En el dinámico y vasto universo de la moda, donde las tendencias van y vienen con rapidez vertiginosa, algunas reglas básicas logran mantenerse como pilares de estilo atemporal y pueden crear un hábito más que útil. Una de ellas es la llamada “regla del 3”, un principio sencillo, pero poderoso que puede elevar cualquier atuendo del plano de lo ordinario al de lo estilizado sin esfuerzo.
Este principio, muy utilizado por estilistas y expertos en imagen personal, funciona porque añade profundidad y dimensión al vestuario. Al introducir una tercera capa o elemento distintivo, se rompe la monotonía y se genera una sensación de mayor intención en la elección del atuendo. Cabe señalar que la clave está en que esa tercera prenda o accesorio aporte algo: contraste, textura, color o un guiño de originalidad.
Además, la regla del 3 puede adaptarse fácilmente a distintos estilos y ocasiones. Para un entorno profesional, por ejemplo, se puede optar por una camisa blanca, pantalones de vestir y un blazer estructurado. Para un look más informal, una camiseta básica, jeans y una sobrecamisa o chaqueta ligera son una opción infalible. Incluso en climas cálidos, el tercer elemento puede ser un sombrero, un cinturón llamativo o un bolso con carácter.
Teniendo esto en cuenta, y más allá de su sencillez, este principio encierra una fórmula de éxito: vestir bien no siempre significa vestir más, sino vestir con intención. De este modo, la próxima vez que te enfrentes al típico dilema del “no sé o no tengo qué ponerme”, recuerda esta regla sencilla y básica. A veces, solo necesitas esa tercera pieza para que todo cobre sentido y estilo.
En el dinámico y vasto universo de la moda, donde las tendencias van y vienen con rapidez vertiginosa, algunas reglas básicas logran mantenerse como pilares de estilo atemporal y pueden crear un hábito más que útil. Una de ellas es la llamada “regla del 3”, un principio sencillo, pero poderoso que puede elevar cualquier atuendo del plano de lo ordinario al de lo estilizado sin esfuerzo.