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Goyi Arévalo, la madre de Sara Carbonero: así era el corazón de la familia
Discreta, fuerte y volcaba en sus hijas y nietos, su figura marcó la vida de la periodista y su entorno más cercano
La noticia de la muerte de Goyi Arévalo, madre de Sara Carbonero, ha sido una tragedia no solo para la familia, sino para todos los que la trataron a lo largo de su vida. En su pueblo, Corral de Almaguer, era muy querida y se relacionaba con todo el mundo. La definían como una mujer muy fuerte, cariñosa y dulce, que procuró que los problemas matrimoniales no afectaran a la relación familiar.
Su casa era un matriarcado, con Máxima, la abuela, que falleció en marzo de 2025 a los cien años. Estaba muy orgullosa de su hija y, cuando comenzó su carrera más pública en los informativos de Telecinco, a Goyi la paraban en la calle para decirle lo guapa que era y lo bien que lo hacía en sus apariciones y conexiones televisivas. Daba las gracias y siempre añadía: "Sí, sí, tengo dos hijas estupendas", refiriéndose no solo a Sara, sino también a Irene, la pequeña. En la residencia Río Riánsares, donde trabajaba, era muy querida.
Ninguna de las dos hijas faltaba a las fiestas de La Muela, que se celebran la tercera semana de mayo en la localidad toledana. A las tres mujeres Arévalo las definían como las Tres Mosqueteras, una imagen que reflejaba esa unidad familiar en los tiempos felices y también en las tormentas que han vivido Goyi y sus hijas.
Tras pasar parte de las Navidades todas juntas, Sara se marchó a Lanzarote, donde vive su novio, Jota Cabrera, mientras los dos hijos que tuvo con Iker Casillas se quedaban en la península. Si había algún percance, la abuela estaba al quite. La relación con el futbolista y padre de sus nietos ha sido siempre muy buena. Cuando la familia Casillas Carbonero se instaló en Oporto, Goyi viajaba a menudo para echar una mano y participar en la vida cotidiana de los niños. Carbonero la definía como su puerto seguro, "que me carga las pilas, mar en calma y cable a tierra. Me pinta alas y me ha dado no solo la vida, sino la lección más grande de cómo vivirla". El marido y padre desapareció de sus vidas y las hermanas Carbonero tuvieron siempre a Goyi como brújula.
Goyi tenía sus problemas de salud. Aunque la discreción ha sido la norma en la familia, Sara iba publicando en sus redes los momentos complicados, en los que se veía cómo acompañaba a su madre a revisiones médicas. A veces era la imagen de una cama de hospital; otras, stories con un libro en las manos o mensajes en los que la esperanza se reflejaba en sus comentarios.
Y no era ella la que estaba enferma, sino su madre, a la que las hermanas bautizaron como "domadora de leones". Hay una imagen muy bonita de la abuela cuando nació el cuarto nieto, en la que la hija pequeña la felicitaba por su cumpleaños con esa frase, a la que añadía: "Gracias por cuidarnos". Y Sara, poco dada a mostrar parte de su vida privada, coincidía con Irene. En aquel último percance en Lanzarote, donde la periodista tuvo que ser operada de urgencia, le hizo su particular homenaje agradeciéndole a la vida que fuera su madre y mostrando su tranquilidad al saber que sus hijos estaban protegidos por la abuela. Los niños tuvieron también la suerte de convivir con la bisabuela, que falleció en agosto a los cien años.
El famoso beso de Iker Casillas al finalizar el Mundial que ganó España en 2010 revolucionó el mundo de Goyi en la localidad toledana. Le pedían fotos de Iker, camisetas del futbolista e incluso balones reglamentarios para recaudar fondos para asociaciones y fundaciones solidarias. La mujer gestionaba esa fama colateral y nunca tuvo un gesto de cansancio. Con su yerno siempre se llevó bien y por eso Casillas ha querido estar presente en el tanatorio de Corral de Almaguer, igual que compañeros de profesión.
Quizá se volvió más discreta cuando su hija Sara iba a verla y se quedaba unos días. Entonces se convertía casi en invisible, aunque no había razones para sentirse incómoda.
Fue una mujer fuerte, con mucha vitalidad, incluso cuando le diagnosticaron su enfermedad. Las hijas se turnaban para estar con ella, igual que otras amigas y familiares. Siempre vivió en Corral de Almaguer, aunque en los últimos meses pasaba mucho tiempo en Madrid.
Por el tanatorio de la localidad toledana han querido pasar y dar el último adiós a una mujer comprometida, cariñosa y buena. A las cinco y media se celebró una misa funeral en la parroquia de Nuestra Señora de la Asunción, donde también fueron bautizadas sus hijas.
La noticia de la muerte de Goyi Arévalo, madre de Sara Carbonero, ha sido una tragedia no solo para la familia, sino para todos los que la trataron a lo largo de su vida. En su pueblo, Corral de Almaguer, era muy querida y se relacionaba con todo el mundo. La definían como una mujer muy fuerte, cariñosa y dulce, que procuró que los problemas matrimoniales no afectaran a la relación familiar.