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MEMORIAS

Michelle Obama 'Superstar': el pelotazo de la ex primera dama

Cobra hasta 3.000 euros por entrada, sus charlas las organiza la promotora de conciertos de las superestrellas y lleva botas de 4.000 dólares. Adiós a la abogada: ha nacido una diva

Foto: Michelle Obama, en el último show de su gira. (Getty)
Michelle Obama, en el último show de su gira. (Getty)

Era de esperar… pero no tanto. Michelle Obama ha batido todos los récords de popularidad, promoción, estrellato y rentabilidad tras sus celebradas labores como primera dama. Salió con más fuerza de la Casa Blanca que su marido, pues mientras Barack Obama dejaba la presidencia con vocación de discreción y no intromisión en el polémico mandato de su sustituto, Donald Trump, Michelle estaba calentado motores para una estrategia comercial que acaba de explotar en este diciembre de 2018 con la publicación de su libro 'Becoming'.

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El debate se abre entre sus indudables capacidades de liderazgo y su entrega sin resistencias a la multimillonaria maquinaria del show business. Este miércoles en Nueva York cerró, con unas botas altas doradas de la firma Balenciaga valoradas en 4.000 dólares, el último show de su tour de charlas 'íntimas'… ante la audiencia del Barclays Center de Brooklyn, con 17.000 personas de aforo, con Sarah Jessica Parker como entrevistadora y organizado por Live Nation, la promotora de conciertos de las superestrellas de la música. Así, esas dos posiciones a veces complementarias, a veces incluso antagónicas, han entrado en combate. La Michelle inspiradora, sincera, introspectiva y comprometida socialmente contra la ametralladora de estudiadas arengas que cobra hasta 3.000 dólares por entrada y hace merchandising sin pudor. En total han sido 21 encuentros en Estados Unidos y en Europa, y en Londres acudió hasta Meghan Markle.

Un momento de la charla de Michelle Obama con Sarah Jessica Parker en el que se ven las botas de 4.000 dólares de Michelle. (Getty)
Un momento de la charla de Michelle Obama con Sarah Jessica Parker en el que se ven las botas de 4.000 dólares de Michelle. (Getty)

Todo por la promoción de unas memorias de las que ha vendido tres millones de copias en dos semanas, convirtiéndose a escasos días de su publicación en el mayor éxito editorial de 2018 en Estados Unidos. Por el contrato combinado de la biografía de Barack y Michelle Obama, la casa editorial ya había soltado 60 millones de dólares de anticipo. Y para recuperarlos, la campaña de promoción ha llevado a Michelle a las portadas de infinidad de revistas y no ha dejado a ninguna de ellas sin un sabroso titular en exclusiva.

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En su primer show en Nueva York -añadió otro por la alta demanda de entradas- apareció, como las divas, con 55 minutos de retraso, dando tiempo a los que llegaron tarde o se atascaron por el estricto sistema de seguridad, la lluvia y el tráfico. Lo hizo precedida de un montaje de vídeo cargado de efectismos y canciones pop, aunque luego la puesta en escena se redujo a dos sillones: uno para ella y otro para su entrevistadora. También tuvo como 'teloneros' a algunos ciudadanos de a pie y a estrellas de la canción como Faith Hill. Finalmente, Michelle Obama, entre ovaciones y gritos de fervor, hizo aparición. Hasta ahí, todas las desconfianzas legitimadas por esa puesta en escena de estrella del pop.

De izquierda a derecha, los Trump, los Obama y los Clinton, en el entierro de George Bush. (Getty)
De izquierda a derecha, los Trump, los Obama y los Clinton, en el entierro de George Bush. (Getty)

Entonces empezó su lección de carisma y una elegancia intelectual que hacía cualquier comparación con su sustituta, Melania Trump, simplemente imposible. No perdió la compostura ni cuando se le ¿escapó? un 'shit' (mierda) al hablar de por qué necesitó ir a terapia de pareja con su pluscuamperfecto marido. A excepción de su sucesora y el nuevo presidente, contra lo que usó el viejo dicho español de 'no hay mayor desprecio que no hacer aprecio', Michelle no dejó esquina sin barrer. Y todo con un equilibrio perfecto entre la espontaneidad, la humanidad, la corrección política y el marketing.

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Explicó cómo se resistió a los encantos de Barack Obama mientras era su becario para no ser demasiado “cutre” y convertirse en “los dos negros de Harvard que acaban enamorados”. Confesó lo duro que es el matrimonio y lo devastadora que es la maternidad. “Te preguntas si en Correos aceptan que mandes a tu hija empaquetada, pero no te dejan devolverla”, dijo. También confesó su extrañeza inicial como inquilina de la Casa Blanca, un lugar “en el que intentan hacerte creer que eres libre”, dijo, para apostillar: “Pero te das cuenta de que en ese cargo muchas veces no puedes ser tú misma completamente”. Y recordó cómo vivir en las estancias presidenciales te aísla tanto del mundo (literal y figuradamente) que, a causa de la insonorización, solo cuando olía a combustible de helicóptero decía: “Niñas, papá ya está en casa”.

Michelle Obama, en un acto solidario en Nueva York. (Getty)
Michelle Obama, en un acto solidario en Nueva York. (Getty)

Desgranó una deliciosa anécdota sobre cómo cuando se consiguió el matrimonio gay en Estados Unidos, ella se escapó clandestinamente de la Casa Blanca para poder ver la fachada con las luces del arcoíris y el jolgorio general fuera de los medios en la misma jornada en la que habían velado por los muertos de un tiroteo en Charleston. En definitiva, Michelle ofreció una hora y cuarto de conversación sin fisuras pero sin corsés en los que dejó a miles de personas con la sensación de que, ciertamente, habían tenido un encuentro íntimo con ella. Una charla con una amiga que cotiza bien alto. Y usted, ¿con qué Michelle se queda?

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