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VIAJES POR ESPAÑA

Rumbo a Segovia: 24 horas muy navideñas en Pedraza

Una estampa medieval que no se puede aguantar, un castillo que fue taller de Zuloaga, una cárcel de película, mucha antigüedad y artesanía, y todo el encanto propio de la Navidad

Foto: Pedraza es, se por mire por donde se mire, una tentación. (Foto: Ayuntamiento de Pedraza)
Pedraza es, se por mire por donde se mire, una tentación. (Foto: Ayuntamiento de Pedraza)

Casi siempre la miramos desde Madrid y con ojos golositos, sin perjuicio de que sea igualmente deseada desde cualquier otro lugar de España y hasta del mundo. Que Pedraza es mucha Pedraza. Pero hay que reconocer que esta villa segoviana es el otro Retiro madrileño y con razón. Te decimos qué tiene que no tengan las demás. Y, de paso, que ya estás tardando en ir. A ella no se le puede hacer esperar. Y mucho menos en Navidad.

1. A solo hora y media de Madrid. Podríamos escaparnos a Trujillo, en Cáceres, o a La Alberca, en Salamanca, por citar dos ejemplos de pueblos doblemente históricos de belleza sin igual, pero Pedraza les toma la delantera. Mientras que aquellos se conquistan en dos horas y media y tres horas, por este orden, este se toma en apenas hora y media partiendo de la capital (126 km), con lo cual no hay que pensárselo mucho. Más puntos a su favor: le separan solo 37 kilómetros de Segovia capital, tirando hacia el nordeste, por si le entran a uno unas ganas irresistibles de ver el Acueducto o de saludar a Cándido.

La villa medieval desde el cielo. (Foto: Ayuntamiento de Pedraza)
La villa medieval desde el cielo. (Foto: Ayuntamiento de Pedraza)

2. Un viaje en el tiempo. Que una hora y media en coche no es nada cuando lo que se hace en realidad es un viaje en el tiempo, porque el destino en cuestión es una villa medieval amurallada cuidadísima con una única puerta de acceso, algo que la hace merecedora de todas nuestras bendiciones. ¡Una puerta del siglo XI! Reconstruida, eso sí, en el XVI por el señor de Pedraza, que hay mucha nobleza aquí, y con cárcel (o mejor, mazmorra) en su torre vigía, que se puede visitar (es museo); aún están los cepos para manos y pies. Todo de película (lo ha sido ya y lo será).

La cárcel, una de las más tétricas de Castilla, dicen. (Foto: Ayuntamiento de Pedraza)
La cárcel, una de las más tétricas de Castilla, dicen. (Foto: Ayuntamiento de Pedraza)

3. No podía faltar un castillo. Una villa como esta de piedras centenarias tenía que tener un castillo como el que tiene, construido en el siglo XIII y retocado varias veces a lo largo de la historia. Tiene de todo, como el del Exin Castillos: torre del homenaje, foso, puente levadizo y muro exterior con cañoneras. En manos de los Fernández de Velasco, duques de Frías y condestables de Castilla, le sobra historia, pero para eso hay que ir a Simancas y zambullirse en el archivo.

El castillo que tanto le debe a Ignacio Zuloaga. (Foto: Ayuntamiento de Pedraza)
El castillo que tanto le debe a Ignacio Zuloaga. (Foto: Ayuntamiento de Pedraza)

4. El ilustre taller del ilustre Zuloaga. Tanta historia, decíamos, que hasta cayó en manos del pintor Ignacio Zuloaga, que en 1926 lo compró, lo restauró -entonces era una ruina- e instaló aquí su taller. Pintó, como cabía esperar, paisajes y retratos de las gentes de Pedraza. Hoy cobija un museo con obras del artista, un retrato de la condesa de Baena de Goya, un Cristo del Greco y algún bodegón flamenco del siglo XVII. Cada primer viernes de mes se hace una visita guiada al estudio del pintor, además del museo (reserva previa).

5. Ni faltar una plaza porticada. Al más puro estilo castellano, donde pasa la vida, con iglesia románica, la de San Juan, luego barroquizada pero con su torre de doble arquería. Creada la plaza para que las familias nobles vieran los toros desde sus barreras (los balcones), ya desde 1550 y hasta hoy en las fiestas patronales (a principios de septiembre); de ahí los palacios y las casas blasonadas de los siglos XVI y XVII que la adornan, en una de la cuales se alojó Carlos IV.

La plaza en todo su esplendor. (Foto: De Natura Pedraza)
La plaza en todo su esplendor. (Foto: De Natura Pedraza)

6. Un concierto a la luz de las velas. Todo esto le da a Pedraza un aire especial, no digamos cuando a comienzos de cada julio se celebran los Conciertos de las Velas y se apagan las luces públicas, se cierran las ventanas y se hace la música. El romanticismo, sin lazos ni corazones, es total. Si es que hasta se dice que fue cuna del emperador Trajano y hay más: alberga una cueva con grabados del Paleolítico Superior apodada la Griega.

7. Aquí se viene a comer. Hay que reconocerlo. Mucho monumento, mucho escenario peliculero, mucho escudo, mucha calle empedrada y mucho espíritu medieval, pero Pedraza es también en cierto modo el 'restaurante' de Madrid, sobre todo en domingo y fiestas de guardar: lechazo o cochinillo asado, judiones de la Granja y, para coronar la faena, ponche segoviano. ¿Dónde? En el restaurante La Olma, un caserón del XVI -aquí todo es antiguo-, que se asoma desde sus dos terrazas a la plaza del Álamo, donde estuvo la olma que dio sombra a aquellos mercados de ganado.

El restaurante El Yantar de Pedraza.
El restaurante El Yantar de Pedraza.

Sí, te servirán los manjares dichos, además de otros platos salidos de la imaginación de Sergio Blázquez, el chef: patatas confitadas, milhojas de verdura de temporada salteadas con langostinos y salsa romescu, hojaldre de solomillo y muchos guisos. Otra opción es El Yantar de Pedraza, en la misma Plaza Mayor y con balcón, donde probar, además de lo dicho, las patatas revolconas, la sopa castellana o el huevo de oca del Duratón.

8. A comprar. Desde piezas de plata o trabajos en hierro hasta muebles rústicos y antigüedades, pasando por repostería artesana y otros productos típicos. Muebles Artesanos, Cosas de Pedraza, Crepundia (juguetes de antes) o La Cómoda de mi Abuela son algunas tiendas. Hay mucho donde mirar. Y luego, hay que pasearse por las extensiones de Pedraza: los barrios de Las Rades y La Velilla.

Un rincón en De Natura.
Un rincón en De Natura.

9. … Y a casarse. Además, con los Vallejo-Nágera, Samantha y su madre, Sabine Déroulède, como anfitriones, que tienen aquí su feudo, De Natura Pedraza. Es nada menos que la casa palacio del marqués de Pineda construida en el siglo XVI, que el decorador Paco Muñoz -marido de Sabine- rehabilitó para transformarla en tienda de muebles (hasta 2011). Consta de tres plantas, con madera vista, suelo de barro antiguo y un precioso jardín.

10. ¿Un hotelito con encanto? Puede ser la Hospedería de Santo Domingo, a pocos metros de la Puerta de la Villa, en el barrio judío. Una casa noble de tres siglos dentro del conjunto medieval, con jardín rozando la muralla y vistas a Guadarrama. Precio: desde 85 euros.

La Hospedería de Santo Domingo.
La Hospedería de Santo Domingo.

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