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ESCAPADAS

La Garrotxa, una comarca escondida en Gerona

De pronto, la comarca es negra como una pintura de Goya, con sus 40 volcanes. Y de pronto, verde impresionista, con hayedos y caballos en la pradera.

Foto: Castellfollit de la Roca. © Turisme Garrotxa
Castellfollit de la Roca. © Turisme Garrotxa

La Garrotxa, La Garrotxa… Tiene que estar por aquí. Aquí: en el nordeste de Cataluña, en Gerona. Es tierra negra y volcánica, con ríos de lava congelados en el tiempo y basalto que se ha hecho felizmente habitable. Cómo no enamorarse del pueblo de Castellfollit de la Roca aún sin ser pintor. O del cráter con forma de herradura de la suerte del Croscat, que solo se ve desde las alturas. De pronto, la comarca es negra como una pintura de Goya, de pronto verde luminoso, con caballos sobre la pradera y bosques de hayas, y todo muy rural. Tiene más de 40 volcanes. Y una cocina tradicional ‘volcánica’, cómo no. El plato estrella: las patatas de Olot. Vamos de sorpresa en sorpresa. Como Phileas Fogg, a pie, en globo o en bicicleta, y sin apuesta. Dando la vuelta a este mundo.

1. CASTELLFOLLIT DE LA ROCA: UNO DE LOS PUEBLOS MÁS PEQUEÑOS (Y BELLOS) DE ESPAÑA

Cómo no iba a ser diminuto, si no tiene por dónde crecer. Apenas una extensión de un kilómetro cuadrado sobre la roca basáltica, para unos 1.000 habitantes y a 50 metros de altura. Está en el Parque Natural de la Zona Volcánica de la Garrotxa: nos permitiremos el lujo de decir que es un paraíso sin mar. ¿Quién lo pintó?, porque lo parece. O ¿quién lo puso ahí? Y si preguntas, la respuesta está en dos coladas de lava que formaron el riscal: una hace 217.000 años; la otra, 192.000. Hay que irse a la pasarela sobre el rio Fluvià para verlo bien (y creerlo). O al balcón con el nombre necesario del escritor Josep Pla. Las casas cuelgan del precipicio: colgadas o voladas como las de Cuenca. Los romanos sabían dónde se metían (pasa la vía romana Annia por aquí).

Castellfollit de la Roca. © Turisme Garrotxa
Castellfollit de la Roca. © Turisme Garrotxa

LO MÁS CURIOSO: los edificios del pueblo están construidos con material volcánico. También el pavimento y el mobiliario del casco antiguo, que es medieval de callejuelas, son de basalto. Cada uno lo hace con lo que tiene. Y lo que no es de la roca que se forma al enfriarse la lava, son árboles. Un bosque como una manta verde sobre el paisaje.

2. EL CROSCAT: UN VOLCÁN CON UN CRÁTER EN FORMA DE HERRADURA

Estamos en la Reserva Natural del Volcán del Croscat. Geológica e incluso emocionalmente son palabras mayores. Esto sí que es un corte, de más de 100 metros de altura y 500 de longitud. Los llamados ‘gredales’ (fruto de la polémica extracción minera), que tuvieron que ser restaurados en 1995 para frenar la erosión, minimizar el impacto paisajístico y hacer posible un sueño, poder pisarlo. Está permitido el acceso, regulado y controlado, con fines pedagógicos. Precisamente, a sus puertas encontrarás el Centro de Información del Parque Natural. Hay un itinerario de casi tres kilómetros que te llevará hasta allí únicamente a pie; sale del aparcamiento de Santa Margarida. Y otro, que parte desde el área de Can Serra, en Fageda d’en Jordà, un hayedo que no te debes perder (cinco kilómetros).

Senderismo en la gredera del volcán del Croscat. © Itinerànnia
Senderismo en la gredera del volcán del Croscat. © Itinerànnia

LO MÁS CURIOSO: sus medidas y detalles. Una colada de lava de más de 6 kilómetros de largo y un cono volcánico cubierto de vegetación excepto en los gredales y con forma de herradura, que solo se dibuja a vista de pájaro. Toda una lección de Conocimiento del Medio.

3. BESALÚ: EL GUARDIÁN DE LOS SECRETOS DE LA COMUNIDAD JUDÍA MEDIEVAL

El tiempo parece haber retrocedido hasta toparse con los judíos que habitaron el viejo y medieval Besalú. Los que dejaron un valioso legado histórico y patrimonial desde el siglo IX al XV. ¿De qué hablarían los ilustres doctores Abraham des Castlar y Bendit des Logar por estas callejas? Están sus huellas: una mezuzà (símbolo que identifica las casas judías), los restos de la sinagoga y del mikwa (baños de purificación) y la casa de los Astruc, hoy espacio cultural.

Puente medieval de Besalú. © Turisme Garrotxa-Ajuntament de Besalú
Puente medieval de Besalú. © Turisme Garrotxa-Ajuntament de Besalú

LO MÁS CURIOSO: es el escenario de la novela El puente de los judíos, de Martí Gironell (Ediciones El Andén, 2007), que se ha convertido en uno de los libros más vendidos en Cataluña. Organizan visitas nocturnas noveladas. Le quita a Olot buena parte de su protagonismo cultural.

4. VALL DE BIANYA: UNA VÍA ROMANA, 15 IGLESIAS ROMÁNICAS Y UN TREN CAMPESTRE

Todo el paisaje que quieras y más lo tienes por estos pagos, salpicados no de una ni de dos, sino de quince iglesias románicas. Todo un santoral: Santa Margarida de Bianya, Sant Martí de Capsec, Sant Miquel del Mont… ¿Demasiada historia? Déjate caer por el Centro de Interpretación del Paisaje de la Vall de Bianya (lo forman cuatro valles), que está en Sant Salvador, y te darán explicaciones. Venimos del negro a desembocar al verde. Hay prados, bosques y arroyos. Un terreno que ya pisaron los romanos, que trazaron la Vía Capsacosta, una vía secundaria que enlazaba con la Vía Augusta en Figueras y que hoy pasa por masías y casas de payeses, un muestrario muy vistoso de arquitectura popular donde no faltan, asombrosamente, edificios modernistas. Sorpresas del vagabundear.

Casa de payés en la Vall de Bianya. © Turisme Garrotxa-Ajuntament de la Vall de Bianya
Casa de payés en la Vall de Bianya. © Turisme Garrotxa-Ajuntament de la Vall de Bianya

LO MÁS CURIOSO: se celebra aquí una Feria del Farro (harina de maíz blanco), pero tendrás que esperar: es en febrero. También tendrás que esperar pero menos para coger el tren turístico. Será un máster en vida campestre.

Tren turístico Vall de Bianya
Tren turístico Vall de Bianya

5. MIERES: NO NOS HEMOS IDO A ASTURIAS, SEGUIMOS EN LA GARROTXA

Esta sorpresa es para cuerpos necesitados ya de reposo, para ojos cansados de ver y de mirar, de fotografiarlo todo, para pies fatigados. Mieres se despierta en esta comarca con la tranquilidad de no ser su gran atracción turística, sino la pequeña. De no haber entrado jamás en erupción, sino de haber conocido la calma sin tempestad. Está entre Santa Pau y Banyoles, y rodeado por sierras y más sierras, como si no pudiera salir, a no ser por algunos de los ríos que drenan su valle, el Merdançà y el Ritort. Más iglesias aquí y allá, con fondo de encinas, robles, pinos y algunas hayas.

Mieres. © Turisme Garrotxa-Ajuntament de Mieres
Mieres. © Turisme Garrotxa-Ajuntament de Mieres

LO MÁS CURIOSO: es la entrada al Parque Natural de la Zona Volcánica. El lugar al que llegar o donde prepararse para la aventura. La que corrieron payeses de remensa (campesinos que trabajaban tierras ajenas en tiempos convulsos), bandoleros, trabucaires y carlistas, que anduvieron por la cercana Sierra de Ventanas, desde donde no solo se ve La Garrotxa, que se toca, sino el mar en su Costa Brava.

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