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Este tipo de lavabo se puso de moda hace 15 años en los baños y ahora los expertos se han dado cuenta de que fue un error
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Este tipo de lavabo se puso de moda hace 15 años en los baños y ahora los expertos se han dado cuenta de que fue un error

Eso no significa que todos los lavabos sobre encimera estén desterrados, pero sí que su uso se ha vuelto mucho más selectivo

Foto: El lavabo de moda de hace 15 años es un error. (Pexels/ Esteban Santiago Gonzalez)
El lavabo de moda de hace 15 años es un error. (Pexels/ Esteban Santiago Gonzalez)

Durante más de una década, los lavabos tipo vaso —esas piezas de cerámica que se colocan sobre la encimera como si fueran un cuenco— han sido sinónimo de baño moderno. A mediados de los años 2000 irrumpieron con fuerza en revistas de decoración, hoteles boutique y reformas domésticas, convirtiéndose en un símbolo de diseño contemporáneo. Hoy, sin embargo, arquitectos e interioristas empiezan a coincidir en algo que pocos se atreven a decir en voz alta: aquella tendencia tan celebrada fue, en muchos casos, un error.

El atractivo era evidente. Su estética minimalista y su aire “spa” aportaban personalidad a cualquier baño, incluso a los más pequeños. Además, ofrecían una solución rápida para actualizar un espacio sin grandes obras: bastaba cambiar el lavabo para transformar por completo el ambiente. El problema es que el tiempo ha puesto en evidencia sus limitaciones prácticas, algo que ahora reconocen muchos profesionales del sector.

placeholder Este tipo de lavabos no son tan cómodos como se esperaba. (Pexels/ Andrea Davis)
Este tipo de lavabos no son tan cómodos como se esperaba. (Pexels/ Andrea Davis)

Uno de los principales inconvenientes tiene que ver con la ergonomía. Al ir colocados sobre la encimera, estos lavabos elevan varios centímetros el punto de uso, lo que obliga a adaptar la altura del mueble o, si no se hizo en su momento, provoca posturas incómodas al lavarse las manos o la cara. En muchos hogares el lavabo quedó demasiado alto, y eso genera tensiones en hombros y espalda con el uso diario.

A esto se suma un problema habitual: las salpicaduras. El diseño en forma de cuenco, unido a grifos mal ajustados o demasiado altos, hace que el agua rebote con facilidad y termine empapando la encimera —y a veces el suelo—. Lo que parecía una solución elegante acaba convirtiéndose en una fuente constante de limpieza extra, algo poco compatible con la vida real y el ritmo de los hogares actuales.

placeholder El baño puede quedar bonito pero si no es práctico no es recomendable. (Pexels/ Sasha Pshenkov)
El baño puede quedar bonito pero si no es práctico no es recomendable. (Pexels/ Sasha Pshenkov)

La higiene es otro punto crítico. Al estar elevados, los lavabos tipo vaso acumulan suciedad y cal en la base, justo en la unión con la encimera, una zona difícil de limpiar bien. Además, muchos modelos tienen paredes muy rectas o bordes finos que favorecen que se queden restos de jabón o maquillaje. Son piezas bonitas en foto, pero poco agradecidas en el mantenimiento diario.

También ha cambiado la forma de entender el espacio. Hace 15 años se priorizaba el impacto visual; hoy se valora mucho más la funcionalidad, el almacenamiento integrado y las superficies continuas. Los lavabos encastrados o integrados en la encimera permiten aprovechar mejor el mueble, facilitan la limpieza y crean una sensación de orden que encaja con las nuevas tendencias de bienestar y hogar práctico.

Durante más de una década, los lavabos tipo vaso —esas piezas de cerámica que se colocan sobre la encimera como si fueran un cuenco— han sido sinónimo de baño moderno. A mediados de los años 2000 irrumpieron con fuerza en revistas de decoración, hoteles boutique y reformas domésticas, convirtiéndose en un símbolo de diseño contemporáneo. Hoy, sin embargo, arquitectos e interioristas empiezan a coincidir en algo que pocos se atreven a decir en voz alta: aquella tendencia tan celebrada fue, en muchos casos, un error.

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