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La reina Sofía y su sprint de Semana Santa: tableta de chocolate, broma a su sobrino Bruno y la anchoa republicana
La reina Sofía se convierte en la gran protagonista de Semana Santa con una intensa agenda entre Palma, Miami y Murcia, dejando anécdotas inéditas que reflejan su cercanía y compromiso institucional a sus 87 años
La reina Sofía se ha convertido esta Semana Santa en la protagonista visible de la familia real. A sus 87 años mantiene una agenda de trabajo completa y con más actividad que el resto de los miembros reales en estas fechas. Salvo la salida de los reyes y sus hijas a la procesión del Silencio en el barrio de Carabanchel, nada se ha sabido de sus movimientos. La princesa de Asturias y la infanta Sofía estaban de vacaciones y, por lo tanto, podían participar en algún acto en cualquier parte de España. La heredera tiene una imagen espléndida y visibilizarla es bueno para la institución.
Doña Sofía no toma vacaciones y siempre se sabe dónde está o, al menos, se socializa con los ciudadanos, como sucedió en Palma el domingo de Ramos. Ese día acudió a la cita religiosa y coral en la catedral, donde la fundación Proyecto Hombre celebra un concierto al que acude año tras año. El creador de dicha institución, Tomeu Català, mantiene desde siempre una excelente relación con doña Sofía, a la que admira y aprecia por lo mucho que ha visibilizado por esta fundación. Como anécdota, señalar que Cristina Macaya, que fue una de las grandes contribuyentes a la causa solidaria, nunca participó en los feos gestos de la llamada corte de Mallorca, que encubrían las infidelidades de don Juan Carlos. Macaya iba a su aire y mantuvo ese respeto a la consorte real que no hicieron otros.
Antes de acudir al palacio de Marivent, doña Sofía estuvo en Miami, donde participó en unas jornadas relacionadas con acuerdos con la fundación que lleva su nombre. Lo más interesante fue lo que no se vio. Estuvo en el consulado de España, donde Belén Alfaro, diplomática de carrera y muy querida por la comunidad de ambos países, la recibió junto con un grupo de españoles, entre los que se encontraban mujeres destacadas en el mundo empresarial y cultural como Maika Pérez de Cobas, Pilar Lladó, María Díaz de la Cebosa, Begoña Santos, Jennifer González Colón y el sobrino Bruno Gómez-Acebo.
Ese día la reina escenificó una divertida situación. El hijo de doña Pilar acudió con un atuendo de chaqueta y camisa, pero sin corbata. Parece que el protocolo no era tan riguroso. Y en cuanto le vio la tía real le comentó: “Pero bueno, Bruno, dónde te has dejado la corbata”. Y se echó a reír, demostrando la buenísima relación con el hijo de la que fue su cuñada, la infanta Pilar. A pesar de ciertos rumores, siempre se llevó bien y en los últimos años solían quedar a almorzar en el chalet de Mayte Spínola en la urbanización Sol de Mallorca.
La agitada agenda de doña Sofía y, por eso, no pudo acudir a la de los alabarderos, donde nunca falla y camina por la calle Bailén y Arenal en medio de los saludos de los ciudadanos. En varias ocasiones, y he sido testigo, se acercan para darle las gracias por su presencia y regalarle estampas.
Esta vez, las anécdotas de la visita real han ocurrido previamente en Murcia. Por norma, los reyes y sus hijos no suelen comer en público, salvo don Juan Carlos, cuando celebraba su santo multitudinario en los jardines del Palacio Real y le pedía a José Solaguren, el gran tabernero, que le acercara un pincho de tortilla, la especialidad de la casa.
La reina Sofía nunca lo hizo en esas recepciones públicas que no fueran cenas y almuerzos oficiales. En Murcia lo hizo. Además de aceptar un par de buñuelos, tiempo después sacó de su bolso una chocolatina y, una vez que desenvolvió parte, partió un par de onzas. La razón que me dan es que, desde hace tiempo, lleva chocolate por si tiene bajada de tensión. Esta vez la vimos comerlo en público, pero habitualmente no lo había hecho. El por si acaso funcionó y doña Sofía se tomó su trocito de chocolate. Su hermana, la princesa Irene, solía llevar terrones de azúcar. La princesa Irene llevaba caramelos de limón y anís.
Como testigo presencial, sí que tuve que echarle una mano en la recepción de Marivent. En un momento dado y sin acompañante de protocolo, me encontré con ella y pudimos hablar de lo bonito que era Mallorca. Le ofrecieron un canapé de anchoa. Una vez que lo probó no le gustó. El problema era dónde lo dejaba. Le dejé mi servilleta y muy sutilmente lo envolvió y lo dejó en una bandeja. Lo bonito fue que me dio las gracias. Sola ante el peligro de la anchoa.
La reina Sofía se ha convertido esta Semana Santa en la protagonista visible de la familia real. A sus 87 años mantiene una agenda de trabajo completa y con más actividad que el resto de los miembros reales en estas fechas. Salvo la salida de los reyes y sus hijas a la procesión del Silencio en el barrio de Carabanchel, nada se ha sabido de sus movimientos. La princesa de Asturias y la infanta Sofía estaban de vacaciones y, por lo tanto, podían participar en algún acto en cualquier parte de España. La heredera tiene una imagen espléndida y visibilizarla es bueno para la institución.