Naomi Osaka ya no llega a una pista de tenis, desfila como una modelo y es que sus entradas son apoteósicas. Y la de Roland Garros ha sido y será probablemente una de las más comentadas del año. Porque mientras el resto de jugadoras aparecen con conjuntos deportivos, ella ayer aterrizó en París vestida como si fuera a inaugurar la Semana de la Alta Costura.
La tenista japonesa apareció caminando hacia la Suzanne Lenglen con un espectacular look negro firmado por Kevin Germanier: corsé ajustado lleno de brillo, transparencias y una falda plisada larguísima que se movía detrás de ella como una capa. Todo bastante dramático, fashion y muy poco “uniforme de tenis”.
Y cómo no hubo momento show. Porque debajo del vestido negro escondía el look de competición: un minivestido marrón con paillettes doradas, cuello halter y pequeños volantes estructurados que parecían sacados de un vestido de fiesta dosmilero. Nike está detrás del diseño y, sinceramente, solo Naomi Osaka puede conseguir que un cambio de ropa antes de un partido parezca una escena de película.
Ella misma explicó después que todo estaba inspirado en la Torre Eiffel iluminada de noche. “Es muy de alta costura”, dijo entre risas. Y sí, lo era. El brillo dorado, el negro translúcido y el juego entre ambas piezas parecían pensados para París. Muy Roland Garros, pero llevado a su terreno.
Porque Osaka lleva tiempo haciendo algo que nadie más en el tenis está haciendo así de bien: convertir la moda en parte del espectáculo. Ya no es solamente una deportista con campañas de lujo o buena relación con las marcas. Es una jugadora que entiende perfectamente el impacto visual de cada aparición. Y lo explota.
El look de Naomi Osaka (Getty Images)
No es casualidad que también haya sido una de las protagonistas de la última Met Gala. Allí apareció con un look conceptual diseñado por Robert Wun, dividido también en dos partes: primero un abrigo blanco con detalles rojos y luego un vestido ajustado que simulaba músculos y anatomía humana. Ella explicó que representaba “la piel desprendiéndose y la anatomía humana”. Un look con un mensaje intenso, pero a la altura de Osaka.
Y es que hay algo que conecta todos sus looks: siempre parecen contar una historia. A veces más futurista, otras más teatral o más pop, pero nunca son simplemente “ropa bonita”. En el Open de Australia ya había aparecido con diseños inspirados en mariposas y medusas, jugando con la idea de transformación. Ahora en París ha tirado por una estética más oscura y sofisticada.
Un detalle del vestido (Getty Images)
También ayuda que Nike le permita salirse completamente del molde. Mientras el tenis sigue teniendo una estética bastante clásica, Osaka aparece con corsetería reinterpretada, tejidos brillantes, volúmenes exagerados y siluetas que parecen más de editorial de moda que de torneo deportivo. Y aun así no se siente impostado.
Llama la atención con la entrada, parece un disfraz, pero a medida que. quita las capas incluso con un corsé lleno de pedrería y una falda dramática sigue teniendo algo relajado, casi natural. No da sensación de ir forzada, porque lo lleva de una forma muy propia al terreno deportivo. Más bien parece divertirse muchísimo con todo esto.
Por eso ahora mismo se ha convertido en la deportista más fashion del circuito. La única capaz de hacer que una entrada a pista genere casi tanta conversación como el partido. Serena Williams abrió el camino hace años, pero Osaka lo ha llevado a otro lugar mucho más cercano a la cultura pop, internet y la moda contemporánea.
Ganó su debut en Roland Garros, sí. Pero sinceramente, durante un rato el tenis fue lo de menos. Todo el mundo estaba mirando otra cosa: ese vestido negro moviéndose por la pista parisina y cómo Naomi había conseguido convertir un partido de tenis en uno de los momentos de moda más virales del torneo.
Naomi Osaka ya no llega a una pista de tenis, desfila como una modelo y es que sus entradas son apoteósicas. Y la de Roland Garros ha sido y será probablemente una de las más comentadas del año. Porque mientras el resto de jugadoras aparecen con conjuntos deportivos, ella ayer aterrizó en París vestida como si fuera a inaugurar la Semana de la Alta Costura.