Durante más de una década, los lavabos tipo vaso —esas piezas de cerámica que se colocan sobre la encimera como si fueran un cuenco— han sido sinónimo de baño moderno. A mediados de los años 2000 irrumpieron con fuerza en revistas de decoración, hoteles boutique y reformas domésticas, convirtiéndose en un símbolo de diseño contemporáneo. Hoy, sin embargo, arquitectos e interioristas empiezan a coincidir en algo que pocos se atreven a decir en voz alta: aquella tendencia tan celebrada fue, en muchos casos, un error.
El atractivo era evidente. Su estética minimalista y su aire “spa” aportaban personalidad a cualquier baño, incluso a los más pequeños. Además, ofrecían una solución rápida para actualizar un espacio sin grandes obras: bastaba cambiar el lavabo para transformar por completo el ambiente. El problema es que el tiempo ha puesto en evidencia sus limitaciones prácticas, algo que ahora reconocen muchos profesionales del sector.
Este tipo de lavabos no son tan cómodos como se esperaba. (Pexels/ Andrea Davis)
El baño puede quedar bonito pero si no es práctico no es recomendable. (Pexels/ Sasha Pshenkov)
La higiene es otro punto crítico. Al estar elevados, los lavabos tipo vaso acumulan suciedad y cal en la base, justo en la unión con la encimera, una zona difícil de limpiar bien. Además, muchos modelos tienen paredes muy rectas o bordes finos que favorecen que se queden restos de jabón o maquillaje. Son piezas bonitas en foto, pero poco agradecidas en el mantenimiento diario.
También ha cambiado la forma de entender el espacio. Hace 15 años se priorizaba el impacto visual; hoy se valora mucho más la funcionalidad, el almacenamiento integrado y las superficies continuas. Los lavabos encastrados o integrados en la encimera permiten aprovechar mejor el mueble, facilitan la limpieza y crean una sensación de orden que encaja con las nuevas tendencias de bienestar y hogar práctico.
Durante más de una década, los lavabos tipo vaso —esas piezas de cerámica que se colocan sobre la encimera como si fueran un cuenco— han sido sinónimo de baño moderno. A mediados de los años 2000 irrumpieron con fuerza en revistas de decoración, hoteles boutique y reformas domésticas, convirtiéndose en un símbolo de diseño contemporáneo. Hoy, sin embargo, arquitectos e interioristas empiezan a coincidir en algo que pocos se atreven a decir en voz alta: aquella tendencia tan celebrada fue, en muchos casos, un error.