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calor y cansancio

Álvaro Fernández, farmacéutico, sobre sentirte más cansado en verano: "No es que seas un vago, no es una sensación tuya, es que tu cerebro baja el rendimiento"

El hipotálamo activa diferentes mecanismos para impedir que el cuerpo se sobrecaliente, un proceso que ayuda a entender la sensación de sueño y lentitud durante los días calurosos

Foto: Álvaro Fernández, farmacéutico (YouTube)
Álvaro Fernández, farmacéutico (YouTube)

El verano y las temperaturas elevadas pueden venir acompañados de una sensación difícil de ignorar: más sueño, menor rapidez al reaccionar y cierta dificultad para pensar con la misma agilidad. Álvaro Fernández ha abordado precisamente qué ocurre en esos días en los que parece que el calor se lleva buena parte de nuestra energía y cuesta mantener el ritmo habitual.

El farmacéutico sostiene que esta percepción tiene una explicación relacionada con la respuesta del organismo frente a las altas temperaturas. “No es que seas un vago ni es una sensación tuya”, afirma Fernández al hablar de ese cansancio. Según explica, cuando el calor aprieta especialmente, el cerebro reduce su rendimiento mientras el organismo concentra sus recursos en impedir que la temperatura corporal aumente demasiado.

Por qué el cerebro puede rendir menos con mucho calor

placeholder Álvaro Fernández, farmacéutico. (TikTok/@farmaceuticofernandez)
Álvaro Fernández, farmacéutico. (TikTok/@farmaceuticofernandez)

El protagonista de este proceso es el hipotálamo, una zona situada en el cerebro que Fernández compara con una especie de termostato corporal. Cuando detecta la necesidad de refrigerar el organismo, activa diferentes respuestas destinadas a combatir el exceso de temperatura. Esta tarea pasa a convertirse, según señala el farmacéutico, en una prioridad para el cuerpo durante los episodios de calor intenso.

Entre esos mecanismos se encuentra el aumento de la sudoración, que forma parte de la respuesta del organismo para refrigerarse. También se produce una dilatación de los vasos sanguíneos de la piel con el objetivo de favorecer la pérdida de calor. Al mismo tiempo, Fernández explica que el corazón comienza a bombear con mayor rapidez. Todo este funcionamiento conjunto implica utilizar recursos que, de otra manera, podrían destinarse a otras tareas.

El esfuerzo que realiza el organismo para refrigerarse

Precisamente ese gasto ayuda a explicar por qué podemos sentirnos más lentos o adormilados cuando las temperaturas son especialmente altas. Si buena parte de la atención del organismo está puesta en evitar el sobrecalentamiento, el cerebro dispone de menos capacidad para dedicar a otras funciones. De ahí que Fernández relacione el calor intenso con esa percepción de pensar peor o necesitar más tiempo para reaccionar.

El farmacéutico introduce además una nota de humor al terminar su explicación y bromea con que este fenómeno sería especialmente evidente entre los hombres porque, según dice, “no podemos hacer dos cosas a la vez”. Más allá de esa última apreciación humorística, su reflexión pone el foco en los mecanismos que activa el organismo ante el calor y en el esfuerzo que supone mantener una temperatura adecuada. Así, esa sensación de estar menos despierto durante los días más calurosos queda vinculada, según Fernández, al trabajo que está realizando el propio cuerpo para refrigerarse.

El verano y las temperaturas elevadas pueden venir acompañados de una sensación difícil de ignorar: más sueño, menor rapidez al reaccionar y cierta dificultad para pensar con la misma agilidad. Álvaro Fernández ha abordado precisamente qué ocurre en esos días en los que parece que el calor se lleva buena parte de nuestra energía y cuesta mantener el ritmo habitual.

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