porque en ella encuentra vitalidad.
Portada de 'Hildegarda', de Anne Lise Marstrand-Jørgensen. (Editorial Penguin)
Unas palabras escritas en el siglo XII, que hemos condensado, que se pueden vincular a pensamientos más actuales. Así, la teoría de la autodeterminación, desarrollada por Edward Deci y Richard Ryan, distingue entre motivaciones extrínsecas y motivaciones intrínsecas. La frase hildegardiana puede leerse así: la mente y el alma aprenden y se desarrollan mejor cuando la virtud o el conocimiento son elegidos internamente, no impuestos desde afuera.
Mientras, en la psicología positiva de Martin Seligman muestran que fortalezas del carácter como gratitud, templanza y sabiduría se asocian con bienestar, siguiendo esa estela mística de de Bingen. Por ello, más allá de su faceta religiosa, la filósofa alemana medieval proponía una antropología profundamente optimista: el ser humano no está naturalmente inclinado al mal, sino a la plenitud. Un interesante pensamiento que invita a conocer más sobre su obra.
Los grandes avances en inteligencia artificial, robótica o viajes espaciales chocan contra otro movimiento, aquellos que miran al pasado para entender el presente y el futuro. No es un mal sentido, buscando retrocesos sociales y humanitarios, sino recuperando las reflexiones de los filósofos antiguos.