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Teresa Helbig convierte 30 años de costura en una defensa del oficio en el Museo del Traje
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Teresa Helbig convierte 30 años de costura en una defensa del oficio en el Museo del Traje

En un momento obsesionado con la inmediatez, esta exhibición casi parece una declaración política y una gran forma de redescubrir a esta artista

Foto: La diseñadora Teresa Helbig (EFE Sergio Pérez)
La diseñadora Teresa Helbig (EFE Sergio Pérez)

Treinta años dan para mucho. Para vestidos que ya forman parte del imaginario de la moda española, para novias que guardan sus diseños como reliquias familiares y para una estética reconocible incluso antes de leer la etiqueta. Pero también dan para algo menos visible: insistir en el oficio cuando la industria corre hacia otro lado. Precisamente ahí pone el foco Helbig Archive 96-26, la exposición que el Museo del Traje dedica a Teresa Helbig y que podrá visitarse gratuitamente hasta el 27 de septiembre.

La muestra celebra las tres décadas de trayectoria de la diseñadora catalana con una selección de vestidos icónicos, fashion films, fotografías históricas y retratos de las llamadas “mujeres Helbig”. Pero no es una retrospectiva al uso ni una sucesión de piezas bonitas colocadas bajo una vitrina. La intención parece ir bastante más allá: explicar qué ocurre antes de que un vestido llegue a la pasarela o a una alfombra roja.

placeholder Teresa Helbig en Nueva York. EFE  Angel Colmenares
Teresa Helbig en Nueva York. EFE Angel Colmenares

Porque Teresa Helbig nunca ha sido solo una diseñadora de vestidos especiales. Su trabajo siempre ha tenido algo de resistencia silenciosa. En un momento en el que gran parte del lujo habla de velocidad, impacto y tendencia, Helbig lleva años defendiendo lo contrario: el tiempo lento de la costura, el valor de lo artesanal y la importancia del detalle hecho a mano.

La propia diseñadora reconoce que el gran reto de la exposición ha sido escoger qué piezas debían contar la historia de la firma. “Cada prenda es un tesoro y todas cuentan un trozo importantísimo de nuestra historia y de nuestra forma de vivir y entender la moda”, explica. “Dejar piezas fuera no ha sido una decisión fácil, porque todas tienen un lugar muy profundo dentro del ADN Helbig”.

¿Cómo conviertes en pieza expositiva algo que, precisamente, está vivo mientras se hace?

Al final, la selección se ha construido como una especie de mapa de técnicas artesanas. Técnicas recuperadas, algunas prácticamente olvidadas, que el atelier ha reinterpretado durante estos treinta años. Y eso se nota en la exposición: más que una cronología estricta, lo que aparece es un recorrido por maneras de hacer.

placeholder Algunos de los vestidos de la exposición y sus detalles (Cortesía Museo del Traje)
Algunos de los vestidos de la exposición y sus detalles (Cortesía Museo del Traje)

Hay vestidos que hablan de bordados minuciosos, otros de estructuras casi arquitectónicas y otros de esa mezcla tan Helbig entre feminidad romántica y actitud rockera. Porque si algo ha conseguido la diseñadora es que la costura deje de parecer solemne.

También resulta interesante cómo la exposición intenta mostrar algo muy difícil de trasladar a un museo: el trabajo manual. ¿Cómo conviertes en pieza expositiva algo que, precisamente, está vivo mientras se hace?

“La exposición lo que hace es acercarse con respeto”, explica Helbig. “No hemos querido musealizarlo en el sentido clásico, sino dejar que se intuya. Que el visitante pueda ver el gesto, la huella, la repetición, pero también aquello que no se ve: el tiempo, la paciencia, la decisión de volver a empezar una y otra vez”.

placeholder El anuncio de la exposición (Museo del Traje)
El anuncio de la exposición (Museo del Traje)

Esa frase resume bastante bien lo que ha significado siempre la marca. Detrás del brillo hay horas. Muchísimas horas. Y probablemente por eso Teresa Helbig sigue conectando con mujeres muy distintas entre sí: porque sus vestidos no parecen pensados para disfrazar a quien los lleva, sino para acompañarla.

La exposición también busca mostrar una versión más íntima de la firma. “No diría que es un relato nuevo, sino quizá más desnudo”, cuenta la diseñadora. “Más cercano a lo que ocurre antes de que las cosas se conviertan en imagen, cuando todavía son gesto, prueba, intuición”.

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Es una reflexión interesante en plena era de la sobreexposición estética. La moda actual muchas veces se consume en formato imagen rápida: un desfile visto en TikTok, una campaña que dura quince segundos, un look viral. Aquí, en cambio, el protagonismo lo tiene el proceso. Lo que ocurre cuando todavía nadie está mirando. Quizá por eso la exposición funciona especialmente bien para entender a Teresa Helbig más allá del vestido final.

Otro de los aciertos del recorrido es cómo aborda la figura de las “mujeres Helbig”. Durante años, la firma ha construido una comunidad muy reconocible de clientas, amigas y embajadoras que han terminado formando parte de su universo creativo. Pero aquí no aparecen como simples musas decorativas.

placeholder Otras piezas de la exhibición (Cortesía Museo del Traje)
Otras piezas de la exhibición (Cortesía Museo del Traje)

“Porque nunca han sido solo musas”, dice Helbig. “Son parte de todo lo que hacemos, del proceso, de las decisiones, de las conversaciones que ocurren antes de que una prenda exista”.

Eso se percibe especialmente en los retratos y en la forma en que las piezas parecen tener memoria de quienes las llevaron. Hay algo emocional en toda la muestra, aunque evita caer en la nostalgia fácil.

De hecho, cuando le preguntamos si pesa más el pasado o el futuro, Helbig lo tiene claro: “La proyección, sin duda. El pasado está muy presente, pero no como refugio, sino como impulso”.

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Y probablemente ahí está la clave de estos treinta años. Teresa Helbig no mira al archivo para encerrarse en él, sino para seguir avanzando. La exposición no suena a cierre de etapa ni a homenaje melancólico. Más bien al contrario: parece una manera de reivindicar que todavía hay espacio para una moda hecha con tiempo, oficio y personalidad propia.

Si el visitante tuviera que quedarse con una sola idea después de recorrer Helbig Archive 96-26, la diseñadora lo resume así: “Que detrás de todo hay pasión, un amor inmenso por las mujeres y por el oficio y tiempo. Mucho tiempo”.

Treinta años dan para mucho. Para vestidos que ya forman parte del imaginario de la moda española, para novias que guardan sus diseños como reliquias familiares y para una estética reconocible incluso antes de leer la etiqueta. Pero también dan para algo menos visible: insistir en el oficio cuando la industria corre hacia otro lado. Precisamente ahí pone el foco Helbig Archive 96-26, la exposición que el Museo del Traje dedica a Teresa Helbig y que podrá visitarse gratuitamente hasta el 27 de septiembre.

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