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Gabor Maté, físico: "Estamos programados para la conexión. Así que la conexión en sí misma es algo bueno, pero la adicción a la conexión es otra cosa"

El médico reflexiona sobre cómo la necesidad de estar permanentemente conectados puede acabar convirtiéndose en una forma de escapar de nosotros mismos, aunque la conexión con los demás siga siendo esencial para el bienestar

Foto: Gabor Maté, médico reconocido internacionalmente por su labor en el estudio del trauma. (YouTube: Mel Robbins)
Gabor Maté, médico reconocido internacionalmente por su labor en el estudio del trauma. (YouTube: Mel Robbins)

La conexión con otras personas es fundamental para nuestro bienestar, pero también puede convertirse en una necesidad difícil de controlar cuando se utiliza para evitar el malestar o la soledad. Sobre esa diferencia reflexiona Gabor Maté, quien recuerda que "estamos programados para la conexión", aunque advierte de que depender constantemente de ella no tiene los mismos efectos positivos. Según explica, diversos estudios han demostrado que el aislamiento y la soledad se relacionan con un peor estado de salud y una menor esperanza de vida.

La diferencia entre conectar y evadirse

El experto define la adicción como cualquier comportamiento que proporciona "placer o alivio temporal" pero que termina causando algún tipo de perjuicio. Esa necesidad de buscar distracciones puede aparecer de muchas formas: revisando las noticias sin descanso, pasando horas en redes sociales o incluso a través de las propias relaciones personales.

Según Maté, una relación sana no implica necesitar constantemente la presencia del otro. "En una relación genuina, estás bien estando solo", afirma. La diferencia está en que el vínculo nace del deseo de compartir, no del miedo a quedarse a solas.

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El propio médico reconoce que cada verano hace un descanso de las redes sociales y pone su teléfono en modo avión. Aun así, asegura que su mano sigue buscando el móvil de manera automática, incluso sabiendo que está apagado. Un gesto que, a su juicio, demuestra hasta qué punto determinados hábitos quedan grabados en nuestro día a día.

Para Maté, esa tendencia a buscar satisfacción fuera de nosotros mismos suele tener su origen en experiencias tempranas y explica por qué muchas personas recurren de forma automática a estímulos externos cuando aparece el aburrimiento, la ansiedad o la incomodidad.

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Su reflexión invita a recuperar momentos de silencio y presencia, entendiendo que conectar con los demás es saludable, pero también lo es aprender a estar a gusto con uno mismo sin necesidad de buscar una distracción constante.

La conexión con otras personas es fundamental para nuestro bienestar, pero también puede convertirse en una necesidad difícil de controlar cuando se utiliza para evitar el malestar o la soledad. Sobre esa diferencia reflexiona Gabor Maté, quien recuerda que "estamos programados para la conexión", aunque advierte de que depender constantemente de ella no tiene los mismos efectos positivos. Según explica, diversos estudios han demostrado que el aislamiento y la soledad se relacionan con un peor estado de salud y una menor esperanza de vida.

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