No toda la ropa para hacer deporte es igual
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No toda la ropa para hacer deporte es igual

Tejidos sorprendentes, una firme apuesta por la sostenibilidad y diseños versátiles para ser llevados más allá del gimnasio son la clave

placeholder Foto: Port de Bras. (Cortesía)
Port de Bras. (Cortesía)

Hace tiempo que las líneas que separaban la ropa habitual del día a día de la de hacer deporte empezaron a difuminarse, aunque ha sido a raíz de la pandemia que esos renglones directamente han desaparecido hasta que han llegado a unirse en un mismo trazo. Un trazo grueso en el que entraría también lo que antes concebíamos en exclusiva como prendas para estar por casa, que ahora ha elevado su nivel al haber entrado a formar parte de una categoría conocida como comfy.

Foto: Kendall Jenner, Rihanna, Gigi Hadid, Rita Ora o Verónica Echegui han sucumbido a esta tendencia (Gtres)

Nuestras prioridades cambiaron de golpe y fue así como la comodidad pasó a ser la más importante. Las zapatillas terminaron de comer el terreno que en otro momento ocupaban los tacones, los leggings recortaron posiciones frente a los vaqueros, los calcetines puramente atléticos cobraron una relevancia inesperada y el chándal, antiguamente repudiado, se convertía de la noche a la mañana en principal foco de atención. Si a esto le unimos la repentina motivación por empezar a entrenar de todos aquellos a los que hasta entonces la palabra burpee les sonaba a un estilo de música o no aguantaban más de dos sentadillas seguidas, está claro el porqué del auge de las firmas especializadas en activewear.

La sostenibilidad como clave

El contexto está claro que ha acelerado esta tendencia, pero el éxito de esta moda ya venía gestándose y lo que han hecho las marcas de las que hoy venimos a hablarte no han hecho más que demostrar que la ropa para hacer ejercicio también puede ser bonita. Porque esa es la clave por la que funcionan tanto fuera de los gimnasios o los centros de yoga. “En cuanto planteamos Manola, esa era la idea principal. La marca nació precovid y se acabó desarrollando durante el mismo. De ahí vimos la gran necesidad de que las prendas fueran aún más versátiles y ponibles de la idea inicial que planteamos, hemos adoptado la moda deportiva a las nuevas tendencias y a nuestra forma de vestir”, explica Belén Hostalet, fundadora de Manola, una firma de ropa activa sostenible que nace con el objetivo de ser utilizada no solo mientras una hace ejercicio sino también cuando esos días en los que no tiene ninguna intención de hacerlo.

La influencer -cuenta con casi 800 000 seguidores en Instagram- confiesa que comodidad y estilo eran las dos cualidades que quería aunar con su marca, y lo ha logrado con piezas en clave minimal fabricadas en Portugal que dice son “muy combinables, fáciles, cómodas, la línea es muy limpia, pero no deja de tener unos acabados increíbles, detalles como las etiquetas traseras que los hacen únicos”. Además, Manola se declara sostenible por contar con fibras Econyl y explica que están en proceso de crear su propio tejido respetuoso con el medioambiente.

En esta misma línea se mueven muchas otras firmas españolas que merece la pena conocer como Believe Athletics, Born Living Yoga o Bradhy. Esta última incluso fabrica su propio tejido a partir de un hilo de poliéster reciclado y lleva por bandera la apuesta por la producción local al contar con proveedores de los que les separan menos de doce kilómetros. Y es que si el rumbo verde de la industria en este sentido está claro, la de la ropa deportiva no iba a quedarse atrás. Sobre todo porque no hay que olvidarse que la búsqueda de métodos y materiales que sean más respetuosos con el planeta tiene consecuencia positiva directa también en nuestra piel. Así lo descubrió Clarissa Egaña, quien quiso lanzar su propia marca tras comprobar en su propio cuerpo que las toxinas que absorbía de la ropa fabricada a base de sintéticos que llevaba mientras sudaba eran nocivas para su salud. Nació de este modo el sello venezolano Port de Bras, uno de los que goza de gran popularidad en todo el mundo ya que, además de telas antibacterianas, destaca por sus diseños elegantes que, como imaginarás por su nombre, están inspirados en el mundo del ballet.

Mucho más que moda athleisure

No hay que olvidarse en esta ecuación la cantidad de empresas que, aunque nacieron con un propósito distinto, no han querido dejar escapar la oportunidad de explotar la gallina de los huevos de oro lanzando divisiones específicas de esta temática. Oysho, por ejemplo, fue una de las que primero supo captar la demanda de sus clientas y empezó a centrar más esfuerzos en su línea sport que en la de lencería. En la actualidad cuenta con prendas especializadas para un amplio abanico de prácticas deportivas como son el yoga, el running, el esquí, el ciclismo e incluso pole dance, como también ofrece la posibilidad de comprar en sus tiendas palas, esterillas, pesas y bandas elásticas, entre muchos otros accesorios y utensilios de entrenamiento.

También Black Limba dio el salto de la ropa interior al activewear hace tres años, poco antes de que lo hiciera Ecoalf con una colección que, por supuesto, se mantenía fiel a su filosofía de innovación y su filosofía pero waste; y Ônne, la etiqueta fundada por la influencer Gisela Cid, que, tras lograr que sus bikinis se volvieran virales en Instagram, aprovechó el tirón el pasado 2020 para diversificar su oferta hacia el universo del fitness.

Como ellas, Mango, Uniqlo, Lefties… y así una larga lista de nombres han decidido explorar este mismo camino para estar en forma que equilibra estilo y funcionalidad, y que tan buenos resultados está dando.

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