Pasiones de viajero: ¿por qué nos enamoramos de las islas?. Noticias de Estilo

Pasiones de viajero: ¿por qué nos enamoramos de las islas?

Por muy 'animales políticos' que seamos, citando a Aristóteles (y por 'políticos' entendemos habitantes de la 'polis', la ciudad), al final siempre necesitamos aislarnos. Ser islas más que penínsulas

Foto: La isla de Gaz. Foto: Turismo de Croacia
La isla de Gaz. Foto: Turismo de Croacia

Por muy 'animales políticos' que seamos, citando a Aristóteles (y por 'políticos' entendemos habitantes de la polis, la ciudad), al final siempre necesitamos aislarnos. Ser islas más que penínsulas. Nos hemos lanzado a la aventura marinera de averiguar de dónde viene nuestra debilidad por "estas porciones de tierra rodeadas de agua por todas partes", como las define la Academia, mientras sacamos un billete de avión que nos lleve a Atenas para coger un barco en el puerto del Pireo y volver a nacer, como Afrodita, en Mikonos (es solo un ejemplo). Serían el paraíso en la tierra si no fuera porque están en el mar.

ESTÁN HECHAS (DICEN QUE POR LOS DIOSES) PARA SER AMADAS

Esto son palabras mayores. Seychelles, Barbados, Maldivas, Fiji, Galápagos, Mauricio. Se impone una lección de geografía antes de abrir el cuaderno de bitácora. Son demasiadas: ellas también salpican todos los mares. Búscate una solo para ti y hazla tuya. Si no está muy lejos, podrás escaparte cuando puedas. En las Baleares, Ibiza tuvo y retuvo su momento; Formentera lo tiene. Naturaleza salvaje y agua transparente: nuestro Caribe. Quien lo probó lo sabe y no va a contarlo (o sí). No abundan los cronistas isleños: callan para salvaguardar los tesoros. Definitivamente, las islas están hechas para ser amadas. 

Fifla, la isla más pequeña de Malta. ©Turismo de Malta
Fifla, la isla más pequeña de Malta. ©Turismo de Malta

A los italianos les gusta Ponza (el archipiélago de las Pontinas), en el Tirreno, que alojó una vez a Mussolini, pero eso, por fortuna, no viene al caso. Los malteses miman su isla más pequeña, Fifla, sin habitar. Malta siempre será Malta, tan monumental, tan cosmopolita y, además, anglófona y mediterránea. Hasta Ulises paró en la vecina Gozo en su regreso a Ítaca, seducido por la artera Calipso. Por no hablar de ese héroe marino de historieta llamado Corto Maltés, nacido en La Valetta, la capital.

NO NOS HACE FALTA COMPRARLAS COMO UMA THURMAN O JOHNNY DEEP: LAS ADOPTAREMOS

Lo dicho: la isla de nuestros sueños será realmente nuestra por vía de la adopción imaginativa. Pasaremos por alto que el negocio inmobiliario de los últimos tiempos se ha especializado en la venta de islas. Aún así, si estás interesado en la adquisición o incluso en el alquiler de una isla, puedes mirar en la web de Private IslandsMarlon Brando se enamoró de Tetiaroa Atoll, cerca de Tahití, en la Polinesia. 

La isla de Marlon Brando en la Polinesia, Tetiaroa
La isla de Marlon Brando en la Polinesia, Tetiaroa

Aristóteles Onassis, de la griega del Jónico Skorpios, que compró en 1963: en ella se casó con Jacqueline y en ella está enterrado. Johnny Depp se prendó de una en las Bahamas, que bautizó Little Halls Pond Cay, casi un retiro espiritual. Leonardo di Caprio alzó en Belice (Blackadore Caye) su bandera ecologista ya como propietario. Y Uma Thurman comparte con su ex, Ethan Hawke, una en la bahía de Tracadie en Nueva Escocia (Canadá). La mayoría terminan siendo complejos hoteleros de superlujo: caso del resort The Brando.

¿NO ERA ESTA LA IDEA QUE TENÍAS DEL PARAÍSO?

Queríamos llegar más lejos, por lo menos hasta Jamaica, que es el exotismo en la tierra, con la casa de Bob Marley y ese reggae musical de palmera y playas como reclamo, o hasta el norte de Europa, buscando el verde y los acantilados.

©Turismo de Jamaica
©Turismo de Jamaica

A Bornholm, en Dinamarca, frente a las costas de Suecia y Polonia, o a Hiiumaa en Estonia, perdidas, intactas y bucólicas. Pero nos hemos quedado más cerca, en el Mediterráneo. En Grecia, ir de isla en isla es como jugar a la Oca. Los barcos que las unen salen con la frecuencia de la que goza aquí el autobús. Solo las Cícladas en el Egeo son 220. Pero es que en este mar azul hay hasta 2.000. Te gustarán de día y te divertirán de noche: es proverbial la marcha nocturna de Mikonos. Y la vida que hay al esconderse el sol en su ‘pequeña (gran) Venecia’, el barrio de Alefkándra.

Mikonos está llena de hoteles que son como barcos. Foto: Hotel Cavo Tagoo
Mikonos está llena de hoteles que son como barcos. Foto: Hotel Cavo Tagoo

TAMBIÉN ES UNA CUESTIÓN DE FORMAS, AUNQUE SUS FONDOS SON ESPECTACULARES

Ni qué decir tiene que querrás bucear aunque sea metiendo la cabeza y nada más. Sus fondos lo valen con creces. ¿Y sus formasnbsp;La montañosa Hidra, de las islas griegas Sarónicas, dibuja la silueta de una media luna (su punto más alto es el Monte Eros, 593 metros). Entre las 14 del archipiélago de las Brioni en el Adriático de Croacia hay una que es un pez (Gaz). El corazón-isla hay que buscarlo en el archipiélago de Skoljici, al sur del puerto de Zar, a 600 kilómetros de la costa de Dalmacia: es Galesnjak. Pero hay otra para enamorados: Curasao, junto a las costas venezolanas, cultura afro sobrante, sabor a licor de naranja amarga y el apodo superlativo de 'Ámsterdam del Caribe', por su pertenencia a las Antillas Holandesas y sus fachadas de colores.

Curasao, frente a las costas de Venezuela, es el corazón del Caribe.
Curasao, frente a las costas de Venezuela, es el corazón del Caribe.

Volvemos a Croacia. Tan asomada al mar, es el país de las mil islas, sin exagerar: tiene 1.244 entre islas, islotes y rocas. De ellas solo 66 están habitadas (por el hombre): Hvar, conocida por sus campos de lavanda, es paraíso de famosos y tiene contadas sus horas de sol (2.700). No podía ser más chic. Además, su peculiar orografía y su condición de espacios de interés biológico máximo las ha hecho escurridizas para la urbanización exacerbada. Le ha pasado a la alicantina Tabarca, que aún tiene una mitad virgen, y eso que La Tabarquera, la barca rápida con visión submarina que salva, junto a los barcos-taxi, los cuatro kilómetros largos de mar desde Santa Pola es como el metro en hora punta. Tabarca es plana, tanto que se confunde con el horizonte.

ESTÁN LLENAS DE SOPRESAS: BURROS, 400 IGLESIAS, ESCALERAS INFINITAS Y UN PELÍCANO

En las islas, las casas suelen ser blancas porque el mar (hablamos del nostrum, el Mediterráneo) es azul. Su aislamiento ha contribuido a conservarlas como eran. Así son: de calles empedradas, cerradas al tráfico de coches, no al de burros, y muy pintorescas. Solo hay que pensar en los molinos, en el pelícano con nombre propio (Petros) y en las 400 iglesias con cúpula pintada de añil de Mikonos. En las escaleras infinitas y la superpoblación de buganvillas de Thira, la capital de la increíble Santorini (600 peldaños, uno por uno hasta coronar como reyes los 260 metros sobre el nivel del mar), o en las dos caras de nuestras Cíes, en Pontevedra: una salvaje de acantilados, la otra mansa de arena fina.

AÚN QUEDAN CASAS DE PESCADORES QUE TODAVÍA NO SON HOTELES DE LUJO CON ENCANTO

Sus hoteles suelen ser hotelitos, siempre con encanto y casi siempre de lujo, con pasado humilde de casas de pescadores. Donde no quería vivir nadie, expuestos al precipicio y la voracidad del mar, en Santorini, por ejemplo, hoy se descuelgan los más fabulosos resorts.  El Four Seasons, en Hidra, la vecina de Atenas, tiene un pie en el mar y el otro en la montaña para que no tengas que elegir. En la orilla pero con los precios por las nubes. 

Panorámica del hotel Four Seasons de Hidra
Panorámica del hotel Four Seasons de Hidra

Lo verás también en la italiana Capri, tierra de artistas de antiguo, con su Gruta Azul y su gran belleza tirrena. Y hemos dicho antes Santorini, sí. Habrás oído hablar de ella mil veces, te habrán contado que nada hace sombra a los atardeceres en Oia otras mil, y dará igual. Su belleza es de postal. Y es tierra de infinity poolspiscinas que se pierden en el mar. Y de restaurantes donde se sirve el pulpo (octopus) y el pescado fresco a la parrilla con todos los tenedores y llenos de estrellas. No podemos decir más.

NO ES LO MISMO IRSE QUE ZARPAR

A la emoción de estar en una isla, que es como hacer un paréntesis en la apretada agenda, se suma la de coger un barco. Y sentirse Zorba el Griego un poco (lo creó Nikos Kazantzakis, antes de tener el rostro de Anthony Quinn en la gran pantalla). O Maqroll el Gaviero, que salió de la pluma y el mar del colombiano Álvaro Mutis. O, cómo no, del muy griego Stratis el Marino, que lanzó a la aventura (de vivir) Giorgos Seferis. A una isla no se llega, se desembarca. Y cuando partes, no te vas, sino que zarpas.

Barco tradicional maltés. ©Turismo de Malta
Barco tradicional maltés. ©Turismo de Malta

Islas. Tienen el aire libre de las cantinas y están llenas de viejos lobos (y no tanto) de mar que 'adornan' las tabernas. Y luego están los nombres: Isla Mujeres, en México, Bora Bora en la Polinesia francesa o Isla de Flores, en las Azores, tan cerca, dibujando la Macaronesia. Todas suenan a Edén.

EMPÁPATE DE MITOLOGÍA: BUSCA EN NAXOS A ARIADNA Y A APOLO EN DELOS

¿No dicen que las crearon los diosesnbsp;Son, desde luego, escenario de mitología. Dando vueltas, como procede, por las Cícladas encontramos que en Naxos fue donde Teseo abandonó a Ariadna, que en Delos nacieron Apolo y Artemisa, y que Ios, se cuenta, recibió el cuerpo de Homero. Y qué decir de Creta la grande y su minotauro. Para perderse en su laberinto.

Y RECUERDA...

Lo que decía el poeta del siglo XVI John Donne: "Nadie es una isla completo en sí mismo. Cada hombre es un pedazo de continente, una parte de la tierra...". El final lo cogió Hemingway como título de uno de sus libros: ¿Por quién doblan las campanas? Si ahora mismo te lo estás preguntando, ya lo sabes: "Doblan por ti".

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