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Si eres un sibarita, Basilea está hecha para ti

Da igual lo que vayas buscando, lo encontrarás. A no ser que te hayas despistado y quieras sol, esta ciudad vieja que ha hecho tradición de la modernidad, te enamorará.

Foto: Si eres un sibarita, Basilea está hecha para ti

A no ser que te hayas despistado y lo que quieras sea un sol haciendo justicia, esta ciudad vieja que ha hecho tradición de la modernidad te dará lo que buscas. Por su fina estampa, su pasión casi revolucionaria por la cultura, su buen vivir y, por supuesto, su gran río. Basel es suiza por los pelos; por geografía, podría haber sido francesa o alemana, y en cierta manera lo es. De hecho, en la lengua de Goethe se la conoce como Dreiländereck: "esquina de los tres países". Basilea es la ciudad de las tres fronteras. No hay mejor lugar para burlarse de la rutina.

UN RíO SIN VALS Y DECENAS DE MUSEOS

Todos los caminos te llevarán al gran río, que empieza aquí (o termina) su viaje navegable al mar (del Norte). Hacia el sur irá a desaguar al lago Constanza. Es tan europeo e inmenso como el Danubio, pero no tiene vals. Si no es al río, los pies te llevarán al museo. Es difícil no tropezar con uno aquí, pues no se cuentan con los dedos de la mano ni aun con los de los pies: hay hasta cuarenta y no precisamente domésticos. Un clásico es el Museo de Arte (la morada del Retrato de una mujer de 34 años, de Holbein el Viejo) y uno de vanguardia, el del escultor de hierro Jean Tinguely (el padre de las maravillosas máquinas del arte cinético, gloria dadaísta), en un pabellón acristalado sobre el Rin, obra de Mario Botta. Es tan cultural Basel: alberga la feria del mercado internacional de arte de mayor fortuna allá por junio (Art Basel) y el gran evento de los relojes (Baselworld, por primavera).

Museo Tinguely, obra de Mario Botta
Museo Tinguely, obra de Mario Botta

MODERNIDAD A LA SOMBRA DE LA CATEDRAL Y MUCHO VERDE

De Basilea te sorprenderá su modernidad con mayúsculas, como si esta se hubiera inventado aquí, a la sombra de su soberbia catedral gótica (Münster), que fue románica, sobrevivió a duras penas a un terremoto, y presume de torres irregulares. No hay nada como mirarla desde el Rin. Te acordarás de ella cuando salgan a tu encuentro las estrellas arquitectónicas de vanguardia, del ya citado Mario Botta (el edificio circular del Banco de Pagos Internacional), de Renzo Piano (Fundación Beyeler, de 127 metros de largo) o cualquiera de los delirios de los hijos del lugar, Herzog&de Meuron (centro polideportivo de Pfaffenholz, por ejemplo). Esos dos arquitectos que han revolucionado la arquitectura de hoy haciendo 'artesanal' la tecnología con mucha imaginación. Sí, los mismos que alumbraron y vistieron de verde el CaixaForum de Madrid. Basilea es como ellos: verde e innovadora, de bicicleta y edificio de última generación.

UN AYUNTAMIENTO ROJO Y UNA CASA CULTURAL Y DE INVITADOS

En el centro desembocarás sin querer en la Casa Roja, el ayuntamiento (Rathaus) llamado así por el color de su piedra arenisca, bellamente adornado y coronando la plaza del Mercado. Deja que engorden tus recuerdos. Y como lo que nos gusta es ser suizos como los que más mientras hayamos echado el ancla aquí, vamos a entrar en Teufelhof Basel, en pleno casco antiguo (Leonhardsgraben 49), que es una casa cultural y de invitados. Varios edificios históricos conectados entre sí que son el colmo del sibaritismo: hotel, restaurantes (Bel Etage para gourmets y Atelier), café, bar, tienda de vinos y hasta teatro. Como para no salir. Son fondas de ciudad donde van a parar los trasnochados felices con alma bohemia (y no tanto).

Si no tenemos todavía hotel, es el momento de preguntar por una de las habitaciones con ramalazo artístico que son redecoradas cada tres años con muebles de diseño y que hacen el 'hotel de arte', porque luego hay otro que es 'hotel galería', con 23 habitaciones exclusivas. Y está asentado sobre las históricas murallas, de las que aún quedan restos en el sótano. Casi una metáfora de la ciudad.

A PIE, EN BICI Y ¡EN BARCO! 

Estamos en una capital cultural y se nota, también ciudad universitaria donde las haya, la más vieja de Suiza (1459). En sus aulas enseñaron Erasmo de Rotterdam, Paracelso y Nietzsche; estremece pensarlo. Basilea es Basilea a pie, por supuesto, en bici (aquí, la reina), y mejor aún, a bordo de un barco de los que surcan el Rin, rematado por parques y zonas verdes: hasta sus grandes puertos de carga y Rheinfelden, por la ruta de las esclusas. Hace frío, pero es difícil no querer a esta ciudad: a su casco antiguo, sus librerías de viejo y sus boutiques a la última. Basel (en alemán) juega muy bien sus cartas.

Un ciclista pasea junto a la fachada del ayuntamiento
Un ciclista pasea junto a la fachada del ayuntamiento

BUENOS TRAGOS Y UN LUGAR DE MODA EN LA VIEJA ESTACIÓN FERROVIARIA

El Zum Braunen Mutz (St. Alban-Rheinweg 70) es cervecería, bar y restaurante. La cantina de basilienses de todas las generaciones: un puerto donde recalar y abandonarse a los buenos tragos. Podrás tomar la primera bebida del día, dentro del desayuno, y la última de la noche, y sentirte un suizo más. Y el río, cerca. También colmarán tus ansias más interculturales y viajeras Les Gareçons (Schwarzwaldallee 200), no un garito más o menos moderno, sino un lugar de encuentro donde sacarse de dentro el estrés. Está en la antigua estación ferroviaria y ofrece cocina rompedora: desde el brunch hasta su despensa vegetariana y muy bio. Y si lo que quieres es entregarte a los placeres cerveceros, puedes arribar a Stadtkeller (Marktgasse 11), que es la típica tasca en el centro con cocina suiza tradicional y muchas cervezas de barril.

Zum Braunen Mutz
Zum Braunen Mutz

LA TENTACIÓN DE LA SELVA NEGRA Y UN MERCADO NAVIDEÑO DE CUENTO

Y si vas en ruta, saca mapa y sitúate: estás a un paso de la Selva Negra (espesura, relojes de cuco y Herman Hesse) y el macizo de los Vosgos. Basilea es muy fría y norteña, tal vez calculadora, pero luego viene el carnaval y se vuelve tan mediterránea que pierde el juicio (lo dicen hasta en su oficina de turismo): tres días de fiesta muy callejera. El mismo alboroto del que hace gala su mercado de Navidad, muy tradicional, muy suizo y hasta idílico. O mejor dicho, de cuento. El paraíso de los gofres, el Glühwein (un vino especiado caliente; esto es otro mundo), los Läckerli de Basilea (pan con especias) y las salchichas asadas. Se celebra en las plazas Barfüsserplatz y Münsterplatz, con espectáculos por añadidura. Este año, del 27 de noviembre al 23 de diciembre. Ya estamos con un pie allí.

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