En tiempos en los que el comercio digital domina la escena, ha nacido una apuesta por el contacto humano y la experiencia sensorial. La moda madrileña ha
sumado esta semana una nueva dirección que promete convertirse en punto de encuentro para quienes buscan piezas especiales con alma y autenticidad. Se llama Kalitea Concept Store, un espacio creado por Andrea Pascual y María Vega-Penichety la moda que han decidido transformar su pasión por el estilo en un proyecto tangible.“Queremos fomentar la presencialidad”, afirma María. “La idea es que venir aquí sea una experiencia. Que te atiendan, que descubras... que te cuenten la historia de cada marca".
El nombre no es casual. “Kalitea significa bella vista en griego”, explica María. “Nos encantaba la sonoridad y su conexión con lo mediterráneo, con lo natural y lo bonito. Además, las hijas de María tienen nombres griegos, así que tenía todo el sentido”, añade Andrea. El resultado es un nombre que evoca la serenidad, la elegancia y el gusto por lo atemporal que define su propuesta.
Andrea y María se conocen desde hace más de ocho años y su complicidad es palpable. “Somos más que socias, somos amigas”, asegura Andrea. “Nunca hemos tenido un problema, y eso es raro. Creo que compartimos los mismos valores, la misma forma de trabajar y de ver la vida”.
Esa sintonía ha sido fundamental para que Kalitea tome forma. “Las dos somos muy organizadas y detallistas, y eso se nota en todo lo que hacemos”, comenta María. El proyecto apenas acaba de arrancar, pero su potencial es evidente. En un momento en que la moda española busca nuevos modelos de negocio y experiencias de compra más humanas, ofrecen una alternativa elegante y real. “Nuestro objetivo es que la gente venga, se inspire y disfrute. Que sienta que entra en un espacio que le entiende”, explica Andrea.
Moda real, vida real
Su propuesta no responde a fórmulas de retail tradicionales, sino a una visión cercana de la moda. “Queremos que Kalitea sea un reflejo de nuestro estilo y nuestra manera de vivir”, asegura María. Y eso significa comodidad, naturalidad y elegancia sin esfuerzo.
Andrea lo resume con sencillez: “Por el día soy de vaqueros, un buen jersey de cashmere y unas zapatillas. Por la noche me gusta subir el look, sofisticarlo con un tacón y un bolso especial”. María asiente: “Por la noche un tacón, si no, no”, bromea. Ambas son el tipo de mujeres que visten sin imponerse, que entienden la moda como una extensión de su personalidad. “No seguimos todas las tendencias, solo las que encajan con nosotras”, dicen al unísono.
Un espacio con alma
Este proyecto nació casi por casualidad, de esas oportunidades que surgen cuando la intuición se alía con el buen gusto. “El local se quedó libre y pensé que había que aprovecharlo para hacer algo bonito”, recuerda Andrea. El espacio está situado en un edificio familiar, en la antigua y archiconocida tienda de Feipe Varela, un entorno cargado de historia y afecto que ahora se transforma en un espacio con vocación contemporánea.
Andrea completa la historia: “Nos dimos cuenta de que en Madrid no hay muchas tiendas multimarca que resulten realmente apetecibles. Tiendas con personalidad, con una selección hecha desde la emoción y no solo desde el negocio”.
Así surgió la idea de un concept store distinto, que combina moda, complementos, decoración y experiencias efímeras. “Queremos que pasen cosas todo el rato”, apunta Andrea. “Vamos a hacer pop-ups con marcas invitadas, presentaciones de colecciones y desayunos de prensa. Vaciamos la tienda y cedemos el espacio a otras firmas para que lo hagan suyo durante un par de días”.
María asiente: “Nos gusta la idea de movimiento, de que haya novedades cada mes, que el cliente sienta que siempre va a descubrir algo nuevo”.
Moda que representa un estilo de vida
Ambas fundadoras vienen del mundo de la comunicación, lo que les ha permitido tener una visión muy afinada sobre lo que buscan las consumidoras actuales. “Queremos traer marcas que nos gusten, que nos hemos puesto nosotras. Nada que no llevaríamos personalmente”, dice Andrea. Esa honestidad estética se percibe en cada detalle del espacio, desde la selección de prendas hasta el interiorismo, con papel pintado y mobiliario elegido por ellas mismas.
“Lo hemos hecho todo nosotras, con mucho cariño”, cuenta María. “Queríamos que el espacio respirara nuestra personalidad, que se sintiera acogedor, sin pretensiones, pero con estilo”.
Su selección es una declaración de principios: moda femenina, con sello artesano y mirada internacional, pero sin perder de vista el talento local. Entre las marcas presentes en Kalitea están Nomadi Deluxe, Dahlia, Farm Rio, Dear Prudence, Valeria Cotoner, De López, las catalanas Nar, la colombiana Coper o francesas como Antik Batik, además de la joyería So-Le Studio, de la nieta de Ferragamo. Todas ellas comparten una filosofía común: pequeñas producciones, materiales de calidad y una estética que trasciende las tendencias. "También marcas de amigas nuestras como Moi & Sass", la firma de bolsos de Sassa de Osma y su socia Moira Laporta.
“Nos encanta apoyar a las marcas pequeñas que no tienen tienda propia o que no pueden permitirse estar en Ortega y Gasset”, explica Andrea. "Les damos visibilidad y una dirección física donde sus clientas puedan ver, tocar y probarse las prendas”.
Experiencia antes que prisa
Esa filosofía se nota también en su manera de comprar: sin exceso, sin repeticiones, priorizando la exclusividad. “No queremos muchas tallas ni mucho stock. Preferimos tener poco y bonito”, señala María. “Cuando algo se vende, traemos otra cosa. Que fluya”.
Andrea añade: “Si alguien de fuera ve algo en Instagram y lo quiere, se lo enviamos sin problema, pero nuestra prioridad es que la gente venga y viva el espacio. Hay que recuperar el placer de probarse, de tocar los tejidos, de sentir la ropa”.
Ambas emprendedoras compaginan este nuevo proyecto con su trabajo en que dirige Andres junto a Ana María Chico de Guzmán desde hace años. Su experiencia en el sector ha sido clave para dar forma a esta aventura. “Nos dedicamos a la comunicación, así que sabemos cómo mover las marcas y cómo generar experiencias que funcionen”, explica Andrea. “Esto es una extensión natural de nuestro trabajo, una forma de ofrecer un servicio 360: comunicación, visibilidad y punto de venta”.
Pese al entusiasmo, reconocen que los comienzos no son fáciles. “Abrimos el martes y estamos aprendiendo sobre la marcha”, confiesa María entre risas. “De momento hacemos de todo: comprar, atender, organizar el espacio... pero lo hacemos con muchísima ilusión”. Andrea coincide: “Estamos muy ilusionadas y le estamos poniendo mucho cariño. Creo que eso se nota”. Una bella vista al futuro de la moda española: más consciente, más cercana y, sobre todo, más auténtica.
En tiempos en los que el comercio digital domina la escena, ha nacido una apuesta por el contacto humano y la experiencia sensorial. La moda madrileña ha