Fotos inéditas: la boda de Andrea Pascual y Beltrán Gómez-Acebo (y por qué no fue Letizia)
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FAMILIA DEL REY

Fotos inéditas: la boda de Andrea Pascual y Beltrán Gómez-Acebo (y por qué no fue Letizia)

Hoy, 27 de febrero, se cumplen cinco años de la última boda en el seno de la familia de Felipe VI. Un enlace celebrado en la más estricta intimidad del que ahora sabemos todos los detalles

placeholder Foto: Beltrán Gómez-Acebo y Andrea Pascual, junto a la infanta Pilar. (Cortesía)
Beltrán Gómez-Acebo y Andrea Pascual, junto a la infanta Pilar. (Cortesía)

Hoy se cumplen cinco años de la última boda 'real' en suelo patrio. Beltrán Gómez-Acebo, tras seis años de noviazgo, entonaba bien alto el ‘sí, quiero’ junto a Andrea Pascual en una ceremonia íntima que ahora su protagonista recuerda con tanta emoción como la que sintió ese día. Organizaron todo en menos de un mes y, a pesar de ser una boda íntima, “no cambiaría nada”.

“Hicimos una boda superíntima y familiar. Éramos 30 personas. Y como Beltrán ya estaba casado por la iglesia, hicimos una ceremonia civil”, relata la empresaria detrás de la agencia Kimomi a Vanitatis con una sonrisa en la cara. “Fue superentrañable, en casa de mi suegra y solo con los más cercanos”.

placeholder Andrea y Beltrán, el día de su boda. (Foto inédita cedida por Andrea Pascual)
Andrea y Beltrán, el día de su boda. (Foto inédita cedida por Andrea Pascual)

Un escenario completamente opuesto al de la primera boda del hijo de la infanta Pilar con la modelo Laura Ponte, celebrada ante más de 500 invitados. “De la familia real solo vino el rey don Juan Carlos”, nos comenta, aclarando uno de los puntos candentes de la época. Aquel 27 de febrero de hace ahora cinco años, casi toda la prensa se asombró ante la ausencia de la reina Letizia en el enlace. Un punto que nos ha explicado con la naturalidad que la caracteriza. “No vinieron, no porque no quisieran, sino porque no estaban invitados. Ni ellos, ni ninguno de nuestros tíos o primos, a excepción de don Juan Carlos”, asegura. “Queríamos una ceremonia muy nuestra, con poca gente, y si hubiéramos abierto la mano a familiares que no fueran directos, nos habríamos puesto en 100 invitados en un momento”, revela.

“Beltrán y yo queríamos que fuera algo muy nuestro, con mucho cariño y rodeados de la gente que queremos. Él ya se había casado en una boda grande y le apetecía algo más íntimo”, continúa.

Una boda en casa de la infanta

“Nunca me quedé con la espinita de celebrar una boda grande. Fue tan bonita y tan especial que no cambiaría nada”. Tanto la ceremonia civil como la comida posterior, se celebraron en la impresionante casa que tenía la infanta Pilar en Puerta de Hierro. Una mansión de más de 1.000 metros cuadrados construida en los años 60 y que los hijos pusieron a la venta una vez falleció su madre.

Decorado con mimo por doña Pilar, todo fue perfecto a ojos de su nuera, quien eligió a uno de los íntimos de su padre para que les casara: “La verdad es que fue una boda civil pero muy entrañable. Nos casó Carlos Caballería, un notario que es íntimo amigo de mi padre (que también es notario). No fuimos al juzgado y quedó ahí como algo frío, sino que lo hicimos en casa de mi suegra, estaba todo precioso. El testigo de Beltrán fue su mejor amigo y la mía, mi prima. Y luego mi hermano, mi cuñada Simoneta y mi suegra pronunciaron unos discursos preciosos. Fue muy entrañable, cuando no te emocionabas por una cosa lo hacías por otra”.

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Beltrán Gómez-Acebo y Andrea Pascual, junto a la infanta Pilar. (Foto inédita cedida por Andrea Pascual)

Finalizada la ceremonia, celebraron una comida en el gran comedor de la hermana del Rey emérito: “En casa de mi suegra siempre se ha comido de escándalo y ese día lo preparó todo con muchísimo cariño. Lo hicieron todo ellos. Por eso te digo que fue todo como muy casero, muy íntimo… Fue precioso de verdad”.

En cuanto al menú, la emoción de ese día le impide recordarlo con nitidez. “De primero tomamos foie con judías verdes y de segundo creo que solomillo. ¿Te puedes creer que no me acuerdo?”, bromea.

Foto: La infanta Pilar, en una imagen de archivo. (Cordon Press)

En cuanto a los invitados, tan solo se sentaron unos pocos a la mesa. Los demás vendrían después de comer, tal y como nos ha relatado: “A la comida tan solo vinieron nuestros hermanos y cuñadas, nuestros padres y los testigos. No vino nadie más. Fue una comida familiar preciosa y luego por la tarde vinieron íntimos amigos a darnos un beso y a tomarse una copa. Al final lo que iba a ser algo muy íntimo se alargó hasta las mil de la madrugada. Lo hicimos así con la idea de hacer en verano una celebración grande. Pero esa fiesta se nos ha quedado un poco pendiente. En cuanto nos deje la pandemia, la haré”.

Andrea se quedó embarazada de su hijo Juan al poco de casarse, lo que cambió tanto los planes de fiesta como su viaje de novios. “Como no podía ponerme vacunas para ir a ningún sitio exótico, fuimos a la República Dominicana. Beltrán tiene amigos allí y lo pasamos fenomenal durante los quince días que estuvimos”.

Un fiestón en Mallorca

En cuanto a la fiesta, igual que ocurre con el viaje, promete organizarlo en cuanto la pandemia se lo permita. “Lo tenía todo pensado, me encantaría hacerla en Mallorca y que venga todo el mundo”, y sus planes se mantienen tal y como los concibió entonces.

Mallorca es el segundo hogar de Andrea en la tierra, su lugar de paz y desconexión. Allí se baja de los tacones y va descalza todo el tiempo que puede, se baña a solas en calas casi desiertas y disfruta de lo que más le gusta: el tiempo en familia.

Y es que, desde que es capaz de recordar, cada mes de agosto pone rumbo a la isla balear, donde sin saberlo coincidió con su marido veraneando durante años. La familia de Andrea tiene una casa en el pueblo de Deià, en plena sierra de la Tramuntana, mientras que los Gómez-Acebo disfrutaban del verano mallorquín en la urbanización Sol de Mallorca, en Calvià. Sin duda, un lugar con mucho significado para ambos.

Para la fiesta me encantaría que me hiciera algo mi amigo Fabio de Encinar Brand, y si me tuviera que vestir de novia, con alguno de los diseños que acaba de presentar Miguel Marinero de su colección de novias y tocado de mi amiga Ana María (y socia) de Mimoki. Ahora, si me pongo a soñar… Valentino, sin duda”, asegura entre risas.

Un vestido hecho en una semana

Y es que Andrea, tal y como nos ha confesado, nunca fue “la típica que piensa en cómo será su vestido desde pequeña”. Se habría casado con un traje de chaqueta feliz, pero en el último momento cambió de planes. “Yo justo en aquella época le llevaba la comunicación a Inuñez, y como organizamos todo en un mes, no tenía pensado hacerme nada a medida y justo Isabel me dijo que le hacía ilusión hacerme algo. En una semana me lo hizo: una falda y un body. Sencilla y supercómoda”, continúa.

Con emoción, rememora las joyas que lució: “Todas las joyas eran de mi abuela materna. Unas joyas preciosas. Me hizo muchísima ilusión llevarlas”.

placeholder Andrea, espectacular, con las joyas de su abuela materna. (Foto inédita cedida por Andrea Pascual)
Andrea, espectacular, con las joyas de su abuela materna. (Foto inédita cedida por Andrea Pascual)

Un día del que en un abrir y cerrar de ojos han pasado cinco años, y aunque esta sería la ocasión perfecta para su viaje soñado y su fiesta, la pandemia les hará esperar un poco más: “Por desgracia, tanto mi marido como yo somos malísimos para los aniversarios y las celebraciones. No somos nada cursis tampoco. Desde que nos hemos casado, creo que no hemos celebrado el aniversario ni una sola vez, para que veas lo poco románticos que somos (risas). Pero te diré que después de este año de pandemia y tantas malas noticias, algo voy a hacer. Me encantaría hacerme un viaje, la verdad. Me iría a la playa, a descansar. Sería mi sueño, pero como no se puede, algo se me ocurrirá”.

¿Nos dará alguna pista en redes sociales?

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