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La otra Ibiza: si no te va la fiesta, apúntate a esta ruta por la isla

Hay una isla campera que mira hacia el interior, que se pone a la sombra de un árbol, se asoma a una torre vigía, pinta de blanco sus iglesias y se lo toma con tranquilidad. Está aquí

Foto: Es Figueral, esa playa. (Foto: Visit Santa Eulalia)
Es Figueral, esa playa. (Foto: Visit Santa Eulalia)

Hay vida mucho más allá de Ushüaia y compañía, al otro lado de la loca algarabía, del ritmo dionisiaco y el compás frenético de los frenéticos DJ. Queremos decir que hay otra Ibiza alejada de ese mundanal y discotequero ruido, más rural, más apegada a la tierra, aunque también al mar, y sobre todo más tranqui. Tal vez sea La Granja Ibiza, un maravilloso hotel que no parece hotel, y el propio Dalt Vila, la ciudad histórica, quienes mejor la definan. O sea, a la isla blanca puedes ir a soltarte la melena y a recogértela. Te está sonando a zen, ¿no? Irremediablemente hay algo de eso. Naturaleza, arte, tradición... Terminan imponiendo su ley (del silencio).

La ciudad vieja de Ibiza. (Foto: Hotel Mirador Dalt Vila)
La ciudad vieja de Ibiza. (Foto: Hotel Mirador Dalt Vila)

1. El otro paraíso. Cuando pensamos en el paraíso nos imaginamos con frecuencia una infinita playa de arena blanca bañada por un mar de aguas turquesas al que solo le hacen sombra unas palmeras de película, y se nos olvida ese 'locus amoenus' que decían los antiguos y que no es sino un lugar a la sombra, con fuente y el poético cantar de los pájaros. En Ibiza hay mucho de eso. De esa paz. Solo hay que ver La Granja Ibiza, un hotel y club privado de amigos de lo rural, para darse cuenta de hasta dónde se puede llegar, en cuestiones de diseño, cuando se aman y tanto la naturaleza, la artesanía, el arte. Una vieja casa de piedra a las afueras del pueblecito de San Mateo con solo 9 habitaciones y una casa de huéspedes que promulga la vuelta al campo.

La Granja, el lujo rústico.
La Granja, el lujo rústico.

2. No todo juerga hasta el amanecer. Algo que uno no se puede perder son las casas payesas, que admiró el mismísimo Le Corbusier, de líneas cúbicas, vigas de sabina y con toda la blancura de la cal y también el color tierra de la piedra seca. Tienes una en el Puig de Missa de Santa Eulàlia des Riu, Can Ros, que está tal cual. Y otra en Sant Carles de Peralta, Ca n'Andreu, famosa por su trull (almazara) y por su estampa inalterada. Además, te encontrarás con otras junto a los caminos, blanqueando las colinas de pinos y los valles agrícolas.

El Puig de Missa. (Foto: Visit Santa Eulalia)
El Puig de Missa. (Foto: Visit Santa Eulalia)

3. Más pistas. No te pierdas tampoco las iglesias fortaleza, ahí tienes la iglesia del mismo Puig de Missa con un baluarte de defensa adosado, o las torres vigía (la de Carregador en Platja d'en Bossa o la de Ses Portes, entre Ses Salines y Es Cavallet), presta atención a los pozos y acequias, y vete a ver el acueducto romano de s'Argamassa, a los pies del hotel ME Meliá Ibiza. Sí, los romanos también estuvieron por aquí.

Es Trull de Ca n'Andreu. (Foto: Visit Santa Eulalia)
Es Trull de Ca n'Andreu. (Foto: Visit Santa Eulalia)

4. Otros tesoros para descubrir. La isla entera está llena de ellos. Solo tendrás que abrir bien los ojos y permanecer atento. Empezando por la pequeña iglesia de Santa Àgnes, en Sant Antoni; la de Es Cubells, la última de estilo arquitectónico típico, en Sant Josep de Sa Talaia, o la de Sant Vicent, en Sant Joan de Labritja, todas blanquísimas y tipiquísimas.

El Puig de Missa. (Foto: Visit Santa Eulalia)
El Puig de Missa. (Foto: Visit Santa Eulalia)

Siguiendo por las casetas varadero de Sa Caleta, en Sant Josep, donde los pescadores guardan sus barcas, frente a la península donde se haya el poblado fenicio del mismo nombre (s.VIII a.C.), o la cala Mastella, en el término de Santa Eulalia, junto a Cala Nova y Es Figueral. Para terminar, de momento, en el poblado de Balàfia, en Sant Llorenç, uno de los mejores ejemplos de arquitectura tradicional de las Baleares, siete casas más dos torres refugio donde los campesinos se refugiaban de los piratas.

Cala Mastella, un refugio refrescante al norte de la isla. (Foto: Visit Santa Eulalia)
Cala Mastella, un refugio refrescante al norte de la isla. (Foto: Visit Santa Eulalia)

5. Un paraíso... del buen vivir. Al margen de lo natural y arquitectónico, hay otros templos en Ibiza que adorar. Uno de ellos es Can Jordi (Blues Station, como se la conoce), en Sant Josep, que es colmado, bar, galería de arte y escenario de conciertos. Vale para todo, lo mismo para llenar el carrito de productos del campo que para zamparse un bocata a deshora o asistir a una jam session. Y otro Can Arabí, un hotel rural precioso (desde 330 euros) que fue una vaquería en medio de una plantación de naranjos a las afueras de Puig d'en Valls, a solo dos kilómetros de la ciudad de Ibiza. Y con piscina. Por no hablar del Nobu Hotel Ibiza Bay, que acaba de abrir sus puertas, un resort que no podía ser más exclusivo (desde 490 euros) y está a un pasito también de Dalt Vila, en la bahía de la playa de Talamanca, y es, atención, del actor Robert de Niro.

El Nobu Ibiza Bay, propiedad de Robert de Niro.
El Nobu Ibiza Bay, propiedad de Robert de Niro.

6. Suma y sigue. Porque la Ibiza más histórica –la que se erige altanera al cobijo de las murallas de Dalt Vila y que fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO– también esconde algunos secretos dignos de mención. Uno de ellos bien podría ser el Relais & Chateâux Mirador de Dalt Vila: un palacete señorial del siglo XIX que se convierte en la atalaya perfecta para divisar y descubrir una isla con marcado carácter medieval.

Mármol, ónix y piedras semipreciosas son solo algunos de los detalles que esconden sus siete habitaciones (desde 220 euros) y sus ocho suites (desde 450) en las que poder redescubrir la Ibiza tranquila. El relax empieza por una baño en su pequeña piscina ubicada en el patio trasero de esta casona y resguardada por la muralla. Porque aquí todo es lujo. Hasta su gastronomía.

En Relais et Chateâux Mirador de Dalt Vila, el silencio lo es todo. (Foto: Cortesía)
En Relais et Chateâux Mirador de Dalt Vila, el silencio lo es todo. (Foto: Cortesía)

Los secretos que guarda la despensa balear los conoce a la perfección el chef Juan Manuel Tur. De los fogones del restaurante Es Mirador salen excelsas elaboraciones con sabor a mar y montaña. Como sus vieiras al grill con puré de chirivía, parmesano y albahaca o su arroz cremoso de gamba roja con sepia, algas y azafrán. Dos propuestas que concentran a la perfección un saber hacer refinado y con regusto a cocina tradicional cuyo menú tiene un precio medio que oscila entre los 80 y los 120 euros. Una sinfonía gastronómica –imperdible resulta su crema de cítricos con fresas, helado de jengibre y polvo de albahaca– que, bien regada con vinos de la isla, deviene en manjar de dioses para aquellos que busquen una sobremesa con amigos en un marco... donde habita el silencio.

7. Despedida y cierre. Digamos adiós a la isla. O, al menos, despidámonos con un hasta pronto. Pero hagámoslo desde un acantilado con vistas al mar, bajo el auspicio de alguno de los porches de Na Xemena, la villa de The Suites –compuesta por ocho dormitorios y ocho baños independientes–, desde la que soñar con que otras vacaciones (muy deco y muy cool) son posibles en Ibiza. Esta construcción de arquitectura lineal, con capacidad para 16 personas y desniveles en tres de sus plantas, la convierten en un balcón privilegiado con vistas al Mediterráneo. ¿El precio medio por noche de la casa completa? De 1.320 a 2.640 euros.

Na Xemena. (Foto: Cortesía The Suites)
Na Xemena. (Foto: Cortesía The Suites)

Un lugar desde donde disfrutar de las bondades de la isla pitiusa con amigos. Y dejarse embriagar por toda esa vegetación que circunda esta casa encalada. Olivos y frutales serán la guinda a un pastel donde el aislamiento lo es todo, donde el descanso se escribe en dormitorios de techos altos, paredes blancas y suelos de hormigón pulido. Toda una oda a la decoración minimal cuyo único ingrediente lo ponen sus exclusivos huéspedes: saborear el silencio.

Una de las habitaciones de Na Xemena. (Foto: Cortesía The Suites)
Una de las habitaciones de Na Xemena. (Foto: Cortesía The Suites)

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