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#MBFWM15: Manual de instrucciones para sobrevivir a Cibeles

Cuidado con los tacones, la cafeína, las cervezas en el Kissing Room, el síndrome de Diógenes, la tontería chic y la pasión exacerbada. Lo dice una editora de moda, que lo probó y lo sabe

Foto: #MBFWM15: Manual de instrucciones para sobrevivir a Cibeles

Un periodista de moda se enfrenta a la Semana de la Moda madrileña con una mezcla de emociones contrapuestas. Por una parte, siente emoción por ver las propuestas que los diseñadores españoles llevan una temporada preparando. Aunque algunos viven en un eterno déjà vu.

Por otra parte, siente que se enfrenta a una semana de clausura monacal en el Pabellón 14 del IFEMA, un lugar en el que la luz natural no tiene cabida y en el que un abrumador porcentaje de los asistentes se viste con la esperanza de ser retratado por un fotógrafo de street style. Cafeína, música a todo volumen, luces artificiales y un sinfín de bolsos de Chanel falsos hacen que la Mercedes-Benz Fashion Week Madrid sea una carrera de fondo. Sabemos las claves para sobrevivir y llegar a la meta sin rasguños y sin parecer un principiante.

Dress code

Garance Doré o Scott Schumann nos han hecho creer que lo normal es asistir a los desfiles sobre unos tacones imposibles, pero tras años de observación cautelosa, a no ser que seas una experta ‘taconera’, la opción perfecta reside siempre en las plataformas de altura media o en las deportivas. Para comenzar, si en lugar de llegar al citado pabellón en taxi (estamos en crisis y no todas las empresas están dispuestas a costear el transporte a los desfiles, aunque estos formen parte del trabajo), el camino desde el metro no es corto.

La fase dos viene cuando tomas asiento en la sala del show. Sus escalones iluminados con una luz dudosa son los peores enemigos de toda novata en el mundo de los tacones, y no son pocos los tropezones o las caídas que han sido vistos a lo largo de los años en la antiguamente denominada Cibeles. Aunque Madrid no tiene nada que ver con París, donde los desfiles tienen lugar en infinidad de recintos, moverse con velocidad es clave para tomar buenas imágenes en el backstage de los desfiles, seguir a los diseñadores cuando explican sus colecciones mientras terminan de pincelar los diseños o simplemente aprovechar el catering de la sala de prensa a primera hora (los bollitos vuelan). 

Lo mejor es llevar un bag maxi en el que meter unos tacones por si de repente surge una entrevista improvisada o si tienes que acudir a un evento al terminar la jornada de desfiles. 

Cuidado con la cafeína

Café gratis. C-A-F-É G-R-A-T-I-S en una semana en la que pasas 12 horas encerrada en un pabellón es demasiado suculento. Mide el número de cafés ingeridos y huye de la Coca-Cola gratuita de la sala de prensa si no quieres terminar la jornada convertido en Maromi: pupilas dilatadas inyectadas en sangre y movimiento incesante de caderas retratan al que ha sido preso de la cafeína.

No te pases con el alcohol

El Kissing Room (la sala habilitada tras los desfiles para tomar una cerveza o un cóctel junto a los diseñadores que acaban de presentar su colección) ha dinamitado las convenciones de que beber antes de las 13 h es pecado. Si te lanzas a su barra al terminar el primer desfile, puedes caer en una espiral de cócteles y cervezas que comience a las 11 de la mañana y que se puede alargar hasta la noche.

Porque sí: muchos diseñadores organizan fiestas por la noche para celebrar el éxito de la colección y muchos medios de moda aprovechan el aluvión de fashionistas para organizar fiestas. Y esto no ocurre necesariamente el sábado. No olvides que el martes sobre las 10.30 hay un nuevo desfile que ver y que el Kissing Room sigue esperando. No quieres terminar en la Betty Ford.

Que no te invada el síndrome de Diógenes

¡Revistas gratis! ¡Bolsas de propaganda gratis! ¡Cafés Kaiku gratis! Sí, los regalos están presentes a lo largo del Cibelespacio (se llama así, no frunzan el ceño), pero tengamos en cuenta que las revistas son del mes anterior y que las bolsas de tela en las que guardarás los ejemplares tienen su gracia en el momento, pero no cuando tu armario se llene de ellas.

NO te las vas a poner en tu día a día (no eres una valla publicitaria) y si tuvieras que pagar por ellas, ni sacarías la cartera. Lo mismo ocurre con las botellitas de bebidas gratis. No hay nada menos glamouroso que salir de IFEMA con bolsas en cuyo interior chocan todo tipo de botellas. Sales de un desfile, no de un top manta.

Así se disfruta el desfile

El mundo digital ha hecho que nos pasemos el tiempo que dura el desfile empeñados en sacar una maravillosa imagen del mismo con el móvil. Olvidamos que las modelos se mueven (¡e incluso respiran!) y que la luz no es la idónea para sacar la mejor fotografía, pero queremos que en nuestro Instagram la gente compruebe que hemos estado en el show. Al final, te habrás perdido la mitad de las propuestas para lograr la imagen de una modelo borrosa.

Si te ha encantado un look, espérate una hora a que las webs de moda suban la galería de la nueva colección y sube algo digno. Cuando has visto cientos de desfiles en la vida, es cierto que estos pierden en cierto modo la magia, pero dejar de disfrutar de un desfile para tomar una fotografía mala no tiene sentido alguno. ¿Empeñado en dejar constancia de que estuviste ahí, compañero con alma de grafitero fashionista? Pon un tuit AL TERMINAR el desfile felicitando al diseñador. Lo agradecerá y tus seguidores se ahorrarán comprobar que no has nacido para captar a modelos en movimiento.

Y así se soporta la tontería chic

Es fácil distinguir a las periodistas que llevan toda la vida en la Semana de la Moda, a los que forman parte de esta industria y a los aficionados. Los últimos van vestidos como si salieran de un editorial de la revista Candy, retratan cada detalle del pabellón con su móvil –enfundado en la funda de firma que esté de moda esa temporada- y se esfuerzan por desfilar por las salas reclamando atención.

Miran con recelo a los que creen que suponen competencia. Llevan obras de arquitectura capilar (los más habituales son los tirabuzones en pelos mechados oxigenados en ellas. Ellos suelen abogar por el síndrome Pelayo Díaz). Los que llevan toda la vida se caracterizan por llevar looks cómodos y apostar por marcas que huyen del logo y se aferran a su móvil para comunicar a sus superiores que ya han subido la crónica del desfile y para comentar a sus amigos que por la noche necesitan unas cañas en algún bar de ancianos en el que la gente no vaya disfrazada. 

Pero cuidado: hay que aprender a sobrellevar la sobrexcitación con la que los nuevos viven la Semana de la Moda. Todos hemos pasado por ese momento, todos hemos querido vestirnos como voguettes parisinas y todos hemos descubierto que, tras un par de temporadas, los protagonistas están sobre la pasarela y no fuera. Hemos aprendido a asumir que a los fotógrafos les da igual que nos hayamos pasado dos horas pensando el look, porque no te van a retratar así como así.

Al igual que cuando escuchas a un grupo de adolescentes hablar emocionadas acerca de su gran amor no te acercas como una vieja cascarrabias a advertirles de los peligros de los romances teen, no te conviertas en el personaje que resopla al ver las performances que acontecen. The show must go on y en la moda hay mucho show que vivir, así que aprende a ser un espectador respetuoso. 

Esta es la forma de ver los desfiles

Si no quieres quedar como un primerizo, nada de gritar ¡WOW! cada vez que aparece un look que te sorprenda. Nada de comentar eso de que no entiendes cuándo alguien se pondría un outfit como el que acaba de desfilar. Y por favor, basta de hablar acerca del peso de las modelos. Siempre van a ser delgadas (hola: son MODELOS) y expresar asco al ver una clavícula es muy 2002. El habituado a los desfiles admira un look cuando lo apunta, cuando se lo comenta a su compañero de al lado al oído o cuando eleva una ceja volteando ligeramente la cabeza, no lanzando fuegos artificiales.

Si desprecia una propuesta, lo apunta y quizás mueva la cabeza con resignación o tal vez mire con complicidad a algún periodista que haya puesto los ojos en blanco al ver ese look que ya se postula esperpéntico. Y por supuesto, el habituado a los desfiles no comentará nada acerca del peso de las modelos porque sabe que siempre ha sido así, y que por mucho que nos pese (esto NO es un juego de palabras), todo apunta a que así seguirá siendo. Y por favor: cuando te cruces con una de estas ninfas, nada de sentirte como la vaquilla del Grand Prix. Porque te vas a sentir así. Y bajito. Mucho. 

Y así se compra en la Semana de la Moda

Sí: también hay sesiones de shopping en el apartado del Samsung EGO, donde los jóvenes diseñadores exponen sus propuestas. Es una ocasión perfecta para disfrutar del talento de los diseñadores emergentes, ver de cerca las propuestas que desfilaron anteriormente y comprar prendas especiales a precios más asequibles de lo que pudiera parecer.

Cuidado con el síndrome fashion week, ese por el que todo te parece adaptable a tu día a día (“¡Este vestido transparente con tiras de látex y estampados de gorilas es perfecto para la oficina!”) y piensa que el mundo real no está enmoquetado ni repleto de fashionistas y luces artificiales. 

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