Glashütte, la capital mundial de los relojes
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Glashütte, la capital mundial de los relojes

Un pueblecito en el corazón de Sajonia, entre campos de labranza y frondosos bosques, esconde un secreto: es una de las capitales relojeras del mundo.

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Un pueblecito bucólico en el corazón de la Sajonia, entre campos de labranza y frondosos bosques, esconde un secreto: es una de las capitales relojeras del mundo a la que acuden en cumplida peregrinación todos los amantes de los relojes. ¡Bienvenidos a Glashütte!

Pasearse por Glashütte -que está a unos cuarenta kilómetros de Dresde, en el sur de Sajonia, uno de los lander más tradicionales de Alemania- es hacerlo por un lugar que no llama la atención del viajero despistado: un bucólico pueblo de apenas seis mil habitantes donde hay un par de pensiones, algún restaurante familiar, una iglesia que despunta sobre los tejados, un pequeño río y mucha tranquilidad... y algo más: fábricas y tiendas de relojes. Porque en realidad este pueblo anónimo es, por derecho propio, una de las capitales mundiales de la relojería desde que hace más de 165 años se instalaron en ella los primeros maestros relojeros y a la que acuden desde todas las partes del mundo, como peregrinos, los amantes y aficionados de este arte que es el de meter el tiempo en un objeto.

En Glashütte, la vida gira en torno -nunca mejor dicho- a las manecillas de los relojes. Relojes de muñeca y bolsillo, de péndulo, cronómetros marinos... Creados por firmas míticas que imprimen en sus esferas los nombres de Julius Assmann, Adolf Schneider, Strasser & Rohde o Paul Stübner, y que son codiciados por coleccionistas de todo el mundo, quieneshoysuspiran por llevar en la muñeca relojes siempre de Glashütte: A. Lange & Söhne, Bruno Söhnle Uhrenatelier Glashütte, Nomos, Union Glashütte y, por encima de todas ellas, Glashütte Original, la relojera más prestigiosa de Alemania y una de las más importantes del mundo en el segmento de la alta relojería (de las pocas que, además, diseña y monta sus propios movimientos).

Esos más de ciento sesenta años de historia viva de la relojería de Glashütte están excelentemente resumidos en el precioso Museo de la Relojería Alemana, que ocupa un edificio neoclásico de finales del siglo XIX que fue en tiempos -como no podía ser de otra manera- la Escuela Alemana de Relojería y que ha sobrevivido a todo tipo de penalidades. En sus más de mil metros cuadrados de exposición se exhiben más de cuatrocientas piezas, auténticas obras de arte, que abarcan desde relojes de mesa del primer tercio del siglo XIX hasta las últimas creaciones de las relojeras de la ciudad, pasando por relojes de bolsillo o de escape, herramientas y bancos de trabajo, metrónomos...

Una colección imponente en la que destaca el reloj de complicación astronómica obra de Hermann Goetz, que es una de las más destacadas y la más grande de todas las expuestas: está formado por 1756 piezas y se emplearon más de treinta años en su fabricación. Y todo para ceñir el tiempo de todas las maneras posibles: esta maravilla de la técnica marca, además de la hora, el amanecer y el ocaso, las fases lunares y la fecha.

La otra meca de la ciudad a la que acuden todos los apasionados de la relojería es la Manufactura de Glashütte Original, un moderno edificio de acero y cristal que puede visitarse gratis (con reserva previa. Más información en el 49 (0) 35053 46 0, o en visit@glashuette-original.com), y donde es posible contemplar en directo y de cerca las diferentes etapas de la creación de un reloj de lujo. Se sea aficionado o no a la relojería, resulta imposible no admirar la precisión y belleza del trabajo y, desde luego, olvidarse de móviles y llevar siempre un reloj en la muñeca. ¡Buen viaje!

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