La psicología revela los rasgos que comparten las personas que tienen perro: más cálidas y vivaces
Hay personas que no conciben la vida sin un perro y otras que se sienten más identificadas con los gatos. La ciencia ha intentado averiguar si esa diferencia va más allá de una simple cuestión de gustos
Algunos estudios han analizado la relación entre las mascotas y determinados rasgos de personalidad. (iStock)
Hay dos tipos de personas, o eso solemos repetir con bastante ligereza: las de perros y las de gatos. La frase funciona porque todos creemos reconocerlas. Quien tiene perro suele asociarse con la calle, la rutina, el movimiento y cierta facilidad para relacionarse. Quien prefiere los gatos, con una vida más independiente y reservada. La psicología también ha intentado comprobar cuánto hay de tópico y cuánto de realidad en esa división.
Tener perro suele implicar rutinas al aire libre y más interacción cotidiana. (Magnific / Freepik)
Los resultados apuntaron a que las personas de perro tendían a obtener puntuaciones más altas en rasgos como la calidez, la vivacidad, la atención a las normas y la audacia social. Dicho de otra forma, aparecían más vinculadas a una personalidad activa, cercana y cómoda en entornos con interacción.
La lectura resulta fácil de entender si se piensa en la vida diaria con un perro. Tener uno suele implicar salir varias veces al día, mantener horarios, coincidir con vecinos, hablar con desconocidos en el parque o adaptar parte de la rutina a otro ser vivo. No es extraño que esa convivencia se asocie con hábitos más sociales y estructurados.
Los estudios hablan de tendencias generales, no de etiquetas cerradas sobre la personalidad. (Magnific / Freepik)
Aun así, estos resultados no deben leerse como una regla cerrada. Tener perro no convierte automáticamente a nadie en una persona más cálida o sociable, del mismo modo que preferir otro animal no define por completo el carácter. La investigación habla de tendencias, no de etiquetas personales.
Las personas que se identifican más con los perros suelen asociarse con rasgos como la calidez y la vivacidad. (Magnific / Freepik)
Quizá por eso el debate sigue funcionando: porque habla menos de los animales y más de la imagen que proyectamos a través de ellos. En el caso de quienes tienen perro, la psicología ha encontrado una asociación con rasgos más cálidos, vivaces y sociales. No como una sentencia sobre su personalidad, sino como una pista más sobre cómo ciertas elecciones del día a día también cuentan algo de nosotros.
Hay dos tipos de personas, o eso solemos repetir con bastante ligereza: las de perros y las de gatos. La frase funciona porque todos creemos reconocerlas. Quien tiene perro suele asociarse con la calle, la rutina, el movimiento y cierta facilidad para relacionarse. Quien prefiere los gatos, con una vida más independiente y reservada. La psicología también ha intentado comprobar cuánto hay de tópico y cuánto de realidad en esa división.