'Nadie quiere esto': analizamos por qué triunfa una comedia romántica atípica en Netflix
Una psicóloga y algunas compañeras nos ayudan a descifrar el éxito de la historia de amor entre una podcaster y un rabino coincidiendo con su regreso a la plataforma
Solo han hecho falta tres días para que 'Nadie quiere esto' se vuelva a convertir en uno de los hits de Netflix. Como ya ocurrió con la primera temporada, estrenada hace más de un año. Actualmente, la serie ocupa la posición número 3 de la lista de series más vistas y su legión de fans, mayoritariamente femenina, ya inundan las redes con comentarios elogiosos o promoviendo el debate que surge de esta pareja a contracorriente.
Como lo son todas las grandes parejas de la ficción desde la tragedia griega hasta nuestros días, por facilón que pueda ser el relato.
Las rom com siempre han sido uno de los pivotes de Netflix. Se cuentan por docenas los títulos con historias de amor que se adaptan más o menos al género. Pero 'Nadie quiere esto' es diferente.
Kristen Bell es una mujer liberada, dueña y señora de un podcast en el que habla de sexo, que se enamora de un rabino e incluso se plantea convertirse al judaísmo por amor. Como hizo Kristin Davies, la Charlotte de 'Sexo en Nueva York', y como harían otros protagonistas, masculinos o femeninos, en muchas producciones que han incluido a la comunidad judía en sus tramas.
Cartel promocional de 'Nadie quiere esto'. (Netflix)
Un fenómeno digno de análisis, tal y como nos cuenta Lara Ferreiro, psicóloga y autora del libro '¡Ni un capullo más! El método definitivo para quererte y encontrar a tu pareja perfecta': "Todas las mujeres hacemos una proyección identificativa con la protagonista. La atracción de los polos opuestos despierta muchísima reflexión entre nosotras. ¿Estaría con un judío, rabino, divorciado? La serie enfrenta el rol religioso y familiar del rabino frente al estilo libre, sexual y moderno de la podcaster. Supone un choque de identidades, de tradición versus modernidad".
Bell y Brody, pareja atípica. (Netflix)
Además de ese choque frontal, si hay algo que tienen las comedias románticas, de 'Pretty Woman' a 'Mi gran boda griega', es un punto de irrealidad. Aunque sin pasarse, claro. Porque en la nueva entrega de esta serie (atención SPOILER) el rabino está a punto de abandonar su religiosidad, su estilo de vida, con tal de adaptarse a su amada.
Ese es justo el reproche de nuestra directora de Moda y Belleza, Cristina Castany: "Me gusta la serie pero la veo a ella como una tía caprichosa y frívola que es capaz de acabar con la vocación de su novio y la vida de este alrededor de la fe. Da vida al clásico 'Voy a poder cambiarle', pero eso es mentira. Nadie va a dejar de ser rabino por una chica".
Parte del éxito también radica, justamente, en esa chica, que según Ferreiro "ya no es la típica Barbie de 20 años, perfecta, guapísima y sin arrugas. Ahora es una mujer normal que ha sufrido y que ha tenido muchas experiencias". Una mujer de carne y hueso, para que nos entendamos.
Encuentros y desencuentros en 'Nadie quiere esto'. (Netflix)
Brody y Bell tienen 45 años y encajan perfectamente en esa visión de serie para mujeres de mediana edad. Al fin y al cabo, la app para infieles Ashley Madison tiene 80 millones de usuarios en todo el mundo, y hay un estudio que dice que el 60% de las mujeres casadas en España fingen el orgasmo con su marido. Problemas de esa etapa de la vida, cuando se frisan los 50.
"Se habla de este deseo de la mujer más allá del primer amor", nos cuenta Ferreiro, que también resalta lo poco convencional que es la serie. "Supone una novedad cultural. No es la típica historia de amor, hablamos de una agnóstica con un rabino".
Los protagonistas, Kristen Bell y Adam Brody. (Netflix)
Y, como el propio amor, 'Nadie quiere esto' se puede considerar una generadora de dopamina, esa sustancia que nos vuelve locos, nos martiriza o nos lleva a hacer cosas impensables que solo serían posibles en un poema de Bécquer.
"Te la provoca, por ejemplo, cuando los protagonistas se besan. Luego, llega el bajón de dopamina cuando sucede algo malo. Te genera adicción porque ese circuito se activa viendo esta serie. Además, la espectadora ve sus propios sentimientos reflejados y eso genera otro enganche profundo. Es como si te diesen permiso para sentir".
Amor y dopamina en 'Nadie quiere esto'. (Netflix)
Otra de las claves de 'Nadie quiere esto' es, indudablemente, la oposición familiar de los aledaños de la pareja. Y eso hace que hablemos, inevitablemente, de esas mujeres que tienen que lidiar con decisiones que solo el amor permite tomar. ¿De verdad lo puede todo?
"En 2023 hubo un estudio que decía que el 61% de las telespectadoras ve estas ficciones como una forma de inspiración para tomar decisiones valientes. Es decir, la psicología positiva explica que ver modelos de mujeres resilientes activa las neuronas espejo y si ves la serie dices, 'Vale, si ella está divorciada yo también. Tengo que vivir un amor con alguien que me encante, como ella lo hace con el rabino".
Los tonos cálidos y la música melancólica, las interpretaciones de los protagonistas o el grado de identificación con la protagonista. Ya sea por esta u otras razones, 'Nadie quiere esto' se ha convertido en un mirlo blanco, en una producción que desafía las reglas básicas de este tipo de series o películas. Por ahora, la fórmula funciona. Y Netflix lo sabe.
Solo han hecho falta tres días para que 'Nadie quiere esto' se vuelva a convertir en uno de los hits de Netflix. Como ya ocurrió con la primera temporada, estrenada hace más de un año. Actualmente, la serie ocupa la posición número 3 de la lista de series más vistas y su legión de fans, mayoritariamente femenina, ya inundan las redes con comentarios elogiosos o promoviendo el debate que surge de esta pareja a contracorriente.