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Tener un 'follamigo' está condenado al fracaso: así lo afirma la ciencia

La RAE reconoce su existencia. Tus amigas, también. Pero la ciencia asegura que apostar por un 'follamigo' no es buena idea. Así es 'la paradoja del amigovio'

Foto: Tener un 'follamigo' está condenado al fracaso: así lo afirma la ciencia

El término follamigo no forma parte de la vigésimo tercera edición del Diccionario de la Lengua Española, pero sí lo hace su otro 'yo' bonito: amigovio. "Persona que mantiene con otra una relación de menor compromiso formal que un noviazgo” es la definición que corresponde a un concepto que ahora se muestra, gracias a la ciencia, complicado, traicionero y paradójico.

Un estudio expuesto en la Society for the Scientific Study of Sexuality trata de arrojar luz sobre este tipo de relación. Para conseguir sus resultados, se preguntó a 191 personas que afirmaban ser el follamigo de alguien. Para conocer a la muestra, aclarar que todos los participantes conocieron a su amigovio tres años antes de haber comenzado su relación. Disculpen. “Relación”.

Se les sometió a dos encuestas. En la primera, se les preguntó qué esperaban que ocurriera en el futuro con su "relación", qué grado de satisfacción tenían y cuánto hablaban sobre los límites de su 'amistad con derecho a roce'. En la segunda, se les preguntó si había cambiado la naturaleza de su "relación".

Tras un año de “relación”, tan solo el 26% de los encuestados continuaron siendo amigovios. El 28% volvio a tener una mera amistad, el 15% terminó siendo novios y el 31 %... no volvió a tener ningún contacto con su follamigo. Ni sexual ni de ninguna índole, claro.

Este estudio determinó que todo aquel que espere ser algo más tras unos meses iniciales de sexo se encuentra con posibilidades mínimas de lograrlo. Pero nadie decide tener un follamigo con la intención de conseguir una relación sentimental, ¿no? Para algo esta ese estado Facebook de "en una relación complicada".

La profesora Kendra Knight intentó entender mejor la naturaleza de estas relaciones a través de un estudio publicado en Emerging Adulthood. El objeto de su investigación fue ahondar en los sentimientos reales de las personas involucradas. Tras haber analizado estas relaciones en el pasado, Knight llegó a la conclusión de que la comunicación es esencial para asentar los límites, pero en realidad este tipo de charlas eran poco comunes y complicadas de establecer. Con este nuevo estudio, Kendra Knight quiso entender la razón por la que la conversación es tan complicada de establecer con un follamigo, cuando es el factor clave para que esta condición funcione. La profesora encontró cuatro causas:

1. Tener una conversación entra en conflicto con la idea de ser follamigos. Hacerlo exige “un esfuerzo o un trabajo asociado a las relaciones que se da por hecho ha de estar ausente entre amigovios”. Es decir: puesto que la magia de esta situación es no tener conversaciones que involucren sentimientos, muchas veces no se habla de lo que ocurre. Y aunque esto puede ser divertido, a largo plazo puede desembocar en drama.

2. Querer tener una conversación hace al que así lo desea parecer dependiente. Esta situación es especialmente notable para las mujeres, a las que se les suele acusar de “querer algo más”.

3. Mostrar sentimientos no es cool. Muchos de los encuestados admitieron sentir celos si sus amigovios hablaban o tonteaban con otros. Sin embargo, no sabían si tenían derecho a hablar de estos celos.

4. Cuando uno de los dos quiere hablar, el otro se cierra en banda. Al fin y al cabo, muchos tienen miedo a que el otro quiera algo más.

Los anglosajones cuentan con las siglas F.W.B. para referirse a lo que nosotros conocemos como follamigo. Ya en 2007 se intentó saber más acerca de este tipo de relaciones desde las universidades. La Universidad de Michigan hizo un estudio para ahondar en su naturaleza, y la conclusión no sorprendió a nadie: los F.W.B. tenían miedo a sentir miedo por el otro por el temor de no ser correspondidos.

La conclusión final, si es que se puede establecer alguna en un tema tan subjetivo, es que la comunicación es clave. Resulta paradójico que en una relación que se establece precisamente para evitar charlas eternas plagadas de emociones, la pieza esencial del éxito de la misma sea hablar. Sin embargo, si algo hemos aprendido de (500) días juntos es que no hablar no mejorará las cosas ni evitará un fatal desenlace. Porque no olvidemos que hay un 31% de posibilidades de que nuestro follamigo pase a ser un desconocido con el que no volvamos a hablar jamás. ¿Será quizás Tinder una mejor solución para calmar nuestras necesidades sexuales?

Tom: No hace falta que le pongamos una etiqueta a esto. Está bien. Lo sé. Pero, sabes, yo solo... necesito algo consistente.
Summer: Lo sé.
Tom: Necesito saber que no te vas a levantar una mañana y te vas a sentir diferente.
Summer: No puedo darte eso. Nadie puede.

(Extracto de (500) días juntos).

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