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Las princesas casaderas de Japón, una especie amenazada: ¿mal de amores o libre elección?
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PRINCESA POR SORPRESA

Las princesas casaderas de Japón, una especie amenazada: ¿mal de amores o libre elección?

La princesa Akiko está adquiriendo un papel más relevante en la Casa Imperial de Japón. Es una de las cuatro que quedan en la familia y que ha elegido ser soltera para mantener su estatus y seguir sirviendo al país

Foto: La princesa Aiko, en la fiesta de otoño del Palacio Imperial, en 2024. (Reuters)
La princesa Aiko, en la fiesta de otoño del Palacio Imperial, en 2024. (Reuters)

La reciente agenda internacional de Akiko de Japón ha reafirmado esa confianza que le daba hace unos meses su primo, el emperador Naruhito, nombrándola jefa de la rama Mikasa, en un gesto sin precedentes en los más de dos siglos de dinastía Meiji.

El gesto no es casualidad. La familia merma, los hombres escasean y las princesas casaderas de Japón ya son una especie amenazada, casi en extinción, debido a las férreas tradiciones de la Casa Imperial. Sea por mal de amores, por no haber encontrado la persona adecuada o por libre elección, lo cierto es que el emperador está agradeciendo que las pocas que hay, se sigan quedando.

Hasta hace unos años, había seis princesas con las que la Casa Imperial podía contar para 'repartir' el trabajo institucional. Aunque no son descendientes directas del emperador Akihito, sí pertenecían a otras ramificaciones del llamado Trono del Crisantemo, cuyos miembros tienen también estatus royal y ciertos privilegios, entre los que no está, para las mujeres, la libre elección a la hora de casarse.

placeholder Parte de las princesas de la Casa Imperial, en la fiesta de otoño de 2024. (Reuters)
Parte de las princesas de la Casa Imperial, en la fiesta de otoño de 2024. (Reuters)

Porque las normas son claras. Los hombres de la familia sí pueden casarse con plebeyas. Ahí tenemos el ejemplo de la emperatriz Michiko o de su sucesora, la actual emperatriz Masako, aunque casi les cuesta la salud a ambas. Pero las mujeres no lo tienen tan fácil: si no se casan con alguien que pertenezca a la realeza, pierden automáticamente su posición en la Casa Imperial. Y en estos días, la lista de hombres que cumplen las condiciones para que no tengan que renunciar a su estatus es prácticamente nula.

Y esa fue la elección de tres de las princesas en edad casadera que formaban parte de la institución hasta no hace mucho. Buscaron el amor fuera de la realeza (tampoco es que dentro hubiera mucha opción) poniendo por delante sus sentimientos. Noriko fue la que abrió la veda en 2014, casándose con el sacerdote sintoísta Kunimaru Senge. Cuatro años después, la seguiría su hermana Ayako, que se casó a los 28 años con otro plebeyo, Kei Moriya, en octubre de 2018.

La última, la exprincesa Mako, no solo salía de la Casa Imperial, sino también de Japón, instalándose en Nueva York con su marido, Kei Komuro, con el que se convertía en madre hace unos meses. Allí vive una vida feliz, completamente alejada de los férreos códigos del trono y en un anonimato elegido, solo roto de cuando en cuando por fotógrafos que no dudan en vender las imágenes a medios nipones.

placeholder La boda de Mako de Japón y Kei Komuro. (Reuters)
La boda de Mako de Japón y Kei Komuro. (Reuters)

Frente a ellas, cinco princesas solteras. Tres de ellas han dejado claro a sus más de 40 años que no tienen intención ninguna de casarse. Ellas son Akiko y Yoko de Mikasa, las dos hijas del príncipe Tomohito. La otra, Tsuguko, la única de las tres hijas del príncipe Norohito que ha elegido la soltería. Y mucho más jóvenes son la princesa Aiko, hija de los emperadores, y su prima Kako, que de momento no ha seguido el camino de su hermana.

Aiko tiene 24 años y Kako 31, por lo que, aunque las novias reales japonesas se han casado en la veintena, aún hay margen para que sepan el camino sentimental que quieren seguir. La elección, en caso de encontrar a una persona con la que querer compartir su vida, no es fácil desde luego: ambas tienen un papel relevante en la Casa Imperial, además de una asignación por sus labores de representación.

La opción intermedia, encontrar a una persona que reúna las condiciones necesarias para que su amor no implique pérdida de estatus, está casi descartada por la escasez de nombres masculinos con sangre real entre los que podrían elegir. Así, la situación es clara: Aiko y Mako tendrán que escoger entre casarse y renunciar a sus privilegios o mantener su posición a cambio de la eterna soltería.

Quizá en un futuro les sirva saber que ha sabido agradecer la decisión de las que se han quedado en la casa. En el caso de Akiko, por ejemplo, además de tener más relevancia dentro de la institución y la confianza del emperador, también vio su asignación incrementada en cuatro millones de yenes en ese reparto que hace del presupuesto público que se destina a la monarquía.

La reciente agenda internacional de Akiko de Japón ha reafirmado esa confianza que le daba hace unos meses su primo, el emperador Naruhito, nombrándola jefa de la rama Mikasa, en un gesto sin precedentes en los más de dos siglos de dinastía Meiji.

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