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El castigator está pasado de moda: así se liga en los tiempos de Tinder

Los manuales para hombres que quieren beneficiarse a féminas acaban siendo 'bestsellers', a la vez que son criticados por la forma en la que tratan a las mujeres. Pero tienen sus trucos

Foto: El castigator está pasado de moda: así se liga en los tiempos de Tinder

El libro más famoso sobre el tema es, sin duda, El método, de Neil Strauss. El autor era un periodista no muy agraciado que de la noche a la mañana se convirtió en un experto turista de mesitas de noche femeninas. La publicación del libro en 2005 fue una auténtica revolución en el mundo de la autoayuda y dos años después se emitió una serie basada en el mismo. La fiebre de los gurús de la seducción, que tanto impartían talleres como escribían libros, se convirtió en un auténtico fenómeno en Estados Unidos, que también ha llegado a nuestro país. No vamos a negar que el planteamiento de la mayoría de estos libros sitúa al hombre como un predador y a la mujer como una víctima a la que hay que embaucar. Sin embargo, algunas de las prácticas son útiles en tiempos de Tinder y pueden lograr que esa chica que te atrae se sienta a gusto contigo. Estos son los 10 mandamientos buenos que se pueden extraer del infalible método de Strauss.   

1. Saca lo mejor de ti. Cuidar el aspecto físico (higiene, ropa, peinado…) siempre hace que uno se sienta más seguro y que resulte más atractivo a los demás. No hace falta ser Brad Pitt, pero tampoco llevar una camiseta de hace diez años.  

2. No te disperses. A los hombres que salen a ligar “a ver lo que cae”, se les acaba viendo el plumero. Sobre todo si prodigan sus encantos en el mismo grupo de amigas. Evita parecer un buitre. 

3. Decisión. Strauss propone la “regla de los tres segundos”, que significa que desde que se establece el contacto visual, no tendría que transcurrir más tiempo hasta que te aproximaras a ella. La razón es que si le das muchas vueltas, te vas a poner más nervioso. Vamos, que es como lanzarse rápido a la piscina para no pasar frío. No hace falta que pasen únicamente tres segundos, pero sí que no se eternice la cosa. 

4. Rompe el hielo. Si te aproximas a una chica es porque tienes algo que decirle. Strauss lo califica de “frase de entrada”. Puede ser algo sobre el lugar en el que estáis o puedes haber preparado algo. Eso sí, que no sean obviedades, y que permitan que ella responda y se inicie una conversación. 

5. Fíjate en sus reacciones. Hay chicas que, por educación tal vez, continúan una conversación, pero no se sienten cómodas. Si es así, presionar simplemente te va a convertir en un plasta. Fíjate, sobre todo, en su lenguaje corporal: si se inclina hacia ti, vas bien. Si se atrinchera tras su bolso, igual no le interesas demasiado. 

6. Pregunta y escucha. Muchos son los seductores de pacotilla que hablan de sí mismos para impresionar a la otra persona. Craso error. Hace tiempo que los egos desmedidos se cotizan a la baja. Sin embargo, interesarse por la otra persona, recordar lo que ha explicado y seguir los temas de conversación que apunte, crea un clima mucho más distendido. 

7. Déjala que respire. Es lo que se llama 'tiempo muerto'. Tras una conversación interesante, puedes ir a hablar con un amigo o al baño. Ella se sentirá menos presionada, podrá valorar lo que está sucediendo y tú no parecerás tan necesitado. 

8. Ten un plan a punto. Si la cosa está yendo bien, alárgala. Es lo que en jerga de seductor se llama 'cita inmediata'.  Al salir del lugar donde estéis, propón un plan y escoge un lugar tranquilo, en el que podáis charlar. Si lo dejas para otro día, puede que ya no haya esa conexión. 

9. Un poco de contacto. Hay una diferencia clave entre ser un sobón y pasarse la noche hablando del sexo de los ángeles sin dar un paso adelante. Un roce en la mano o en la rodilla crearán más proximidad física, y también verás si ella lo recibe de buen grado o no es el momento de ir más adelante. 

10. Mirada triangular. Cuando la cosa se está calentando, los seductores recomiendan mirar a los ojos y a los labios. ¡No al escote! Eso hace que ella se sienta deseada de forma elegante.  

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