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Xavier Guix, psicólogo, sobre los rasgos de las personas complacientes: "Comparten estos tres patrones de personalidad"
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Xavier Guix, psicólogo, sobre los rasgos de las personas complacientes: "Comparten estos tres patrones de personalidad"

El psicólogo alerta de que detrás de muchas personas complacientes se repiten patrones de personalidad que no tienen tanto que ver con la bondad como con el miedo, la culpa y la dificultad para poner límites

Foto: Xavier Guix en su ponencia (BBVA)
Xavier Guix en su ponencia (BBVA)

A la gente amable, disponible, que evita el conflicto y procura que todo funcione; es decir, las personas complacientes se las suele atribuir con una virtud: ser hábiles socialmente. El problema aparece cuando esa amabilidad se convierte en un guion fijo y la propia vida queda siempre en segundo plano. Ahí es donde Xavier Guix, psicólogo y escritor, sitúa su análisis sobre lo que llama ser demasiado bueno un perfil que, por fuera, encaja y cumple, pero por dentro acumula cansancio, culpa y una sensación persistente de no estar viviendo desde lo propio.

Guix aborda este tema a partir de lo que ha visto repetirse durante años en consulta y en encuentros con lectores. Personas distintas, con historias distintas, acababan describiendo el mismo nudo hago lo que se espera de mí, me cuesta decir que no y luego lo pago. De ese patrón común extrae tres rasgos que, según explica, suelen compartir las personas complacientes.

placeholder Ser demasiado bueno puede llevarte a acumular cansancio, estrés y ansiedad (Pexels)
Ser demasiado bueno puede llevarte a acumular cansancio, estrés y ansiedad (Pexels)

El primero es el sentido del deber, entendido como una brújula aprendida temprano. “El principio fundamental de este sentido del deber es obedecer”, afirma. En algunos casos viene de educaciones estrictas y en otros de infancias caóticas donde el niño se hace “ordenado, incluso obsesivamente ordenado” para protegerse del descontrol. En ambos escenarios, la conclusión es parecida se prioriza cumplir antes que desear.

El segundo rasgo nace del mandato “pórtate bien”, que para Guix incluye los guiones de vida. “Sé complaciente, hazlo todo perfecto, no llores, ve deprisa, complace, no digas que no”, enumera. Con el tiempo, esa lógica puede desconectar a la persona de lo que quiere y llevarla a vivir pendiente de lo ajeno. “Una persona que se pasa la vida complaciendo al otro llega un momento que se descuida de sus propios deseos”, advierte.

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El tercer rasgo es la imposibilidad de dejar de ser bueno, que suele aparecer como ansiedad ante el límite. Guix lo ilustra con respuestas que escucha a menudo cuando propone un no sencillo. “Solo de pensarlo ya me viene angustia”, cuentan algunas personas. Para él, poner límites no es volverse agresivo, sino definirse. “Poner límites para mí significa que te definas claramente en lo que tú quieres”, sostiene. Cuando esa definición no ocurre, otros acaban decidiendo.

A partir de ahí aparece un efecto frecuente que muchas personas reconocen tarde la ira reprimida. “De tanto aguantar y callar, llega un día que no puedo más”, dice. Y tras el estallido suele llegar la culpa y el retorno al personaje complaciente, como si el enfado confirmara que no es seguro ser uno mismo.

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El mensaje de Guix no es dejar de cuidar ni pasar al extremo contrario. Su enfoque apunta a revisar esa bondad que se vuelve costumbre, cuando el miedo al conflicto pesa más que el deseo propio. Y a empezar por algo básico y difícil a la vez aprender a decir no sin sentirse mala persona.

A la gente amable, disponible, que evita el conflicto y procura que todo funcione; es decir, las personas complacientes se las suele atribuir con una virtud: ser hábiles socialmente. El problema aparece cuando esa amabilidad se convierte en un guion fijo y la propia vida queda siempre en segundo plano. Ahí es donde Xavier Guix, psicólogo y escritor, sitúa su análisis sobre lo que llama ser demasiado bueno un perfil que, por fuera, encaja y cumple, pero por dentro acumula cansancio, culpa y una sensación persistente de no estar viviendo desde lo propio.

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