VIAJES POR ESPAÑA

Akelarre ahora también es un hotel (de lujo): otra excusa más para subir a Igueldo

Allá arriba en Igueldo, desde donde tan bien se ven San Sebastián y el mar, el chef Subijana ha abierto un hotel para recibir con todos los honores a sus huéspedes. Ya no son solo las cosas del comer

Foto: Una habitación del hotel Akelarre y el mar.
Una habitación del hotel Akelarre y el mar.

Ya estábamos pensando subir a Igueldo en el funicular entre hortensias para tener otra vez la fortuna de contemplar San Sebastián desde lo alto y mirar a la bahía de la Concha por encima del hombro con aires aventureros cuando nos ha sorprendido la noticia de que el gran chef Pedro Subijana que tiene aquí su feudo gastronómico ha abierto un hotel. Así pues, el Akelarre ya no es solo un restaurante de postín, sino que es también un hotel de lujo y en la misma cima donostiarra, esa desde la que hay que asomarse tarde o temprano sí o sí. Ya tenemos otra excusa para viajar a la ciudad del Peine del Viento. Como nos gusta poco... Veamos.

1. La última de Subijana. No es, como pudiera imaginarse, otro vuelco en su carta o el triple salto con tirabuzón culinario, que estamos ante un tres estrellas Michelin, sino la apertura de un hotel en esta orilla empinada del Cantábrico, donde la hospitalidad ya no va a pasar solo por servir la mejor mesa, sino por atender a los huéspedes. El sueño que tenía el chef: abrir de par en par las puertas de su casa.

Igueldo ya era apetecible y ahora con este nuevo Akelarre más.
Igueldo ya era apetecible y ahora con este nuevo Akelarre más.

2. Igualmente Akelarre. El hotel de cinco estrellas se ubica en la parte inferior del edificio que ya alberga el restaurante, del que Subijana se hizo responsable en 1975, y se prolonga por otros de nueva construcción. El lujo, aparte de los servicios y de los cuidadísimos detalles, le viene de su privilegiada localización. Más allá de esta, el proyecto de arquitectura e interiorismo ha corrido a cargo del estudio de arquitectura Mecanismo, dirigido por Marta Urtasun y Pedro Rica, e incluye espacios diáfanos y contemporáneos.

El lujo era esto.
El lujo era esto.

3. El mar, la mar. Desde todas y cada una de sus 22 habitaciones se puede ver el mar del golfo de Vizcaya, que hasta se refleja, oh cielos, en los espejos del baño. Entre ellas hay dos suites, de 100 metros cuadrados y con piscina privada. Lo saben ya los primeros huéspedes, que hicieron parada y fonda el primero del mes de julio. Los mismos que pudieron disfrutar de ese otro lujo que es el spa: hidromasaje, baño de vapor, sauna, masajes y tratamientos de belleza. Precio: desde 300 euros, desayuno incluido.

El hotel Akelarre por fuera.
El hotel Akelarre por fuera.
4. Las cosas del comer. Una vez aquí, cómo no disfrutar del Subijana de siempre, ahora además en el Espacio Oteiza, que para ponernos los dientes aún más largos se ha sacado de la manga un menú cerrado con recetas de raíces vascas, a lo que hay que sumar una carta ligera en la zona de bar. Y luego está la bodega, con su gran mesa comunal donde descubrir los vinos que atesora el lugar. En el restaurante de toda la vida, hay tres menús, Aranori, Bekarki y Los Clásicos del Akelarre, y lo suyo, por eso de probar lo que ha hecho historia, es quedarse con este último. Empezar con una ensalada de bogavante al vinagre de sidra y llegar hasta el tarro roto de yogur, gatzatua y frutos rojos, pasando por la kokotxa suflada y pilpil de ajo blanco, y el pichón asado con un toque de mole y cacao. Antes del postre, un poco de queso. Cómo no. Precio: 195 euros + IVA.

5. Sus hermanos. El Akelarre es de la misma familia que el Viura de la Rioja Alavesa, de arquitectura prodigiosa, hecho de cubos superpuestos y apostando por el desarrollo sostenible; el Cap Rocat de Mallorca, una antigua fortaleza militar de la bahía de Palma; el Torralbenc de Menorca, una tradicional finca menorquina; el Gecko en Formentera, reivindicando la elegancia marinera de los años 50, y el Urso, un antiguo palacio, y el Tótem, en pleno barrio de Salamanca, de Madrid. Palabras mayores. Solo hay que verlos.

Así es el Cap Rocat de Mallorca.
Así es el Cap Rocat de Mallorca.

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