La creatividad de Alessandro Michele enfrenta la tradición de Valentino Garavani en su primer desfile sin su visto bueno
Tras la muerte de Valentino Garavani el pasado 19 de enero, la maison continúa ahora sin la supervisión de su fundador y creador en las manos de uno de los diseñadores más disruptivos de los últimos tiempos
No habían pasado ni 10 días desde la muerte de Valentino Garavani cuando la maison que él mismo fundó presentaba su colección Alta Costura primavera-verano 2026 sirviendo de broche de oro a la semana de la moda de París. Una colección bajo la batuta de Alessandro Michele, director creativo desde 2024 tras su salida de Gucci y ocupando así el puesto de su predecesor, Pierpaolo Piccioli, ahora en Balenciaga.
Aquel desfile abrió, a modo homenaje, con un vestido rojo Valentino, encumbrando la historia de la moda que Garavani había escrito de su puño y letra. Esta vez, en su colección otoño-invierno 2026-2027 presentada en Roma y no en París y fuera del calendario oficial de las fashion weeks, el vestido rojo era el encargado de cerrarlo. Al paso de la modelo, un pronunciado escote en V en la espalda. Esta es la primera colección que llega a una pasarela sin la mirada aprobatoria de quien fundó la casa, un nuevo capítulo de una historia que, sin su creador, ha de mantenerse entre la tradición y la contemporaneidad.
Y esa dualidad, ese reto, vertebra toda esta colección presentada en el Palazzo Barberini de Roma, una construcción arquitectónicamente muy interesante y compleja, a unos 800 metros de Piazza Mignanelli, donde se encuentra el palacio que alberga la sede de la firma. Hasta allí se desplazaron muchos rostros conocidos, amigas y clientas de la marca como Gwyneth Paltrow, Philippine Leroy-Beaulieu, Mariacarla Boscono, Bianca Balti, Chiara Ferragni o Georgina Rodríguez.
A través de la arquitectura de este palacio en el que se celebró el desfile, Alessandro Michele escribe una extensa carta de presentación de la colección bautizada como ‘Interferenze’ en la que razona sobre la cohesión de dos estilos muy diferentes en un mismo trabajo.
Dos creatividades destinadas a entenderse para simplemente existir. “Como argumentó Bradley Quinn, la moda y la arquitectura no sólo se parecen formalmente, sino que comparten la misma lógica operativa: ambas estructuran el espacio y orientan la identidad (...) La construcción de una prenda, al igual que la de un edificio, siempre es el resultado provisional de una negociación entre el código y la invención, entre la memoria y la mutación”.
En el caso del Palazzo Barberini son el trabajo de dos arquitectos, Gian Lorenzo Bernini y Francesco Borromini; en el caso de la maison, el suyo propio y el de Valentino Garavani. “Cada gesto creativo se enfrenta a una tradición que lo precede, y esto abre la posibilidad de una deriva capaz de desestabilizar una estructura normativa preestablecida”, razona el diseñador.
En la colección, la elegancia y la sensualidad de la casa en escotes pronunciados y joyas que adornan las piezas se mezclan con lentejuelas, brillos e incluso pantalones super skinny. “El resultado es una colección que celebra el orden y, al mismo tiempo, revela su vulnerabilidad estructural, exponiéndolo a la posibilidad de su propia superación”.
Volviendo sobre la arquitectura como excusa para hablar de la intervención de Michele en una maison histórica, en sus propias palabras: “A primera vista, la configuración del edificio parece sólida y uniforme (...) el organismo arquitectónico conserva un esqueleto ordenado (...) Es una arquitectura que afirma la continuidad, la mesura y la solidez. Sin embargo, en el interior, las fuerzas centrífugas desgarran esta regularidad formal, rompiendo su uniformidad”. A simple vista, Valentino, al detalle, la más que reconocible firma de Alessandro Michele, la misma que transformó Gucci durante casi un década.
Pero las tensiones generadas entre dos estilos muy diferentes, los Gian Lorenzo Bernini y Francesco Borromini por un lado y los de Valentino y Michele por otro, no necesariamente tienen que ser -no deben si quieren sobrevivir- excluyentes. “La linealidad que disciplina y la curva que desorienta no se excluyen mutuamente: juntas generan un espacio que se niega a reducirse a una sola gramática”.
Patrones menos clásicos como pantalones confeccionados a base de volantes se mezclan en esta colección con tejidos más suaves, clásicos y rigurosos. Gafas futuristas, mangas extremadamente largas e incluso deportivas se intercalan con los clásicos abrigos largos de líneas impolutas o los vestidos de noche con una clara sensualidad formal.
No habían pasado ni 10 días desde la muerte de Valentino Garavani cuando la maison que él mismo fundó presentaba su colección Alta Costura primavera-verano 2026 sirviendo de broche de oro a la semana de la moda de París. Una colección bajo la batuta de Alessandro Michele, director creativo desde 2024 tras su salida de Gucci y ocupando así el puesto de su predecesor, Pierpaolo Piccioli, ahora en Balenciaga.